17/01/2019

11 discos argentinos que cumplen 25 años

Quién se acuerda de vos, reforma constitucional.

discos argentinos

Una googleada rápida ofrece dos resultados redundantes si se busca “Argentina 1994”: la reforma constitucional y el desempeño de la Selección Nacional en el Mundial de Estados Unidos de ese año, el último con Diego Armando Maradona como jugador. Pero estas noticias poco tienen que ver con el terreno musical, en donde quedó más que claro el movimiento de piezas del plano local: el ascenso a estrellas de algunos, la lenta retirada de otros y la llegada de un Nuevo Rock Argentino dispuesto a hacer efectivo el recambio generacional. A modo ilustrativo, elegimos los 11 discos que mejor grafican ese tiempo en particular, y agregamos una playlist con todo lo que la Argentina tuvo para ofrecer ese año en materia rockera (al menos, lo que está disponible en plataformas digitales). 

Babasónicos – Trance Zomba

En su segundo disco, la banda de Lanús metió todos los ingredientes posibles para armar su propio cóctel molotov. Hardcore, hip hop, stoner, psicodelia, música disco (¡a veces todo dentro de una misma canción!)… Si en el universo babasónico no hay reglas, Trance Zomba es la expresión más extrema de esa libertad.

Fito Páez – Circo Beat

Después del éxito de El amor después del amor y su gira interminable, el rosarino se puso bajo las órdenes de Phil Manzanera (Roxy Music) para crear una obra ambiciosa. Aun cuando no pudo igualar el resultado de su antecesor, Circo Beat terminó por consagrar a Páez a las grandes ligas. Sin invitados de renombre a la vista, esta vez Fito logró su mayor mérito: hacer valer a sus canciones por peso propio.  

2 Minutos – Valentín Alsina

El punk obrero tardó unos cuantos años en tener su exponente más representativo. Las 15 canciones del álbum debut de 2 Minutos son un fresco de la vida de la clase trabajadora en momentos de menemismo explícito, con fábricas cerradas, borrachos de bar, riñas callejeras y una birra de litro como antídoto para todos los males posibles.

Hermética – Víctimas del vaciamiento

Con las energías ya horadadas, Hermética obtuvo las mejores condiciones posibles para grabar su tercer disco, con la separación ya a la vuelta de la esquina. Con los tantos compositivos repartidos entre Tano Romano y Ricardo Iorio, la H apostó por su costado más filoso en Víctimas del vaciamiento, en tiempos que no demandaban tibieza por parte del metal.

Suárez – Hora de no ver

A pesar de haber incluido algunos temas en los compilados Ruido, la banda liderada por Rosario Bléfari no parecía tener en sus planes plasmar un álbum debut. Grabado a lo largo de tres años, Hora de no ver es un disco experimental en el contenido, pero también en las formas: sus canciones se registraron en diversos formatos y bajo distintos procedimientos técnicos para no sacrificar la urgencia de su repertorio.

Los Visitantes – Espiritango

Siete años después del primer disco de Don Cornelio y la Zona, Palo Pandolfo volvió a tener a Andrés Calamaro en la silla de productor. A mitad de camino entre el post punk y el arrabal, el segundo trabajo de Los Visitantes condensa 20 canciones de amor, de locura y de muerte que suenan como si el agua del Río de la Plata fuera reemplazada por cemento fresco.

Todos Tus Muertos – Dale aborigen

En 1992, Fidel Nadal fue parte activa de la gira de Mano Negra por Latinoamérica. En consecuencia, el tercer disco de los Muertos va ya no solo del reggae al punk, sino también del ska al soundsystem, el rap y al crisol de razas y géneros, una idea que se completa con feats de Manu Chao, Fermín Muguruza  y Actitud María Marta.

Massacre – Galería desesperanza

Para su segundo disco, Walas y compañía decidieron crear una pieza conceptual segmentada en tres bloques: percepción, descripción y búsqueda. Esos títulos pueden aplicarse a la obra de Massacre, capaz de adoptar la cultura skate, ponerla a dialogar con la alternativa y darle el visto bueno al pasado, ya sea propio (“Tres paredes, la versión en español de “3 Walls”, de su disco anterior) o ajeno (su lectura de “Someday Never Comes”, de Creedence Clearwater Revival).

Charly García – La hija de la lágrima

Después de su primera gran crisis personal, el ex Seru Giran comenzó a digitar el personaje que dominaría su vida y obra en los próximos años. Un seleccionado de canciones creado casi por azar y grabado con técnicas de superposición de capas de audio, todo unido por un hilo conceptual. El germen de Say No More está acá.

Pericos – Pampas Reggae

Un título tan autorreferencial como cierto: el quinto álbum de estudio de Pericos enfatiza la lectura de la música jamaiquina hecha desde el Cono Sur. Roots, ska y dancehall son la punta de lanza para alguna que otra excursión caribeña y también para retratar la historia agridulce del boxeador Julio Suárez, El Torito de Mataderos.

Flema – El exceso y/o abuso de drogas y alcohol es perjudicial para tu salud… ¡Cuidate, nadie lo hará por vos!

Casi como un correlato de la urgencia de su propuesta (y del modus vivendi de Ricky Espinosa), en un mismo año, Flema publicó tanto su primer demo, como este, su debut formal. Escatológico, visceral y crudo, el disco tuvo una tirada de sólo 3 mil ejemplares en su momento, lo que lo volvió una pieza inhallable hasta 2007, cuando se reeditó todo el catálogo de la banda, a cinco años de la muerte de su líder. 

Así sonaba el rock argentino en 1994: