30/07/2020

Tomas Crow, el argentino que trabaja junto a Noel Gallagher y Zak Starkey

Un rosarino en el último tren a Londres.

Gentileza
Tomas Crow

Una tarde en Londres, Tomás Gagliardo decidió irse con su laptop a un parque a terminar un trabajo de edición de audio. Sentado en el pasto, cuando levantó la vista se dio cuenta de que estaba rodeado de cuervos, e interpretó la presencia como una señal. Así, se rebautizó como Tomas Crow, y el cambio en cierto modo fue un paso más en una serie de cambios ocurridos en poco tiempo que lo llevaron de cortar singles para el sello de Hernán Cattaneo en su Rosario natal a trabajar en el estudio bajo las órdenes de Noel Gallagher y Zak Starkey. 

Nacido en 1995, Crow tuvo su primer contacto con la música a través de la discoteca de sus padres, que a sus cinco años lo mandaron a aprender guitarra luego de ver cómo se vinculaba con el instrumento. Fue en el contexto de esas clases que Tomas hizo un descubrimiento clave: debía cambiar la orientación del instrumento dado que era zurdo. “Arranqué tocando como diestro hasta que mi profesor se dio cuenta de que yo no iba para ningún lado y me cambió la guitarra. Lo re sufro, igual, porque en los estudios estoy alrededor de unas violas increíbles y tuve que aprender a tocar al revés porque no me quedaba otra”, reconoce. Con la llegada de la adolescencia, armó su primera banda con un repertorio centrado en covers de los Beatles y Pink Floyd, y ahí llegó su punto de quiebre.

“A partir de ahí toqué un montón, y empecé a interesarme por cómo se grababa y cómo era la producción”, dice. De la mano del Cubase, Fruity Loops y el Ableton Live, Tomas Crow descubrió la música electrónica y comenzó a producir sus primeros tracks en plan progressive techno. Al poco tiempo junto a un amigo formó Rockin’ Beats, un dúo con el que llegó a cortar algunos singles en el sello de Hernán Cattaneo, mientras rendía las últimas materias que adeudaba del secundario. “Me llevaba todo porque estaba hasta las seis de la mañana haciendo música y no estudiaba nada. Encima tenía la escuela a la vuelta de mi casa, así que a veces ni dormía porque me desvelaba programando y grabando. Me llevé todo, pero a partir de eso me di cuenta de que podía meterme en la industria”, admite hoy.

Terminado el secundario y con el visto bueno familiar, Crow comenzó a buscar becas en el extranjero para continuar con sus estudios. Así fue como apareció el horizonte la universidad Point Blank y cambió Rosario por Londres para estudiar producción, ingeniería y diseño de sonido. De a poco, comenzó a trabajar para diferentes artistas de manera independiente y utilizó los estudios de grabación de la facultad para dar forma a las canciones de su primer álbum solista, Detoxify. “Quería hacer un disco para mí. Es una combinación de música electrónica con partes vocales súper raras y lo que sea. En una misma canción se mezclan todas las influencias que se me fueron cruzando en la vida, ya sean Pink Floyd, los Beatles o Radiohead, Cattaneo o John Digweed. Lo saqué en 2018 y fue como un highlight para mí”.

Mientras presentaba el disco en vivo en distintos locales londinenses, Tomas empezó a trabajar en la facultad de asistente de los profesores. Entre ellos estaba Max Heyes, un productor conocido por su trabajo con Paul Weller, Doves y Massive Attack entre varios otros. Crow se propuso insistirle para que lo dejara trabajar con él y, aunque durante varios meses le dijo que no, al final le ganó por cansancio tras mostrarle su propio disco.

Heyes lo llevó a Lynchmob, el estudio de Brendan Lynch (ingeniero de cabecera de Primal Scream y Oasis) para grabar un proyecto ambient de Sigur Rós y el artista visual Alex Somers. Aunque el recuerdo de esa experiencia fue agridulce, Tomas Crow siguió trabajando en el estudio con ellos un año, hasta que en 2018 regresó a Rosario por nueve meses y produjo a varias bandas locales junto a Tuta Torres, bajista de Babasónicos. En un estudio oportunamente llamado Penny Lane, grabó a Muñecas y Florián, y hasta trabajó para Los Palmeras, al mismo tiempo que se sumó brevemente como tecladista de Killer Burritos.

