17/06/2016

Radiohead, rankeado de peor a mejor

Según nuestros cálculos, está todo en su lugar correcto.

Scott Newton / KLRU
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La aparición súbita de A Moon Shaped Pool el mes pasado confirmó por enésima vez lo inevitable: Radiohead no funciona bajo las reglas a las que responde la mayoría, sino que crea las suyas propias. Con su discografía ocurre algo similar. Gran parte de su catálogo se define por oposición a todo lo demás, a veces inclusive hasta con su propia historia. Con nueve discos que serpentean por senderos que se cruzan y se separan hasta el infinito, y ya que su más reciente trabajo tiene hoy su demorada publicación en formato físico, calificar su obra era una tarea demasiado tentadora como para dejarla pasar.

9 - Pablo Honey (1993)

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No, no es malo. El álbum debut de Thom Yorke y compañía compila un puñado de canciones de rabia y angustia juvenil que van de la catarsis distorsionada todoterreno ("Creep", por supuesto, pero también "Anyone Can Play Guitar") a la reconfiguración de la melancolía en un lamento esperanzador ("Stop Whispering", "You", "Thinking About You"). ¿Cuál es el problema, entonces? Es un disco hecho a medida del disconformismo de la Generación X del otro lado del Atlántico, que englobó a Radiohead dentro de una movida unificadora, cuando su gracia fue, y es, jugar en un universo propio, distinto y paralelo.

8 - The King of Limbs (2011)

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Una de las cosas que más parece disfrutar Radiohead es empujar los límites, y a veces eso puede llegar a irse de sus propias manos. Con la clara intención de no repetir las fórmulas empleadas en In Rainbows, la banda entrego en 2011 un disco complejo y abstracto, en donde la tracción a sangre y la manipulación electrónica se fusionan hasta desconocerse entre sí. Ocho canciones que resultan más difíciles de digerir y asimilar que un álbum cuádruple.

7 - Hail to the Thief (2003)

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Después de las incursiones electrónicas de Kid A Amnesiac, Radiohead buscó hacer un balance entre ese mundo y otro más tradicional y con pulso humano. La premisa se cumple de a ratos, y no siempre llega a buen puerto. El equilibrio de fuerzas rinde sus frutos en "2+2 = 5" y "A Punchup at the Wedding", pero después ambos elementos se separan como agua y aceite. De un lado, la catarsis guitarrera de "Myxomatosis", "There, There" y "Go To Sleep". Del otro, los beats y bits de "Sit Down, Stand Up" y "The Gloaming". En el medio, un disco largo y confuso que compila gran parte del cancionero más opresivo de la banda de Oxford.

6 - Amnesiac (2001)

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A veces los discos son víctimas de sus propias circunstancias. Las canciones de Amnesiac se grabaron en las mismas sesiones que las de Kid A, y ese dato hace inevitable la comparación entre uno y otro. Lo que en su predecesor suena equilibrado, acá aparece ligero y poco trabajado. Lo mejor del disco llega cuando las máquinas pierden lugar sobre la instrumentación tradicional, como la levitación en slow motion de "Pyramid Song", ese esbozo de canción de amor llamado "Knives Out" y el proto blues (a lo Radiohead, claro) de "I Might Be Wrong".

5 - A Moon Shaped Pool (2016)

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Es difícil poner en la misma perspectiva a discos que tienen años (y décadas) de existencia junto con uno que vio la luz hace poco más de un mes. Irónicamente, el noveno disco de Radiohead construye su razón de ser a partir del pasado de la banda. Ocho de sus once canciones son reformulaciones de bocetos, ideas y temas más o menos pulidos en vivo, pero revividos a partir de la óptica 2016 de la banda. Hay climas claustrofóbicos, incursiones folk a oscuras, y una intención latente de borrar las fronteras entre lo humano y lo digital. En el proceso, Yorke se permitió revivir "True Love Waits", un arrullo acústico concebido en 1995 que dos décadas después tiene su merecida versión de estudio sin más recursos que su voz y unas pocas notas de piano que se evaporan a medida que el tiempo avanza.

4 - Kid A (2000)

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Cerca del cambio de siglo, el rock de guitarras parecía anunciar su lenta retirada, y Radiohead decidió acelerar el proceso. Con un arsenal de parafernalia vintage (mellotrones, vocoders, sintetizadores analógicos), la banda utilizó la tecnología en pos de la deconstrucción del cancionero. En Kid A las canciones no se destacan sólo por lo que son, sino por cómo llegan a serlo. Para muestra, ahí están los escasos versos reconvertidos en materia percusiva mediante el uso de samplers de "Everything In It’s Right Place", la amalgama de garage y free jazz de "The National Anthem", la levitación atmosférica de "How To Dissappear Completely", el approach a la IDM de "Idioteque" y los ribetes cinematográficos de "Motion Picture Soundtrack".

3 - The Bends (1995)

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El fin de una etapa y el comienzo de otra. The Bends retoma el rock de guitarras de Pablo Honey, pero empieza a llevar las cosas a un terreno menos seguro. En el disco, la experimentación es paulatina, rompiendo levemente las formas pero sin alterar el espectro sonoro. Todo suena como una precuela de lo que vendría. Difícilmente "Paranoid Android" hubiera sido tal sin los estallidos distorsionados de "My Iron Lung", y la fragilidad de "No Surprises" le debe mucho a "High and Dry". El comienzo del bromance entre la banda y Nigel Godrich, que acá figura como ingeniero pero pasaría ser el productor de todos sus discos de ahí en más.

2 - In Rainbows (2007)

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La salida al mercado bajo la premisa de financiación a la gorra es una anécdota. El verdadero valor real del séptimo disco de Radiohead es el poder de reinvención de una banda que parecía haberse vuelto víctima de sus propios clisés. La llegada a la madurez encontró a Thom Yorke asustado de su propia mortalidad ("Reckoner", "Jigsaw Falling Into Place"), mientras sus compañeros de grupo ponen el cuerpo para convertir el glitch de "15 Step" en una base humana y zigzagueante. Para los que extrañaban los aires electrificados de tiempos pasados, "Bodysnatchers" es bastante más que un ejercicio nostálgico, que logra no desentonar al lado del intimismo de "All I Need" y "Nude".

1 - OK Computer (1997)

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Mientras el britpop daba sus últimos estertores de chovinismo desmesurado, Yorke y compañía se encargaron de mostrarle al mundo la otra cara del supuesto estado de bienestar británico. Políticas económicas hostiles, instigación al consumo y frivolidad a las que sólo es posible responder con alienación y paranoia. OK Computer se compone de canciones tan atmosféricas como cambiantes, que pueden ir de la vulnerabilidad al brote psicótico, con doce temas que funcionan mejor como parte de un todo que por separado, como un Dark Side of the Moon para la Generación X. El fin de la inocencia para una camada de pibes que un día descubrió qué era lo que pasaba del otro lado del espejo.