03/09/2018

La Renga, rankeado de peor a mejor

Esquivando discos.

Daniela Amdan
La Renga

En 30 años de carrera y 9 discos de estudio, La Renga se consolidó como una de las bandas más convocantes de la música argentina en todas sus formas. Establecidos como referentes máximos del rock barrial en los 90, acuñaron una obra estéticamente homogénea en la que la identificación setentosa (Creedence, Neil Young, Pappo’s Blues y Manal como póker de influencias) se mantuvo casi como pulso vital. De ahí que cada álbum corporice su singularidad no en los riesgos ni en la experimentación sino en los pequeños volantazos sonoros que dio el grupo en busca de una reafirmación de su propia esencia.

A propósito de la reciente edición de La Renga – Una guía (editada por Planeta y escrita por quien firma esta nota), este ranking se propone recorrer el camino del grupo que se formó en una esquina pero sus canciones se escuchan hasta el infinito:

 

9. Algún rayo (2010)

La Renga

Reducidos a su formato de trío para casi la totalidad del disco, La Renga hizo de Algún rayo su odisea en el espacio a bordo de una Harley Davidson. Sin embargo, lejos de ampliar la paleta sonora, la búsqueda por un sonido directo se tradujo en un manojo de canciones repetitivas casi sin matices. “Canibalismo galáctico”, “Poder” y “Algún rayo” aún conservan lugar en los shows en vivo pero apenas si se destacan en un álbum en el que la distorsión, el vértigo y la gola de Chizzo se chocan en una cacofonía agotadora.

8. Esquivando charcos (1991)

La Renga

El disco debut de La Renga fue, en realidad, un cassette editado de forma casera. Y ese presente amateur se hace carne en las composiciones que suenan básicas y un tanto anacrónicas para la época. Limitados al rock and roll clásico, los de Mataderos (por entonces un cuarteto) suenan bien alejados de lo que luego sería su identidad hard rockera. De todos modos, “La nave del olvido” y “Blues de Bolivia” irían derechito al rincón de los himnos más coreados por “Los mismos de siempre”. Todos los temas del disco pueden escucharse con mejor audio en Bailando en una pata (1995).

7. A donde me lleva la vida (1993)

La Renga

A mitad de camino entre su fisonomía definitiva y el rock and roll que los vio formarse como grupo, A donde me lleva la vida flota entre las fundamentales “El rito de los corazones sangrando” y “Triste canción de amor” (su cover de los mexicanos El Tri) y las olvidables “El sátiro de la mala leche” y “Pis y caca”. El segundo disco de La Renga ya tiene a Chizzo probando sus dotes blueseras en “2+2=3” y con una garganta capaz de entregar sus primeros rugidos.

6. Truenotierra (2006)

La Renga

De tanto compartir el estudio con Los Natas, La Renga hizo de Truenotierra (un disco doble con uno de ellos puramente instrumental) su propia lectura del stoner. Aunque con poco perfil radial y de extensión desmedida, el grupo derrocha precisión y contundencia en los riffs de “Ruta 40”, “Montaña roja” y “Almohada de piedra”. Por el lado de las zapadas, Chizzo pone de manifiesto su permanente evolución como guitarrista aunque la falta de estructuras hace que todo suene a bocetos de lo que pudo ser.

5. Detonador de sueños (2003)

La Renga

Entre su regreso a la independencia discográfica y las esquirlas de la crisis de 2001, La Renga tenía demasiadas cosas para decir en Detonador de sueños. Y para ello, procedió a robustecer (aún más) su sonido. En el disco más pesado del grupo, Chizzo se prueba metalero en la voz y la guitarra de “El rastro de la conciencia” y Tanque da rienda suelta a su doblebombo en buena parte de los tracks. En el costado opuesto, “La razón que te demora” es la contrapartida con forma de balada… y de hit instantáneo.

4. La Renga (1998)

La Renga

Si Despedazado por mil partes (1996) fue el despegue del grupo, La Renga (conocido como “El disco de la estrella)” fue la consagración definitiva. La identificación con la figura del Che Guevara se hace finalmente explícita (“El hombre de la estrella”) y el desencanto con el menemismo recrudece en “Vende patria clon”. Con un hard rock bien áspero posible, el grupo apila clásicos inoxidables como “Cuando estés acá”, “El twist del pibe” y “El revelde”, el pináculo renguero de la alta rotación.

3. Pesados vestigios (2014)

La Renga

Después de las incursiones stoner y espaciales de Truenotierra y Algún rayo, respectivamente, La Renga volvió a sus ambiciones más terrenales pero echando mano a todo lo aprendido en el camino ¿Temas ruteros? Claro que sí: “Corazón fugitivo” y “Días de sol” ¿Canciones mid tempo? Por supuesto: “Nómades” y “Sabés qué”. ¿Momentos emotivos? También, y de alto vuelo: “San Miguel” (dedicada a Miguel Ramírez, el joven muerto por una bengala en el show que la banda dio el 30 de abril de 2011 en La Plata) y “Pole” (el homenaje a Víctor Poleri, amigo de la banda y actor en la mayoría de sus videoclips).

2. La esquina del infinito (2000)

La Renga

En pleno período de gracia, La Renga da fin a su trilogía de discos producidos por Ricardo Mollo (y editados por una multinacional) con trabajo tan sólido desde el audio como desde lo compositivo. Ya desde el título, el grupo deja en claro que su imaginario podía expandirse mucho más allá del barrio, como si se tratara de un costumbrismo trascendental que tiene su punto de mayor lucidez en “En el baldío”. Para la lista de clásicos, se suman “Panic show”, El rey de la triste felicidad” y “El cielo del desengaño”, en el que Chizzo se incendia en un solo antológico de pura inspiración neilyoungiana (homenajeado en “Hey Hey My My”).

1. Despedazado por mil partes (1996)

La Renga

Barrio, viajes en moto, búsqueda introspectiva, psicotrópicos y lecturas de Carlos Castaneda… el combo de vivencias e intereses personales de Chizzo dio como resultado un disco implacable. La Renga saltó a las grandes ligas con un puñado de canciones que van directo a cualquier antología del rock argentino: “Balada del diablo y la muerte”, “El final es en donde partí”, “Lo frágil de la locura”, “Hablando de la libertad” (desde entonces y para siempre el tema con el que cierran sus shows) y “Veneno” (un cover de La Negra). Bajo la producción de Ricardo Mollo, el grupo logra, al mismo tiempo, ensanchar su paleta sonora con vientos y apretar aún más los dientes para canalizar de la mejor manera todo su potencial. Desde las entrañas de Mataderos, el rock barrial tuvo, en Despedazado por mil partes, su estallido existencial con proyección a toda Latinoamérica.