18/07/2016

Soda Stereo, rankeado de peor a mejor

Después de este listado, nada más queda.

Nora Lezano - Prensa

En los papeles, la información dura indica que, entre 1984 y 2008, Soda Stereo publicó siete álbumes de estudio, y la misma cantidad de EPs y álbumes en vivo. Si se analiza ese corpus con poco más de detenimiento, lo que aparece debajo de la superficie es el relato del crecimiento a pasos de gigante de un grupo que fue de la new wave al pop con anabólicos, con el radar siempre encendido en busca de vanguardias de época (algo que en 2016 demanda dos clics, pero que hace tres décadas implicaba un esfuerzo notorio), siempre con notables dosis de perfeccionismo.

Lejos del relleno discográfico o los compromisos contractuales, sus EPs funcionan como bisagras entre una instancia y la anterior, el presagio del cambio, el aviso de curva (je). De igual manera, sus discos en vivo son retrato fiel de momentos claves de su carrera: el boom fronteras afuera, la madurez experimental, la despedida agridulce y el regreso triunfal. Con tantas aristas desplegadas en tan poco tiempo, jerarquizar la obra discográfica de Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio era una tarea tan interesante como necesaria, para dar cuenta de un fenómeno y en lo posible terminar de comprenderlo más allá de lo evidente.

Los discos de Soda Stereo, rankeados de peor a mejor

14 - Languis (1989)

Después de estrenar una formación expandida para la presentación de Doble vida (Andrea Álvarez en percusión, Gonzo Palacios en saxo y Tweety González en teclados), Soda Stereo entró a grabar para probar en estudio su nuevo formato. El resultado final fue un EP dispar en el que conviven remixes de su cuarto álbum junto con dos temas nuevos: una reversión de “Los Languis” y “Mundo de quimeras”, que acentuaba el costado de funk blanco que el grupo probó en esa época. A pesar de estar lejos de ser lo mejor de su obra, su publicación ameritó una gira de 22 fechas por Costa Rica, Estados Unidos, la Argentina, México y Venezuela.

13 - Soda Stereo (1984)

En pleno destape post dictadura, el debut de Soda Stereo sintonizaba con el clima de época y varios de sus síntomas, con el culto al cuerpo como eje central (“Mi novia tiene bíceps”, “Dietético”, “Te hacen falta vitaminas”). Registro fiel de su ebullición acelerada, el disco potenciaba las influencias de new wave y ska del trío. La producción de Federico Moura se justificó no sólo por filiación estético sonora, sino también por la mordaz crítica a la frivolidad y la cultura de consumo propios de la década que se manifiestaron en “Sobredosis de TV” y “¿Por qué no puedo ser del jet set?”. Tan sólo el primer paso en una carrera que se caracterizó por saber ir por más.

12 - Doble vida (1988)

Como parte de su proyección en todo el continente, Cerati, Bosio y Alberti viajaron a Nueva York para grabar su cuarto disco en los estudios Sorcerer Sound bajo la tutela de Carlos Alomar (David Bowie, John Lennon, Paul McCartney). Como si se tratase de una necesidad de abandonar la oscuridad pop de Nada personal y Signos, Doble vida fue un disco hecho a gusto y medida de 1988, con muchísimas dosis de soul blanco y una producción cosmética adecuada para su época (véase el rapeo de Alomar en “En el borde”), pero que no resistió el paso del tiempo. Aun así, Cerati logró perfilar el costado de adulto de su faceta compositiva, de la mano de “En la ciudad de la furia”, “Terapia de amor intensiva” y las ínfulas literarias de “Corazón delator”.

11 - Zona de promesas (1993)

zonadepromesas

El último compilado de remixes de Soda Stereo se justificó por su compensación histórica. Por un lado, permitió que viera la luz la canción que le da título al disco, eliminada a último momento de Dynamo, y convertida en hit tardío a partir de la colaboración entre Cerati y Mercedes Sosa. Pero, además, algunas de las reversiones justificaron su razón de ser, como la reconversión de “Luna roja” en un soul oscuro y espeso, o “En la ciudad de la furia” reciclada para la pista de baile, aunque de a poco las lecturas dance alternaban entre forzadas y poco definidas. Una idea que hubiera atado mejor sus extremos en un formato de EP, pero que planteada como larga duración perdía el rumbo por momentos.

