19/12/2016

La discografía paralela de Damon Albarn, rankeada de peor a mejor

Nada de borrón y mucho de cuenta nueva.

Linda Brownlee

La dinámica de trabajo de Damon Albarn es un tanto especial. Cada vez que encontró que un proyecto comenzaba a encorsetar sus inquietudes, en vez de quedarse con las ganas, creó uno nuevo. Cuando Blur peligraba como colectivo creativo, se sacó las ganas con Gorillaz; cuando el hip hop juguetón de la banda animada no se adaptaba al pop fatalista que tenía en mente, probó por su cuenta con The Good, the Bad & the Queen… y la lista sigue, y bastante. La prolificidad del ex niño travieso del britpop pone sobre el tapete la máxima ineludible que separa los tantos entre calidad y cantidad. El universo musical de Albarn por fuera de Blur es amplísimo, y como Silencio es servicio decidimos rankearlo para quien quiera adentrarse en él.

14 - Democrazy (2003)

En 2003, Damon Albarn estaba mareado. Entre un disco desabrido y poco inspirado con Blur (Think Tank, grabado sin Graham Coxon) y con Gorillaz todavía como un proyecto a mitad de camino entre el chiste infantiloide y la reformulación del pop, el cantante publicó un vinilo doble de maquetas grabadas en plena gira por Estados Unidos. Los 14 temas del álbum son ideas en su estado más primigenio… y se nota, y de hecho una sola de ellas (“I Need A Gun”) sobrevivió a su propio filtro de calidad, a los dos años, en el segundo álbum de Gorillaz. El resto pasó al olvido, algo que ni a su propio creador parece molestarle.

13 - The Fall (2011)

Un caso similar al de Democrazy. Envalentonado por el suceso de Plastic Beach, Albarn decidió lanzar al mercado una colección de bocetos e ideas grabadas en un iPad en plena gira de Gorillaz por Estados Unidos. Los créditos del disco detallan tanto las locaciones en donde fueron registradas como también el listado de las apps utilizadas para crear su contenido, una elección que deja en claro que el cómo y el dónde del álbum son mucho más importantes que su qué.

12 - 101 Reykjavík (2000)

A mediados de los 90, Blur viajó a Islandia en busca de inspiración para grabar su álbum homónimo, y Albarn quedó fascinado con el país de Björk y Sigur Rós. Sobre el cambio de milenio, el cineasta Kormákur lo convocó para hacerse cargo de su debut como director, y el resultado es un esbozo de pasajes instrumentales que reclaman una falsa localía con la tierra de los volcanes y géiseres. La comprobación certera de que lo que natura non da

11 - Ravenous (1999)

En su primer trabajo por fuera de Blur, Albarn se alió al compositor minimalista Michael Nyman. Más en paralelo que codo a codo, el dúo se puso al hombro la creación de la banda de sonido de Ravenous, una comedia negra ambientada en el siglo 19 en la que un grupo de expedicionarios tiene que acudir al canibalismo en pos de su supervivencia. Temas instrumentales plagados de secuencias, loops distorsionados y escasas notas que se llevan bien como complemento sonoro de lo que se ve en pantalla, pero difícil de digerir por su propia cuenta.

10 - Maison Des Jeunes (2013)

En 2013, Albarn creó Africa Express, un colectivo artístico con el que llevó a un puñado de músicos (Brian Eno, Nick Zinner de Yeah Yeah Yeahs y miembros de Metronomy y Django Django) a Maui para colaborar con artistas locales. Aun cuando su resultado dista de ser homogéneo por motivos variados y evidentes, Maison Des Jeunes gana por el cruce policultural en pos de un lenguaje universal.

9 - Mali Music (2002)

Como parte de su costado filantrópico, Albarn viajó a Mali en 2000 como parte de una comitiva de Oxfam, una ONG que realiza acciones humanitarias. En esa oportunidad, entró en contacto por primera vez con la música africana (algo que influiría bastante a Blur en Think Tank, grabado en Marruecos). Mali Music es el resultado de una serie de encuentros bastante informales durante 2001 y 2002 con artistas locales, dominado por un espíritu de intercambio cultural. Un experimento antropológico liderado por un Lévi-Strauss vestido con chombas Fred Perry.

8 - Journey to the West (2008)

Casi como una muestra de hasta dónde es capaz de empujar sus propias inquietudes, Albarn se asoció al director chino Chen Shi-Zheng para la adaptación teatral de una novela escrita durante la dinastía Ming. Para intentar ser lo más fiel posible al espíritu original de la obra, Albarn viajó reiteradas veces a China para darle forma a un álbum que complementa la puesta escénica, con elementos actuales de occidente (programaciones y máquinas) puestos al servicio de canciones en mandarín que evocan aires de una cultura milenaria.

