27/03/2017

Metallica, rankeado de peor a mejor

Este laburo nos dejó física y mentalmente agotados, aun sin tener en cuenta a "Lulu".

Gentileza

¿Cuántos grupos aún activos pueden jactarse de haber creado un estilo? Metallica puede, además de haber llevado al heavy metal a niveles de popularidad inéditos. Cuando parecían que se les terminaba la nafta (gimme fuel, gimme fire!), arrancaron otra vez con el motor a nuevo. Lars Ulrich y James Hetfield pueden no caerles simpáticos a todo el mundo, pero lo que es inobjetable es que nunca bajaron los brazos, son dos apasionados y hasta se la jugaron con riesgos que pocas bandas de su estatus se animarían a tomar. El repaso por su discografía (con sólo los discos de estudio) es una buena muestra por los distintos estados por los que pasó el grupo, y también de que, con más de 35 años de carrera, todavía goza de una salud envidiable.

11. St. Anger (2003)

st anger

Una banda en crisis, sin rumbo claro, sin bajista y empeñada en demostrar que, a pesar de todo, era un grupo de música pesada. St. Anger fue un error que se pasó de rosca en tratar de sonar heavy. El sonido general del disco es opaco, con un redoblante que parece una lata y temas sin solos de guitarra, y las explicaciones posteriores sobre esas decisiones no convencieron a nadie. Lo que sí hay que reconocerle al disco es el gran documental Some Kind of Monster, realizado durante todo su proceso de grabación. Pero el álbum es Metallica en un estado de inspiración muy bajo, tanto que ninguno de los temas se incluyen en sus presentaciones en vivo.

10. Reload (1997)

reload

Habían sobrado muchos temas de las sesiones de grabación de Load y así llegó al año siguiente su segundo capítulo. Apenas “Fuel” y “The Memory Remains” (con la participación especial de Marianne Faithful) lograron perpetuarse en la lista de temas que regularmente tocan en sus shows. El resto pasó sin pena ni gloria, aUn ese intento de ancla al pasado que fue “The Unforgiven II”. Por algo la mayoría de los temas en su momento fueron dejados de lado.

9. Garage Inc. (1998)

garageinc

Tras dejar los arcones vacíos de temas nuevos con Load y Reload, Metallica no pasaba un gran momento de inspiración y, ¿qué mejor que cubrir el bache con un disco de covers? Así nació Garage Inc., un álbum doble donde homenajearon a los artistas que más influyeron en su sonido. En realidad, sólo el primer disco fue grabado para la ocasión, ya que el segundo fue un rejunte de material ya publicado en EPs y lados B, pero lo bueno es que en la mayoría de los casos Metallica le pone personalidad y vuelo propio a canciones que parecían inmodificables. La versión de “Whiskey in the Jar”, el clásico irlandés popularizado por Thin Lizzy , con el tiempo e transformó en un hit casi propio, y el medley de temas de Mercyful Fate es una joyita.

8. Load (1996)

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Difícil salir al ruedo luego de un disco como el Álbum Negro. La comparación era inevitable, y recién cinco años más tarde Metallica tuvo todo listo para editar un nuevo trabajo. Adiós pelo largo y, como unos Sansones del metal, en el recorte capilar perdieron algo de fuerza. El sonido se simplificó, la batería de Lars se achicó y grabaron toda la música que pudiera entrar en un disco compacto: casi 79 minutos distribuidos en 14 canciones. La sensación inicial fue de desilusión, pero con el tiempo Load envejeció con dignidad gracias a canciones como “King Nothing”, “Ain’t My Bitch” o “2 x 4”. Lo que todavía nos preguntamos es que quisieron decir en el video de “Until It Sleeps”.

7. Hardwired… to Self-Destruct (2016)

Metallica se acerca a las cuatro décadas en gran estado y se anima a editar un disco doble. Su más reciente álbum muestra que a la banda aún le queda resto para componer temas de dientes apretados, furiosos y bien metálicos. Entre el arranque a pura velocidad con “Hardwired”, el machaque de “Atlas Rise”, el vértigo de “Mouth Into a Flame” y el riff irresistible de “Now that We’re Dead”, el grupo respira con una vitalidad envidiable. Es cierto que en el balance final el segundo disco no mantiene el nivel del primero y en el tramo final queda un gusto amargo, pero así y todo no logra empañar el nivel alcanzado en la primera mitad.

6. Death Magnetic (2008)

Luego del enorme paso en falso que fue St. Anger, y tras cuatro discos consecutivos junto al productor Bob Rock, Metallica apostó fuerte y llamó a Rick Rubin, reconocido gurú sonoro y responsable de los mejores discos de artistas como Beastie Boys, Slayer, Red Hot Chili Peppers y Run DMC, entre otros. El resultado fue un regreso a las raíces en el que la banda le volvió a sacar filo a sus guitarras, con temas extensos que no resignan potencia. Solo hace falta escuchar el inicio de “All Nightmare Long” para darse cuenta que el pulso thrash de Hetfield estaba intacto y dejar el volumen al taco para el headbanging descontrolado en “That Was Just Your Life”. Los ocho minutos del primer single “The Day that Never Comes” son un buen resumen de todo lo bueno que puede hacer Metallica.