10 - Rex Mix (1991)

sodarexmix

Testimonio por partida doble. De un lado, dos temas en vivo (“Hombre al agua” y “No existes”) grabados en una de las 14 funciones que el trío dio en el Teatro Gran Rex entre junio y julio de 1991. Del otro, un puñado de remixes de “En camino” y tres reversiones de “No necesito verte (para saberlo)”, el eslabón perdido entre la masividad todoterreno de Canción animal y la experimentación sonora que vendría de la mano de Dynamo. Mientras su popularidad se contaba de a cientos de miles, Soda Stereo dejó en claro que tenía el norte de su brújula puesto en el dance spiritual que Primal Scream patentó con Screamadelica. La vanguardia correcta en el momento indicado y una prueba de lo que estaba por venir.

9 - Nada personal (1985)

Mientras experimentaba el ascenso desmesurado de su disco debut, Soda Stereo comenzó a trabajar (y probar en vivo) varias de las canciones de su segundo trabajo. En consecuencia, el trío que entró al estudio en 1985 poco tenía que ver con el del año anterior. Convertido ya en un guitar hero vernáculo, Cerati empezó a desarrollar en este disco el uso de delays como complemento rítmico de su manera de tocar, como lo evidencian “Ecos”, “Estoy azulado” y el tema que da nombre al disco. Con The Head on the Door de The Cure como molde, Soda Stereo comenzó a delinear su propio universo, animándose a romper el corsé con “Cuando pase el temblor”, un reggae reforfumado en carnavalito dark. El icónico video de esa canción, filmado en el pucará de Tilcara, quizá fue la mejor síntesis de la fusión cultural que representaba el grupo: una tendencia anglosajona leída desde el sur del mundo.

8 - Ruido blanco (1987)

sodaruidoblanco

Si Nada personal construyó los cimientos de la sodamanía en el cono sur, Signos expandió el suceso a toda Latinoamérica, un fenómeno sin precedentes con cuotas de popularidad, histeria colectiva y cifras astronómicas de recaudación. El primer disco en vivo del trío buscaba ser un registro fiel de una gira que se extendió año y medio a lo largo y ancho del continente, pero el objetivo sólo se pudo cumplir a medias. Como gran parte de los estadios y las discotecas por los que pasó Soda Stereo no contaban con un sistema de sonido acorde a su propuesta hi fi, Ruido blanco se completó en un estudio en Barbados en donde se mezcló el material.

7 - El último concierto (1997)

sodaultimoconcierto

Después de que su dinámica interna comenzase a horadarse de manera paulatina en sus últimos años de vida, Soda Stereo anunció su separación en 1997 con una correspondiente gira despedida. El registro en vivo de esa experiencia está teñido por ese clima enrarecido, con el grupo en su etapa más madura y por ende más distanciado de su propio pasado en lo que respecta al repertorio elegido. Con el adiós como argumento válido, Cerati, Bosio y Alberti pudieron cumplir con la fantasía de llegar a River Plate, pero no fue en los mejores términos. Habría que esperar diez años para que el trío pudiera quedarse con un recuerdo más grato de su paso por el Monumental.

6 - Comfort y música para volar (1996)

sodacomfort

En 1996, MTV invitó a Soda Stereo a que se sumase al ciclo Unplugged y el trío aceptó el convite, pero bajo sus propias reglas. En vez de reducir las canciones a un estilo desenchufado, Soda reversionó su repertorio, eligiendo para cada caso el formato más conveniente. En plena gira de Sueño Stereo por Estados Unidos, las canciones de su séptimo álbum de estudio dominaron el juego, aunque hubo lugar para la reconfiguración acústica de “Un misil en mi placard”, el trip hop con tracción a sangre y paredes de delays de “En la ciudad de la furia” (junto a Andrea Echeverri, de Aterciopelados) y una versión a banda completa de “Té para tres” con cita a Pescado Rabioso. La edición original del disco incluía cuatro outtakes de las sesiones de Sueño Stereo. En 2007, el álbum se reeditó sin estos extras, pero ofreció a cambio el concierto completo, incluida su versión de “Génesis” de Vox Dei.

