04/05/2017

Los Espíritus - "Agua ardiente"

Entre el mar y la ciudad, la banda porteña cristaliza su propio concepto.

7.8 10 60

Alto Valle

Los Espíritus - "Agua ardiente"

Puntaje de los lectores: (59 votos)

Desde la aparición de su primer álbum en 2013, Los Espíritus se convirtió en una de las bandas de la escena emergente porteña que más ha crecido en todo este tiempo. Comandados por Maxi Prietto y Santiago Moraes, una parte del éxito que los llevó por varios puntos de la Argentina y otros países de América latina puede explicarse desde la frescura de su sonido. Es blues, es latino, es psicodélico. Todos los elementos suenan conocidos, pero en la yuxtaposición no forzada aparece lo novedoso y permite el disfrute en el cuerpo a través del ritmo, en la mente a través de cuelgues instrumentales y en la cabeza a través de letras que reflejan la realidad con sutileza.

Mientras que su debut homónimo era una gran colección de canciones, Gratitud (2015), su segundo trabajo, era una obra más unificada que empezó a definir el concepto de la banda de forma más nítida. El tercer movimiento, Agua ardiente (que no es “aguardiente”, la bebida alcohólica), cristaliza esa idea con más solidez, y ya desde el título muestra que el grupo se mueve entre dos espacios disimiles y puestos en tensión. Por un lado, el agua, representada a través del mar -un escenario recurrente en el cancionero de Prietto-, y que aparece como un lugar pacífico y deseado. Ahí es donde emerge la oda a la naturaleza y los mantras que se materializan en sonidos narcóticos. Por el otro, el micromundo urbano, lo ardiente, que se presenta como el lugar de lo real, funesto y distópico, un espacio de lucha cotidiana. Ahí aflora el gen más blusero y, como incorporación en este álbum, el rock n’ roll.

La primera parte del disco está embebida de ese lugar deseado. "Como mares que quiebran las rocas / o huracanes que llevan las olas / Así de fuerte somos", anuncia Prietto con un tono épico en "Huracanes", el tema que abre Agua ardiente, bajo el ritmo de un golpe fuerte de bombo y un punteo de guitarra que se repite. Precisamente, la reiteración es uno de los elementos constitutivos de Los Espíritus para crear ambientes de hipnosis envolvente. En la misma senda naturalista y acuática sigue "Jugo", uno de los grandes hallazgos del álbum a fuerza de un sonido de spaghetti western que podría acompañar a los créditos de la próxima película de Quentin Tarantino. La voz de Prietto llama la atención por su limpieza, y de hecho se trata de un disco más producido y pulcro que sus antecesores. "Perdida en el fuego" es un buen ejemplo: una balada dramática conducida por la voz de Moraes, que inaugura la parte  más literalmente ardiente del disco, con una reverberación puesta en primer plano que deja el ambiente humeante.

Los Espíritus

Después del aire, el agua y el fuego, no queda otra que regresar a la tierra. Un rasgueo acústico en clave bluegrass abre “La rueda que mueve al mundo”, uno de los puntos más altos del disco. Como si Manu Chao hubiera reemplazado a Juanse en Fieras lunáticas, Prietto describe con sencillez el sistema capitalista mediante un irresistible blues rocanrolero con destino de clásico.

Al lado aparece “Esa luz”, pensada más como una pieza funcional para bajar vuelo hasta llegar al núcleo duro del álbum: el tridente “La mirada”-”Mapa vacío”-”Las armas las carga el diablo”, en el que emergen los paisajes urbanos, con una perspectiva observadora que recuerda a Manal. La primera se abre camino de forma lenta y siniestra, a pasos de ser un reggae oscuro, con una descripción aguda de los distintos regímenes de mirada en la ciudad (la desafiante, la lascivia, la vigilante). La segunda, hermana de “Perro viejo”, es una crónica ansiosa en primera persona de un hombre perdido, que observa a sus pares asustados por tetas y trenes que no frenan. La última de ellas es un psicoblues que va de la mano con “La rueda...”, marcando con claridad y paciencia a quiénes Los Espíritus consideran sus enemigos.

“Luna llena”, una preciosa balada cantada a dos voces por Prietto y Moraes, funciona como una vuelta a lo natural antes de la despedida. Un riff embarrado que recuerda a Billy Bond abre el rock n’ roll de salón de “El viento”, última canción del álbum, que presenta el encuentro de los dos espacios en tono profético con una serie de mandamientos (“No pondrás tu firma en cada fruto / No pondrás jamás un dólar en la frente de cada animal”) y una advertencia final (“Cada una de nuestras voces se apagará / una a una bajo el silencio de la luna”).

Sin perder el vuelo propio, Agua ardiente es un álbum más compacto que sus predecesores. Con predominio del mid tempo, las canciones son más directas, pero aún conservan el rasgo de abiertas, y nunca se sabe de antemano hacia dónde desembocarán, aún después de varias escuchas. Más allá de alguna sobreproducción (perceptible en los ecos innecesarios en la voz de Prietto, por ejemplo) y algo de reiteración de recursos, el tercer álbum de Los Espíritus es un trabajo sólido y se perfila como uno de los discos nacionales a destacar en los balances del año. Cumple con su objetivo: se siente tan refrescante como caliente, pero está muy lejos de ser tibio.

7.8 10 60

Alto Valle

Los Espíritus - "Agua ardiente"

Puntaje de los lectores: (59 votos)