03/12/2018

Cinco motivos para ir a ver (o no) a Paul McCartney

El dinero puede no comprarte amor, pero tal vez sí una entrada.

Paul McCartney

Pocas ecuaciones tan peligrosas para la economía individual como el anuncio de una nueva visita de Paul McCartney y las finanzas de fin de año. El ex beatle se presentará en marzo en Palermo, justo una semana antes del tridente ofensivo compuesto por Arctic Monkeys, Twenty One Pilots y Kendrick Lamar para la edición 2019 de Lollapalooza. Ante este escenario, el staff de Silencio hizo lo mismo que la mayoría de quienes celebraron el anuncio del regreso de Sir Paul: sentarse a hacer números y contemplar variantes por el sí o por el no antes de abrir la billetera y hacer el checkout.

El terreno seguro

Aunque Freshen Up, su gira actual, debe su nombre a que le dio una “refrescada” a sus presentaciones en vivo, en rigor esa afirmación no va mucho más allá de las canciones de Egypt Station. Basta comparar alguna lista de temas reciente con la de su última presentación en la Argentina para ver que poco ha cambiado en los últimos dos años: el comienzo con “A Hard Day’s Night”, la versión de “Let Me Roll It” con el guiño a “Foxy Lady”, los homenajes a Lennon y Harrison con “Here Today” y “Something”, respectivamente, el cierre con el medley final de Abbey Road… Tan ¿Emotivo? Por supuesto. ¿Reiterativo? También.

Precios (no tan) cuidados

Dentro de un contexto económico por demás volátil, el precio de las entradas para ver a Sir Paul hacen doler al bolsillo: los campos van de 2990 a 6040 pesos, y las plateas oscilan entre los 4000 y los 6900. Sí, barato no es, peeeeeeero si se los compara con los de su show en La Plata hace dos años, los precios actuales equivalen a la misma cantidad de divisa estadounidense que en 2016 (entre 82 y 287 dólares), e incluso son algo más baratas hoy en día (entre 79 y 182 dólares con la cotización de la fecha).

El peso del legado beatle

¿Quién sería tan obtuso de pedirle a Paul McCartney que no interpretase canciones de los Fab Four? ¿Cómo negarse a la posibilidad de escuchar en vivo temas que forman parte ya del inconsciente colectivo, y encima de mano de la persona que las (co)escribió y grabó? Por el otro -y remitiendo al primer punto de este listado-, el catálogo beatle es lo suficientemente amplio como para poder bucear en él. No obstante, Sir Paul va a lo seguro y quienes esperen sorpresas encontrarán muy pocas, sobre todo si ya tuvieron la chance de verlo en vivo en sus dos visitas anteriores. 

Sin una ayudita de mis amigos

Ligado a lo anterior, surge otro dilema: ¿cómo es posible que sus presentaciones en vivo incluyan poco menos que un pantallazo fugaz y microscópico a su carrera solista? Nadie está diciendo que Wings haya sido más grande que The Beatles o que Chaos and Creation in the Backyard tiene más peso y relevancia que Revolver, pero… ¿acaso no sería interesante dejar de lado algunas obviedades de repertorio para hacer lugar a canciones que corren riesgo de pasar al olvido si no son interpretadas por su propio autor? Las listas de temas de las pruebas de sonido de su reciente gira permiten ilusionarse con eso, pero hasta ahora no tuvieron réplica al momento del show. Fanáticos: a cruzar dedos.

When I'm 76

La perseverancia y la tozudez son los dos motores que hacen posible que Paul McCartney continúe realizando shows de casi tres horas a sus 76 abriles. Pero también es cierto que, desde hace algunos años, Sir Paul comenzó a dar señales de que el tiempo finalmente le comenzó a pasar factura, sobre todo en su voz y los registros más agudos. Esa gola tremolada es difícil de pasar por alto en “A Hard Day’s Night”, “Maybe I’m Amazed” u “Ob-La-Di Ob-La-Da”, pero también duplica la emotividad de “Blackbird”. Sin más recursos que su guitarra y su voz quebradiza, McCartney logra crear un grado de intimismo microscópico en un estadio frente a 40 mil espectadores.