7 - Dr. Dee (2012)

Entre mediados del siglo XVI y principios del XVII, John Dee fue una figura tan clave como oscura para la monarquía británica. A lo largo de su vida, fue un consejero clave de la reina Isabel I cuyos terrenos de influencia fueron de la matemática y la astronomía al ocultismo, la adivinación y las ciencias ocultas. El personaje era demasiado tentador como para que Albarn no se aventurase en escribir una ópera sobre su figura, con un formato que combina instrumentos isabelinos, percusión africana y arreglos orquestales. En el medio de todo eso, la sensibilidad pop del líder de Blur con el lápiz lo suficientemente hábil como para crear algo que funciona tan bien dentro de la obra como por fuera de ella.

6 - Rocket Juice & the Moon (2012)

Tarde o temprano iba a ocurrir. De tanto colaborar con Tony Allen (baterista de Fela Kuti, nada menos) en Gorillaz y The Good, the Bad & the Queen, en algún momento Albarn iba a tirar para el lado del afro beat. Con Flea de Red Hot Chili Peppers como partícipe necesario, el trío se tomó tres años para pergeñar su único álbum hasta la fecha, un experimento en constante tironeo por el espíritu tribal de la música de raíz (“1-2-3-4-5-6”) y el espíritu flemático de Albarn (“Poison”). Erykah Badu, Thundercat, M.anifest y los vientos de Hypnotic Brass Ensemble hacen su aporte para un resultado tan colorido como el arte de tapa del disco.

5 - Gorillaz (2001)

Es difícil entender el valor real del debut de la banda animada que Albarn creó junto al ilustrador Jamie Hewlett sin ponerlo en contexto. En pleno cambio de milenio, dos delirantes le presentaban al mundo un grupo de dibujitos animados cuyas identidades eran en ese momento un misterio (las entrevistas las concedían los propios integrantes del grupo, no sus creadores), todo como parte de un proyecto excesivamente lúdico con un humor excesivamente delirante en donde se podía pasar del hip hop al punk y de ahí al latin jazz y el k-pop sin gradualizar los matices. La primera página de un proyecto que fue encontrando su punto justo sobre la marcha.

4 - Everyday Robots (2014)

¿Cómo concebir un álbum solista cuando se tiene tantos frentes abiertos? ¿De qué manera tomar distancia de todos ellos cuando ninguno se parece al otro? A lo largo de tres años, Albarn trabajó en un disco plagado de ideas mínimas y economía de recursos (guitarras acústicas, programaciones, escasos arreglos de cuerdas) con canciones que cuestionan la alienación de la vida moderna (“Everyday Robots”, “Lonely Press Play”), remarcan algunas citas autobiográficas (“Hollow Ponds”), bordean su adicción a la heroína (“You and Me”) y hasta se permiten cantarle una canción infantiloide a un elefante africano porque sí (“Mr. Tembo”). Como yapa, Brian Eno aporta su granito de arena para un cierre desgarrador con “Heavy Seas of Love”.

3 - Plastic Beach (2010)

Con Gorillaz ya convertido en una maquinaria que lo tenía como cara visible, Albarn trabajó el tercer disco del grupo como una suerte de fábula conceptual distópica. La lista de nombres que integra el extenso plantel de músicos invitados (Snoop Dogg, Lou Reed, Little Dragon, De La Soul, Bobby Womack, Gruff Rhys de Super Furry Animals, Mark E. Smith de The Fall, Mick Jones y Paul Simonon de The Clash) alcanza y sobra para darse cuenta de que Plastic Beach es el álbum más diverso de Gorillaz, y por momentos también el más confuso.

2 - The Good, the Bad & The Queen (2007)

Si el Damon Albarn de los 90 veía al Reino Unido como una potencia que se perfilaba como una parodia de sí misma, el del siglo XXI estaba bastante más que desencantado con lo que veía a su alrededor. El único álbum del proyecto sin nombre que integró junto a Paul Simonon, Tony Allen y Simon Tong (ex The Verve y fugaz reemplazo de Graham Coxon en Blur) es una colección de canciones en clave pop post-apocalíptico. Como una suerte de hermano mayor de Modern Life is Rubbish, el disco ya no se burla de la vida londinense; por el contrario, se alarma de lo que se encuentra en cada esquina y augura que cada día será aún más oscuro.

1 - Demon Days (2005)

Dispuesto a mostrarle al mundo que una banda integrada por dibujos animados no era cosa para chicos, Albarn convirtió al segundo disco de Gorillaz en un recorrido en loop que va del entretenimiento a lo siniestro. De un lado, algunos de los mejores hits que haya firmado por fuera de Blur (“Dirty Harry”, “Feel Good Inc.”, “DARE”, todas piezas de hip hop y electropop calculadas al milímetro); del otro, composiciones oscuras que hacen referencia a un escenario trágico tan fantasioso como real (“Last Living Souls”, “El Mañana”, “Every Planet We Reach Is Dead”), y aunque el discurso evoque un lugar de fantasía, nunca sonó tan real y bajado a tierra. Otra advertencia más de que vivimos en un mundo tenebroso.