5. …And Justice For All (1988)

El primer disco con Jason Newsteed en el bajo extendió el aura de luto que aún respiraba Metallica en aquellos días por la trágica muerte de Cliff Burton. Los climas densos y oscuros en temas extensos predominan en las nueve canciones y el pico de dolor tiene en “One” su muestra más elocuente. La melodía quedó relegada a composiciones con cambios de ritmos, riffs para cinco canciones distintas metidas en una sola, y una producción opaca donde el bajo es casi imperceptible. Metallica experimentó como no lo había hecho nunca antes, y el resultado fue positivo, con “Blackened”, “…And Justice for All” y “Harvester of Sorrow” como principales exponentes.

4. Kill’Em All (1983)

El disco que pateó el tablero e inició un género: el thrash. Cuando en 1983 se editó Kill’Em All, no fueron pocos los que se dieron cuentan de que estaba naciendo algo nuevo y sería una bisagra en la historia del género metálico. Metallica surge del fanatismo de cuatro adolescentes por la New Wave of British Heavy Metal. James Hetfield y Lars Ulrich tenían apenas 20 años cuando entraron por primera vez a un estudio para grabar su debut, y no había pasado un mes de la expulsión del guitarrista Dave Mustaine de la banda, reemplazado de inmediato por Kirk Hammett. A una producción humilde la pasaron por arriba la actitud, los riffs, la potencia y los clásicos que el grupo acumuló en su primer opus: “Seek and Destroy”, “The Four Horsemen”, “Hit the Light” y “Whiplash”.

3. Ride the Lightning (1984)

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Si el debut había sido arrollador, el segundo disco fue la confirmación de que Metallica había llegado para quedarse. El inicio con “Fight Fire with Fire” era el más puro speed metal, “Ride the Lightning” tiene un riff y un groove único que se pega en el cerebro para siempre, y “Creeping Death” es para hacer headbanging en loop. La banda creía tanto en lo suyo que hasta se animó a bajar un cambio en “Fade to Black” (en el momento de su edición se la etiquetó de balada y a los más intransigentes les costó digerirlo). Con todos esos temas monolíticos, hubo uno que superó al resto: “For Whom the Bells Tolls”. El punteo inicial del bajo de Cliff Burton hizo escuela, el riff de Hetfield conjugaba lo pesado de Sabbath con los aires nuevos del thrash y desde atrás, la batería de Ulrich empujaba a marcha firme. A todo eso hay que sumarle los cortes, el tono épico y la voz de James, que conmueve desde el primer verso. Una obra maestra.

2. Master of Puppets (1986)

Metallica no pudo cerrar la primera etapa de su carrera de mejor manera. Master of Puppets es un compendio de todos los logros que el grupo había conseguido hasta el momento, pero mejorados y con mayor brillo. Además, hay riesgo en la búsqueda de una mayor complejidad sonora y texturas, por lo que para muchos es el mejor disco de thrash de todos los tiempos. Ahí están el puntapié inicial con “Battery” para llevarse todo por delante, el punto caramelo alcanzado en “Master of Puppets” o la emotividad de “Welcome Home (Sanitarium)”. Por algo esas canciones como “The Thing that Should Not Be”, “Damage Inc” o “Lepper Messiah” forman parte una imaginaria lista ideal de cualquier fanático. No hay temas de relleno o puntos flojos en Master f Puppets, un disco en el que Metallica abrazó la consagración y puso al grupo en la línea de largada a la masividad.

1. Metallica (1991)

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Es cierto que cuando se editó el disco más esperado en la carrera de Metallica, donde el thrash de sus inicios quedó relegado, muchos fans de la primera hora le dieron la espalda al grupo. A cambio, y gracias a himnos como “Enter Sadman”, “The Unforgiven” o “Wherever I May Roam”, se sumaron millones y en los cinco continentes. Metallica logró la masividad que ningún otro grupo del estilo pudo alcanzar, y esa popularidad fue tan fuerte aún la conserva en casi todos los mercados gracias a uno de esos discos clásicos que rompió barreras y se metió el inconsciente musical de distintas generaciones, hasta de los que apenas escuchan rock. Es que se trata de un disco de heavy metal con cinco singles que sonaron en todo el mundo (los tres temas ya mencionados más “Nothing Else Matters” y “Sad but True”), y con una producción brillante a cargo de Bob Rock, a quien llamaron luego de escuchar el sonido de guitarras que había logrado en Dr. Feelgood de Mötley Crüe. El álbum tenía tanto peso que ni siquiera le hizo falta una tapa. Con fondo negro, el logo del grupo y un cascabel de serpiente apenas visible fue suficiente. Un clásico.