04/05/2018

La discografía solista de Gustavo Cerati, rankeada de peor a mejor

Era un crimen no hacer este listado.

Nora Lezano / Sony Music / Gentileza
Gustavo Cerati

Como prueba justificatoria de la búsqueda constante de nuevos terrenos, la discografía de Gustavo Cerati por fuera de Soda Stereo posee la mayor cantidad de aristas posibles. En un corpus limitado de trece álbumes en dos décadas y media, el autor de “Puente” supo no sólo cosechar himnos pop sino también bucear en la vanguardia de la electrónica, jugar a ser un crooner neoclásico, mirar de cerca a la música de raíz y medirse como guitar hero al calor de las masas. Elige tu propio Cerati.

13. Reversiones: Siempre es hoy (2003)

Dentro de la dinámica de reinvención constante de su obra -una política heredada de sus días de Soda Stereo-, Gustavo Cerati reformuló su tercer álbum de estudio a través de remixes propios y ajenos. El resultado final es un disco doble de 20 temas con relecturas de 11 de las 17 canciones de Siempre es hoy, algo difuso y reiterativo, y en el que llega a haber hasta tres versiones de una misma canción. Adicta, Jörg Follert, Leandro Fresco, Zuker, Capri, Miranda! y el propio Cerati son algunos de los nombres propios que se amontonan en una recopilación extensa en la que los puntos altos (la reformulación rockera de “Tu cicatriz en mí”, los paseos de “Altar” y “Sudestada” por el drum and bass) se dan a cuentagotas.

12. Plan Black V Dog (1998)

En su último trabajo, Plan V decidió expandir su propuesta y se alió con el grupo británico de ambient techno Black Dog. Con el protagonismo repartido en el nombre del EP, la lógica del disco fue que cada uno reversionase o reformulase tres canciones del otro. Sea por diferencia de criterios o por cuestiones geográficas, al tratarse de un álbum trabajado a la distancia, el resultado final dejó en el aire la sensación de que Plan V era una maquinaria programada sólo para ejecutar e interpretar su propia obra, y no tanto para meter mano en la ajena.

11. +bien (2001)

De la mano de Eduardo Capilla, responsable del video de “Zoom”, Gustavo Cerati debutó como actor en 2001 con una película experimental de la que también fueron parte Damián De Santo y Ruth Infarinato. Junto a Leo García y Flavio Etcheto, el músico también se hizo cargo de su banda de sonido, compuesta principalmente por soundscapes electrónicos, atmósferas suaves y pequeñas viñetas instrumentales que delinean sus formas con resultados dispares. Lo mejor llega el final con el tema que da nombre al disco y a la película, una pieza de IDM teledirigida a la pista de baile, construida a partir de un sample del solo de guitarra eléctrica de “Entre caníbales”.

10. Insular (2000)

Como parte de una colección especial diseñada por el sello boutique Frágil Discos, Ocio volvió a la vida en el 2000 para lanzar un EP en el que Cerati y Etcheto sumaron intensidad a la levitación controlada que dominaba su álbum debut. En sólo quince minutos, el dúo buscó darle una lectura renovada a su sonido, y de paso entregar tres grandes títulos de canciones: “Los objetos en el espejo están más cerca de lo que parece”, “De los dientes para adentro” y “No es para palabras escritas”. Electrónica metafórica.

9. 11 episodios sinfónicos (2001)

Ante todo, el mal timing. En agosto de 2001, mientras el país ya estaba en la recta final de una crisis que terminó por estallar en diciembre de ese año, Gustavo Cerati decidió medirse por fuera del rock con un proyecto ambicioso. De la mano de Alejandro Terán, adaptó canciones de su etapa solista y de Soda Stereo a un formato orquestal que le debe más a las bandas de sonido que Danny Elfman realizó para Tim Burton que a la música erudita. Ataviado como una versión aún más intergaláctica del Principito de Saint Exupery, el cantante se convirtió en este álbum en vivo en un crooner refinado que traducía su propia obra al lenguaje del ensamble de vientos e instrumentos de cuerda. El disco llegó a las bateas a principios de diciembre, cuando la Argentina ya olía a neumáticos quemados y gases lacrimógenos, y donde ni siquiera el estribillo de la versión neoclasicista de “Persiana americana” podía hacerle frente a manifestaciones y cacerolazos.

8. Medida universal (1999)

Poco antes de que Bocanada lo reencontrase con la canción pop en sus diversas lecturas, Cerati decidió potenciar su costado de artista de música electrónica con el álbum debut de Ocio. Junto con Flavio Etcheto, que luego se incorporaría a su banda, dieron forma a un disco que va minimalismo al ambient, pasando por el techno menos eufórico. El dúo construía sus canciones a partir de “trayectos musicales”, zapadas sin mapa preestablecido, y Medida universal fue su carta de presentación a la comunidad para la escena electrónica emergente de Buenos Aires. Más cerca de la experimentación que de las raves de NRG en Parque Sarmiento. A John Zorn le gusta esto. No, posta.

7. Plan V (1996)

Mientras Soda Stereo comenzaba su lenta despedida silenciosa, Gustavo Cerati delineó en Chile un plan para desaparecer completamente, al menos de la sobreexposición. Creado junto con tres incipientes músicos andinos, Plan V fue su primera incursión al cien por ciento en la música electrónica, en algún punto de equilibro entre el ambient, el minimal techno y la vanguardia. Lejos de usar su nombre como ariete mediático, Cerati se fundió dentro de un todo en el que era uno más, por más que sus pergaminos superasen a los de sus compañeros de aventuras. En 2001, el músico tomó parte de “Tripulante 2.3”, una de las canciones del álbum y la convirtió en el esqueleto sonoro de una relectura downtempo de “Final caja negra”, de Soda, quizás la prueba más fidedigna de que en su universo todo tenía que ver con todo.