De nuevo en Reino Unido, a Tomas lo esperaban grandes cosas. “Hablé con Max y me dijo ‘Tenés que reemplazarme en un trabajo con un tipo que se llama Zak. Te va a pasar a buscar por la estación de tren’. Es un hijo de puta, no me dijo quién era a propósito, quería que me diera cuenta en el momento”. El que lo estaba esperando era Zak Starkey, baterista de The Who y Oasis, e hijo de Ringo Starr. “Tiene un estudio en medio del campo, que es donde él vive. Cuando caí en quien era me dije ‘Voy a tener que romperla porque yo quiero seguir trabajando con el tipo este’”,dice Crow. Después de una sesión en la que produjo unas baterías para Toots & the Maytals, el trabajo fue tan fructífero que el propio Starkey lo invitó a quedarse una semana para continuar la labor. 

De a poco, Tomas comenzó a trabajar grabando, componiendo o remixando según la ocasión lo demandase. “Pasaba de estar mezclando un tema de Iggy Pop con Zak a grabar a Paul Cook y Glen Matlock en ese estudio. También empecé a escribir para Sshh, la banda que tiene con su novia y además hago el trabajo más técnico en el estudio”, dice. En el último tiempo, Starkey creó además un sello llamado Trojan Jamaica, por que lo Crow terminó trabajando para Big Youth, Jesse Royal y U-Roy. Eso sentó las bases para la creación de un sello paralelo llamado Trojan Brasil. “Nos fuimos de gira por Bahia, Río y San Pablo como un mes y pico con Sshh, U-Roy y una banda de siete raperos que se llama Covil do Flow. Tocamos en medio de la favela, en la Rocinha. Zak puso un montón de guita y armó un soundystem gigante, nunca visto allá. Montamos un show que no se podía creer, y protegidos con gente con metralletas”, cuenta.

Al regresar de Brasil, mientras el aislamiento social forzaba a trabajar con varios artistas a distancia, a Tomas Crow le llegó una invitación inesperada. “Un día me llamó Brendan Lynch para preguntarme si estaba disponible para hacer una sesión con Noel Gallagher. Él estaba buscando un pibe rápido que conociera el estudio y fuera ‘musical’, así que me recomendó”, dice.

Luego de negociar un cuarto intermedio laboral con Zak, Tomas empezó a trabajar con el ex Oasis, de quien elogia su creatividad y su manera de abordar las sesiones. “Nunca trabajé con alguien que sea tan efectivo en el estudio, es de las personas más profesionales que vi en mi vida. Tiene las ideas armadísimas y no hay vuelta, es así”. Sin poder dar más especificaciones sobre lo que Gallagher tiene entre manos, cuenta que pasaron por estudio las coristas de David Gilmour y agrega: “A mí me sorprende mucho lo que está haciendo. Hasta que no termina la sesión no sé lo que va a pasar realmente, porque cada vez que el loco suma algo, cambia todo drásticamente”. 

Aunque ya está lejos de su ciudad natal hace años, Tomas Crow se mantiene al día como puede con la escena local, y tiene un objetivo para una colaboración utópica en algún momento. “Me encantaría laburar con Marilina Bertoldi. Me parece excelente, es una piba súper auténtica, no le miente a nada ni a nadie. Es súper talentosa, multiinstrumentista, y la rompe en todo sentido. Quiero conocerla porque es algo muy lindo que le pasó a la música argentina”, dice. Aunque son pocos los nombres nuevos que lo emocionan, tiene esperanza en el futuro. “Siento que esto del Covid puede ayudar a muchos artistas a decir ‘No, pará , yo quiero hacer lo que quiero hacer’ y destacarse, por más que la industria no fomenta eso. Pero van a salir artistas copados y discos increíbles, porque la gente encerrada hace cosas muy buenas”, reflexiona.

Mientras continúa su trabajo en el estudio para terceros, Tomas tiene varios planes en carpeta, que incluyen un disco nuevo y también un proyecto electrónico firmado a dúo con Joan Retamero, un DJ y productor rosarino radicado en Londres. Al momento de trazar la parábola de su propio recorrido, reflexiona: “Es muy loco, porque arranqué con esto porque quería hacer que mis canciones suenen como yo quería, no tener que pedírselo a otro. Quería hacerlo y entenderlo yo porque en mi cabeza hay cualquier tipo de nube. Me fui enrollando con eso, me fue gustando cada vez más, y empecé a encontrar que hay una industria gigante y un día terminé con Noel Gallagher. Tengo la experiencia de estar acomodándole un micrófono a 30 centímetros de su cara mientras el loco calentaba la voz cantando una canción de Oasis. Y me puse a acomodarlo bien despacio porque no quería irme de ahí ni a palos”.