11/10/2020

Fito Páez, rankeado de peor a mejor

El mundo cabe en un montón de canciones.

Cecilia Salas
Fito Páez

La discografía de Fito Páez está íntimamente ligada a su vida. No es casualidad que la primera canción de su primer disco solista, “Del 63”, sea una presentación en sociedad, mitad curriculum vitae, mitad entrada de Wikipedia. Sus amores, sus hijos, sus separaciones y tragedias: su mundo cabe en una canción.

Amado y odiado, Fito Páez toca con igual intensidad los hilos emocionales de ambos extremos. Es el riesgo al que se expone el artista dispuesto a ofrecer su corazón.

Vale la pena aclarar que en este ranking no se tomaron en cuenta los discos en colaboración (La la la, junto a Luis Alberto Spinetta; Enemigos íntimos, con Joaquín Sabina; y Locura total, a dúo con Paulinho Moska), su EP Corazón clandestino ni discos de covers, acústicos y recopilaciones. 

19. Dreaming Rosario (2013)

Al igual que El sacrificio, lanzado el mismo año, Dreaming Rosario es una compilación de grabaciones encontradas. Mucho más luminoso que su hermano mellizo, el disco hilvana entre instrumentales e historias con al amor como protagonista. Es también el álbum solidario de Fito Páez: donó las regalías de los primeros dos años a las víctimas de la explosión del edificio de las calles Oroño y Salta, en su Rosario natal. Pero pertenece al período en que las reseñas de sus discos pasaron de 8000 a 800 caracteres, una devaluación acorde a la de la calidad comparada con sus trabajos anteriores. Los puntos altos eran "Marietta" y "Será".

18. Rey sol (2000)

El Rey estaba desnudo.

En el monólogo de "la ola", Hunter Thompson invitaba al lector a subir a un cerro de San Francisco y descubrir la línea que había marcado el nivel de máximo alcance de las aguas, el punto donde había roto la ola más alta, y que, a partir de ese momento, había empezado a retroceder. De alguna manera, Rey Sol es eso: retroceder.

El primer corte, "El diablo en tu corazón", hypeó la salida del disco con un video polémico para la época, con marcas de censura en algunos canales, cargado de violencia y personas del mismo sexo besándose. Parece viejísimo, pero esto fue hace apenas 20 años. Si Rey Sol fuera una película, sería Rocky V: solo una piña enciende el entusiasmo. “Vale” (dedicada a la épica de Charly García saltando desde el balcón) y “El diablo...” quizá representen ese puñetazo. Lo demás, olvidable como el boxeador Tommy Gunn.

17. El sacrificio (2013)

Los discos de 2000 tienen el sabor de una búsqueda que no termina de concretarse. Distinto a los que venía editando Fito Páez, El sacrificio tira un link a su producción en los 80. Apagó la luz y se metió en el soundtrack de un film noir con canciones que fueron escritas en el periodo 1989-2013. En palabras del músico, era su disco negro. “No la chingues buey”, “Inglaterra” y "El Fantasma caníbal'' (la canción más cercana a su etapa Giros publicada en este siglo) son las canciones más interesantes de este disco maldito (?).

16. Yo te amo (2013)

Hay muchos discos de Fito Páez enamorado. “No hago canciones muy lejos de mi vida”, explicó en una entrevista. El tema es que cuando el amor llega al rosarino, los acordes se abren y generan melodías que intentan dibujar la sonrisa típica de un sábado a la mañana. Una especie de felicidad ensamblada en Instagram. “Ojala sea” dedicada a su expareja, “Margarita” a su hija y “Sos más” para a su hijo Martín, porque la llegada de un amor potencia otros amores distintos.

15. El mundo cabe en una canción (2006)

El mundo ya cabía en una canción cuando Fito Páez compuso el collage rapeado que fue "Tercer mundo" (26 nombres propios en los casi cinco minutos que dura el tema). Este disco tiene más referencias beatleras que el jopo de Javier Parisi, el John Lennon de Lanús. Melodías pegadizas, letras sin demasiadas vueltas, coros de fogón y corazón contento. “Rolinga o Miranda Girl” y “La casa en las estrellas” son los highlights de un disco alegre ma non troppo. No era uno de sus mejores trabajos, aunque tuvo sus cucardas: fue disco de oro en la Argentina y ganó un Grammy latino como mejor disco de rock vocal.