5 - Sueño stereo (1995)

Después de tener que timonear una serie de tormentas grupales y personales, Soda Stereo viajó a Londres para grabar lo que terminó siendo su último disco de estudio. La locación y el momento elegidos hicieron que Sueño Stereo sintonizase con algunos vectores del britpop (el audio, los arreglos de cuerdas como pívot sonoro), en un disco en que las incursiones electrónicas parecen anticipar la búsqueda artística que Gustavo Cerati emprendería y enfatizaría en Bocanada cuatro años después. Hits aparte, la distribución de su lista de temas pensada en cuatro programas encuentró su razón de ser en la suite final de “Planta”, “X-Playo” y “Moiré”.

4 - Gira Me verás volver (2008)

sodamvv

A diez años de su separación, Soda Stereo volvió a River para dar el puntapié inicial a una gira reunión con principio y final. Sin la intención de volver a encarar un proceso compositivo después de tanto tiempo, el trío optó por enfocarse en un repaso histórico profundo y abarcativo. Con escalas en toda su discografía, los shows recopilados en sus dos últimos discos en vivo incluyeron hits inevitables (“De música ligera”, “Cuando pase el temblor”), himnos que merecían más rotación (“Final caja negra”, “Fue”, “Imágenes retro”) y figuritas difíciles para el público fiel (“Texturas”, “Tele-Ka”, “No existes”).

3 - Signos (1986)

Con la intención implícita de darle un tinte gótico a la new wave, Soda encontró el punto de equilibrio en su tercer disco. Signos abordaba al pop desde la paranoia post punk, una fórmula que lejos de repeler oyentes, multiplicó exponencialmente su séquito de seguidores. Casi como un retrato de la urgencia de la vida en la Buenos Aires noctámbula, Gustavo Cerati escribió todas las letras del disco de un solo tirón en una madrugada eterna de alto riesgo. El trío dio por concluido su plan maestro de expansión continental con un repertorio que por momentos denota encierro y claustrofobia.

2 - Dynamo (1992)

soda06

Ante la encrucijada, el volantazo. En el momento de su mayor exposición mediática gracias a Canción animal, Soda Stereo no sólo no buscó replicar lo acumulado sino revertirlo, ponerlo patas para arriba. Dynamo se presentó como la contracara a los seis singles de alta rotación de su predecesor, con el radar puesto en la vanguardia británica. Así, las texturas acuáticas de las guitarras de Ride y My Bloody Valentine aparecían diferidas junto al dance como catarsis chamánica vía Manchester. Con su voz convertida en una textura sonora más, Cerati abandonó su rol narrativo para convertir sus letras en un collage de imágenes abstractas. La banda más mainstream de todas priorizaba su propia búsqueda creativa por sobre la complacencia de las masas.

1 - Canción animal (1990)

soda07

Después de años de canalizar tendencias del momento desde la óptica local, Gustavo Cerati emprendió un viaje interno hacia su propia formación sentimental como oyente de rock nacional. Canción animal, lejos de la plasticidad de Doble vida, exuda calor valvular, con una relectura noventosa de las guitarras de Pescado Rabioso, Color Humano y Vox Dei. Más afianzado que nunca en las seis cuerdas, Cerati convirtió al quinto disco de Soda Stereo en un monumento al riff (“(En) El séptimo día”, “Sueles dejarme solo”, “Un millón de años luz”), y le demostró al mundo que podía escribir estribillos tamaño estadio (“De música ligera”, “Cae el sol”, “Hombre al agua”), tan grandes como contundentes. Una fórmula sin fisuras que no registra rasgos de envejecimiento a la fecha.