6. Siempre es hoy (2002)

Finalizada la experiencia de Bocanada, Cerati encaró la creación de su álbum de canciones más ecléctico y también el más extenso, con 17 canciones que ponen a prueba el límite máximo de 74 minutos de un CD. Con un cambio de piezas en su backing band pensado para fortalecer el groove (afuera Martín Carrizo y Leo García, adentro Pedro Moscuzza y Leandro Fresco), Siempre es hoy privilegió el factor humano, pero lo puso al servicio de coqueteos con el hip hop (“No te creo”, “Altar”), el folklore (“Sulky”), el easy listening (“Señales luminosas”) y la electrónica downtempo (“Fantasma”, “Tu cicatriz en mí”), en un disco en el que los estallidos pop llegan a cuentagotas (“Cosas imposibles”, “Karaoke”, “Artefacto”). Sobre el final, “Vivo”, “Sudestada” (ambas con Charly García en piano) y “Especie” ofrecen una cuota del Cerati más orgánico, casi como una señal de aviso de lo que recrudecería en su próximo álbum de estudio, cuatro años más tarde.

5. Ahí vamos (2006)

Ya desde su portada, con su silueta alzando una guitarra sobre un punto de fuga monocromático, Gustavo Cerati planeó a su cuarto álbum solista como su regreso a las seis cuerdas como estandarte, tras años de depositar su norte creativo en samplers, programaciones y secuenciadores. Secundado por Richard Coleman y Fernando Samalea (sus excompañeros en Fricción), reconectó con su costado más rockero (“La excepción”, “Dios nos libre”, “Uno entre 1000”) y también recuperó su trono como hitmaker con sensibilidad pop (“Adiós”, “Lago en el cielo”, “Crimen”). Con cinco singles en alta rotación y un cierre de gira con un show gratuito ante 200 mil espectadores, Cerati logró que su carrera solista pudiera medirse por sí sola, sin depender de su pasado.

4. Colores santos (1992)

Propulsados por el envión de su trabajo codo a codo durante Canción animal, Gustavo Cerati y Daniel Melero decidieron encarar un álbum juntos sin mapas previos. En sintonía plena con Screamadelica, Loveless y Adventures Beyond the Ultraworld (de Primal Scream, My Bloody Valentine y The Orb, respectivamente), el dúo se amparó en la sampleadelia para crear una obra que tiene tanto de orfebrería pop como de vanguardia sonora. Efectividad y experimentación en un mismo envase, con una fórmula que puede apuntar a la pista de baile (“Quatro”, “La cuerda planetaria”), disparar hits que merecían mejor suerte (“Vuelta por el universo”, “Marea de Venus”, “Hoy ya no soy yo”) o exorcizar demonios internos a guitarrazo limpio (“Tu medicina”, compuesta por Cerati tras la muerte de su padre).

3. Fuerza natural (2009)

Dispuesto a deshacerse de la carga del regreso de Soda Stereo, en 2008 Cerati comenzó a trabajar en una serie de composiciones armadas a partir de muestras de audio de toda su discoteca. Una vez que las piezas estuvieron bien ensambladas, convocó a los músicos de su banda y a un elenco de colaboradores de calibre internacional para traducir los samples a interpretación humana. El resultado final es una obra compleja y ambiciosa, plagada de estímulos sonoros y metáforas que apuntan a la numerología, las ciencias ocultas y la psicodelia galáctica. A lo largo de 13 canciones, Fuerza natural es un road trip interestelar en el que cactus milenarios conviven con convoyes espaciales como parte de un todo que en vivo debía ser interpretado como tal, en un viaje ida y vuelta de Humahuaca a Andrómeda.

2. Amor amarillo (1993)

En 1993, el universo privado de Gustavo Cerati estaba atribulado. Después de que Soda Stereo tuviese que poner en stand by la gira presentación de Dynamo por fricciones internas y externas, el músico se radicó en Santiago de Chile para esperar la llegada de su hijo Benito. Su primer álbum solista es una suerte de correlato de esa inesperada vida hogareña, lejos de la sobreexposición de la banda que lo tenía como líder, un ensayo de intimismo que va del rasgueo valvular en slow motion (“Amor amarillo”) al house guitarrero (“Pulsar”), pasando por valses ultramarinos (“Lisa”), neopsicodelia (“Te llevo para que me lleves”, “Rombos”) y elevación espiritual (“A merced”). Fan confeso de Luis Alberto Spinetta, en Amor amarillo Cerati (re)creó su propio Artaud, con un grado de detallismo tan preciso que hasta incluyó “Bajan” en el mismo número de pista que ocupa en el álbum firmado por Pescado Rabioso.

1. Bocanada (1999)

Tras la separación de Soda Stereo, y con las incursiones robóticas de Plan V y Ocio en stand by, a Gustavo Cerati le restaba volver a medirse como un artista de canciones. Lejos de recurrir a la maniobra fácil de revivir el pasado, el músico apostó por un disco en el que la electrónica está al servicio de la canción pop… y viceversa. En Bocanada viven bajo el mismo techo los samples, la rebelión de las máquinas, el trip hop con tracción a sangre, el glam rock, la música folklórica leída desde las cajas de ritmos, las ambiciones orquestales y el pop todoterreno. Como corolario de toda esa búsqueda está “Puente”, una pieza que crece desde el coqueteo folk hasta alcanzar magnitud de estadios y un estribillo (“Gracias porvenir, gracias por venir”) entendido como una maniobra indulgente hacia su propio público, pero que no era más que la celebración de su propio presente.