14. Rock and Roll Revolution (2014)

Un disco de ruptura que responde a la sentencia calamaresca “todo lo que termina, termina mal”. Terminar mal significa, en idioma del rosarino, enchufar las guitarras y poner al límite su gola desencantada. El primer corte,“Rock and roll revolution”, levantó una relativa polvareda porque algunos entendían que la letra de la canción estaba dedicada a su expareja, la periodista Julia Mengolini. “Tendré que volver a amar”, cantada con ese fraseo intimista que Fito Páez suele encontrar al costado del camino, también va para el mismo lado, el de la decepción amorosa. Letras largas como proclamas y un encendido homenaje a Charly García, desde su foto en la portada hasta la inclusión del cover “Loco”: un disco directo de rock que intentaba retomar el camino iniciado en Naturaleza sangre.

13. Confiá (2010)

El campo de los sueños, una fábula beisbolística protagonizada por Kevin Costner y Ray Liotta, ocupaba a fines de los 90 esos espacios televisivos sin razón que son los sábados a la tarde. Entre bostezo y bostezo, del film surgía una frase contundente que podría haber sido tatuaje en el antebrazo o estado de WhatsApp: “Construye, que ellos vendrán”

Este juego de confianza es el leitmotiv de Confiá (pronunciada en argentino, con tilde en la "a"). En palabras del músico, las canciones salieron solas. Son composiciones sencillas y familiares que no aportan nada nuevo al canon del rosarino. El disco tenía otras pretensiones: buscar la belleza de lo cotidiano, el aura indestructible de un plato de milanesas un martes random. Fito Páez es consciente de su pasado (su touch de gloria) y pocas veces vuelve a sus años 80. “Yo no creo en volver a empezar”, respondía al interrogante en la hermosa balada "London Town", quizás el punto más fuerte del disco. Ahí, la milanga es a la napolitana.

12. Rodolfo (2007)

Si Rodolfo se cruzara con Let It Be Naked, le gritaría “¡Mucha ropa!”. Fito salió con lo puesto: él y su piano. Más contracultural que Bad Bunny cantando "La Internacional" con eructos. No hay una búsqueda de hit sino de realización personal.
Pocos artistas tienen la espalda y el talento para realizar un disco así. Ni Elton John ni Billy Joel se atrevieron a tanto. La chopinesca “Nocturno en sol”, “Cae la noche en Okinawa” y “Si es amor” dibujan el agradable mundo sonoro del hombre del piano. Si quedaste cebado con el solo de piano de “Cadáver exquisito”, este disco es para vos.

11. La ciudad liberada (2017)

Este trabajo, junto a La conquista del espacio, terminó de definir el sonido Fito Páez post 90: ambos tienen un sonido similar, que teje puentes con aquella década pero también se nutre con lo que sacó en limpio de sus borradores discos del año 2000. El resultado es una de sus mejores producciones en este siglo, desde el elegante homenaje musical a Charly “Tu vida, mi vida” hasta la potente "La ciudad liberada". “Vivir y morir en la calle”, canta el rosarino y sin darse cuenta escribía el prólogo del manifiesto anti meritocracia que fue "Canguro", de Wos. Y se planta con una oda a las chicas que llenan las plazas al grito “Que no haya ni una menos”. Disco de grieta: ellos o nosotros.

10. La conquista del espacio (2020)

El verdadero “mejor disco de Fito desde…” La conquista del espacio tiene buenas canciones, buenos feats (Lali Espósito en “Gente en la calle” y Hernán "Mala Fama" Coronel en “Ey vos”), composiciones que remiten a los 90, cuando era el rey de este lugar ("Resucitar" podría ser una canción de Circo Beat). "Yo creo que tu corazón lleva melodías/ De mucho tiempo atrás/ Que a veces te acordás / Y las volvés a cantar", entona en el tema que le da nombre al disco, como si la intención fuera conquistar ese espacio de tiempo que transcurrió sin un estribillo de Fito en la garganta colectiva. Y logra solidez al recortar la cantidad de canciones a la mitad del disco anterior. 

9. Del 63 (1984)

El puntapié inicial. Si bien Fito Páez ya era un artista reconocido como compositor y como tecladista de Charly García, en su primer disco solista empezó "googleándose” a sí mismo. Con el paso del tiempo, se entendió que mostraba las cartas y advertía que su vida desembocaba en canciones. En adelante, dejaría su sangre en cada track. Del 63 es un muy buen disco que mereció mejor sonido (como casi toda masterización local de los 80). En especial, “Tres agujas”, en palabras de Luis Alberto Spinetta, la mejor canción del rock argentino.

