29/09/2017

10 discos triples que tenés que escuchar (si te animás)

No hay dos sin...

En tiempos en los que el período de atención que prestamos a los estímulos audiovisuales es cada vez menor, en parte gracias a la dinámica fragmentada que alientan Spotify o Youtube, la lógica del “si es corto, mejor” parecería ganar terreno. Estudios aseguran que de durar más de 5 minutos, las chances de llegar al final de un video web son escasas. ¿Y quién no reconoce utilizar cada vez más la opción de shuffle en su reproductor, en oposición al álbum en su total duración? Los tiempos y hábitos cambiaron: si no te gusta, salteá.

Y, sin embargo, el disco doble no se anima a morir. Algunos de los álbumes más aclamados de los últimos años (Reflektor, de Arcade Fire To Be Kind, de Swans, por mencionar un par) fueron lanzados en este formato, prueba de que incluso hoy existe un público dispuesto a recuperar la escucha atenta, de principio a fin y sin pausas. Pero lo que es más, algunos redoblan la apuesta. Dos años atrás el saxofonista Kamasi Washington, quien colaborara en To Pimp a Butterfly (2015), de Kendrick Lamar, sacaba de la manga un disco triple. Ni simple, ni doble. Triple.

Desde el esencial All Things Must Pass de George Harrison (primer álbum triple de estudio que no es compilado) a las dos horas de folk de harpa de Joanna Newsom en Have One on Me (2010), esta lista de Silencio propone un repaso por diez álbumes triples clave. Para acercarse con tiempo y paciencia.

Artistas varios – “Woodstock” (1970)

A un evento monumental le correspondía un álbum monumental. El festival más influyente de la historia, el que sería material de leyendas y revisiones a lo largo de las décadas de rock venideras, se veía inmortalizado en 1970 por un disco triple, de casi dos horas y media de duración. Desde la legendaria interpretación del himno estadounidense por Jimi Hendrix en una orgía de guitarra y distorsión a apariciones de artistas inmortales como The Who o Jefferson Airplane, el rock clásico vive acá.

No sería el único disco de material en vivo: Yessongs (1973) de Yes, Wings over America (1976) de Wings y How the West Was Won (2003) de Led Zeppelin retomarían luego la posta.

George Harrison – “All Things Must Pass” (1970)

Alejado de los Beatles, George Harrison seguía haciendo historia a medida que descubría su propia voz artística, aquella que había existido desde sus años pero había sido eclipsada por la insuperable dupla Lennon/McCartney. Esos esfuerzos cristalizaron en All Things Must Pass (1970), el primer álbum triple de estudio de la historia (exceptuando compilados). Clásicos como “My Sweet Lord” e “Isn’t It a Pity” atestiguan que cantidad y calidad pueden convivir.

Public Image Ltd – “Metal Box” (1979)

A fines de la década que lo vio nacer, el disco triple se mantenía vigente con Metal Box (1979) de Public Image Ltd, la mítica banda post-punk de John Lydon (Rotten para los punkies) surgida tras la separación de los Sex Pistols. Su hora de duración es hoy fácilmente reducible a un solo CD, pero en su momento sus tres LPs hacían de este un disco digno de coleccionar. El packaging, toda una reliquia de los tiempos en que el formato físico se daba lujos y jugaba con sus límites: los long plays venían en cajas cilíndricas a la antigua, emulando aquellas que contenían las viejas cintas fílmicas de 35 milímetros.

The Clash – “Sandinista!” (1980)

Pocas cosas pueden parecer menos punk que el disco triple, más fácil de asociar con los excesos y la grandilocuencia del rock progresivo. Pero en 1980 The Clash editaba Sandinista!, un disco triple que promediaba las casi dos horas y media de duración. La banda aprovechaba la extensa duración para incursionar en más géneros y darse todos los gustos. ¿Punk? Sí, pero también reggae, funk, dub, jazz…

Half Japanese – “1/2 Gentlemen/Not Beasts” (1980)

El mismo año de Sandinista! pero en el extremo opuesto en cuanto a sonido, los noise-rockers de Half Japanese debutaban con el inclasificable 1/2 Gentlemen/Not Beasts. Dos horas de sinsentido y ruido no wave puede intimidar a más de uno, pero el disco pronto se ganaría su lugar en la categoría “de culto”, como joya poco comprendida de su tiempo. Kurt Cobain, fanático del grupo, incluyó otro de sus discos, We Are They Who Ache with Amorous Love (1990), en su lista de 50 favoritos.

Smashing Pumpkins – “Mellon Collie and the Infinite Sadness” (1995)

Para este punto el terreno se pone resbaloso. Ya en el año 1995, en el cual la banda de Billy Corgan editaba su tercera placa, el CD había empezado a ganar lugar, por lo que un disco podía ser triple si se lo medía en LPs o doble si se optaba por su versión en disco. Acá elegimos lo primero: cada lado de los tres vinilos venía con el nombre de una etapa del día (amanecer, hora del té, crepúsculo, anochecer, medianoche, luz de las estrellas), reforzando sus ansias conceptuales. Algunos de los himnos imprescindibles del rock alternativo, están acá.

The Magnetic Fields – “69 Love Songs” (1999)

Pocos músicos son tan fanáticos de las obras conceptuales como Stephin Merritt, único miembro estable y cerebro de The Magnetic Fields. El artista viene de editar este año 50 Song Memoir, un álbum autobiográfico con una canción por cada año de vida cumplido. Pero su tendencia a los proyectos masivos y alocados veía su punto más alto a fines de la década de 1990 con 69 Love Songs (1999). Como bien lo explica su título, la idea es simple, si bien no por eso menos asombrosa: dedicarle 69 canciones al amor, tópico ineludible para cualquier cantautor. Algunas de las mejores palabras dichas sobre el tema en la historia de la música se encuentran en este álbum triple (y algo de relleno también, no vamos a mentir).

Joanna Newsom - "Have One on Me" (2010)

En 2010 Joanna Newsom realizaba una mágica y bienvenida contribución al cancionario folk contemporáneo con Have One on Me, quizás el primer disco triple de la década. Una característica esencial para un trabajo que apuesta a la larga duración y el exceso es crear un mundo propio: sumar canciones para rellenar espacio, lo puede hacer cualquier músico. Pero construir una placa en la que todos los temas conviven en armonía y no sobra ni un pedazo, lo pueden hacer pocos. Entre arreglos de harpa y piano deliciosos y la compleja e intrincada poesía que siempre la caracterizó, Newsom logró precisamente eso último.

Kamasi Washington – “The Epic” (2015)

Título corto, pero al grano: The Epic (2015) es lo que promete. Un viaje a lo épico, una travesía jazzística de tres horas de duración, en igual medida abrumadora como atrapante, en la que ni una sola pieza baja de los 6 minutos y medio. El saxofonista no volvió a sacar un larga duración desde entonces (acaba de editar un EP), pero es difícil culparlo: tocó en un sólo álbum los que otros hacen en una discografía.

Bonus track: Andrés Calamaro – “El salmón” (2000)

Este va más de yapa, si se quiere. Es que la placa sucesora de Honestidad Brutal (1999) no es triple: es quíntuple. Cómo hizo Calamaro para sacar 103 canciones en un año, sigue siendo un misterio. Es difícil juzgar a alguien por no animársele a tamaño empacho de canciones. Pero que sepa que, de pasarlo por alto, se salteará temas como LorenaTuyo Siempre y el corte que da nombre al disco. Y eso, sería una lástima.