8. Naturaleza sangre (2003)

Naturaleza sangre es un disco de rock. "El" disco de rock de Fito Páez, en el sentido más amplio de la palabra. Había un corazón roto y tres minutos, o menos, alcanzaban para describirlo, con guitarras al palo que simplifican un mensaje de por sí claro: “Hay que salir al sol”. Esa era la canción que utilizaba el músico para darse aliento, quitarse el pijama y las lágrimas con la idea de no quedar estancado en el dress code de la decepción amorosa (y también para cobrar en Sadaic, ya que Marcelo Tinelli la utilizaba como apertura en uno de sus programas). Para salir, también, se necesitan amigos: Charly lo acompaña en el tema que da nombre al disco y Spinetta en “Bello abril” y “El centro de tu corazón”. Si los 90 de Fito no hubieran existido, este disco estaría en el Top 5.

7. Ey! (1988)

Ey! puede sonar como un grito que invita a espabilar del estado de angustia que sobrevolaba Ciudad de pobres corazones, pero en realidad fue una respuesta a la discográfica que había considerado que el nombre propuesto por el rosarino era demasiado largo (Napoleón y su dementemente emperatriz). “No más, por hoy”, canta en las primeras estrofas de "Lejos en Berlín", que abre el disco, para darle paso a un colchón de guitarras que recuerdan el rumor post punk de “Divididos por la felicidad”, de Sumo. Algo así como la luz al final del túnel. Había que seguir y atravesar la oscuridad de la tragedia plasmada en Ciudad de pobres corazones, con Ricardo Mollo y Diego Arnedo entre los músicos invitados (con sus oscuridades íntimas luego de la muerte de Luca Prodan). Y Fito salió a flote con un disco de reviente y poesía. “Polaroid de locura ordinaria” y “Solo los chicos” se convirtieron en clásicos.

6. Abre (1999)

Fito Páez llegó exhausto al fin del siglo, agobiado por la prensa y los fans. Demasiada exposición para quien deseaba ser un hippie en el subte. En este trabajo, las letras de las canciones son mucho más extensas que la de sus discos anteriores: tenía mucho para decir del lastre que le había dejado ser "El niño yo no fui" del rock argentino. Abre empieza con la canción "Abre", cuya primera palabra también es "abre": una puesta en abismo de ineludible apertura. Le sigue “Al costado del camino”, el primer single, una página arrancada (con los dientes) de su diario íntimo. En una melodía liderada por un rasgueo folk, el rosarino recita su historia como si se tratara de Ulises cruzando la ruta del desierto a bordo de un Valiant. En el cierre, con la balada "La despedida", Páez construye una advertencia: "Acá se termina una época". El último gran disco del rosarino antes de perder el mojo en el nuevo siglo.

5. Tercer mundo (1990)

El rosarino inauguró los 90 con un sonido distinto: se había acabado la larga noche de los 80 y amanecido un mundo nuevo que aún no había definido estilo propio. Este álbum fue una bisagra para Páez. Hubo un camino sonoro que empezó aquí y marcó el pulso compositivo en adelante, sacándose de encima cierta oscuridad (y ciertos excesos) de la década anterior. Esto se pone de manifiesto en “El chico de la tapa”, la continuidad rockera de la inocencia kitsch de “11 y 6”. Una verdadera selección de artistas invitados (Spinetta, David Lebón, Fabiana Cantilo, Celeste Carballo, Sandra Mihanovich, Andrés Calamaro, Batato Barea y Charly, entre otres), y canciones como “Dale alegría a mi corazón”, “Fue amor” o el rap (?) que da nombre al disco sentaron la base compositiva de lo que vino después.

4. Ciudad de pobres corazones (1987)

Más oscuro que Nick Cave fumando Parisiennes bajo la lluvia.

Fito declaró haber estado muy "punkeado" por el asesinato de su abuela y su tía abuela (sus madres sustitutas) en manos de un excompañero de secundaria. El inicio del disco es un teléfono de Entel sonando de madrugada: se trata de "Pompa bye bye", una breve introducción que lo tiene dialogando con la muerte mientras de fondo suena un colchón de teclados lúgubres que bien podrían haber sido el ringtone de Vincent Price.

Nada sería igual a partir de este disco. Sangra, todo sangra. Los teclados y los acordes, incluso sus alaridos en “Nada más preciado”, estaban afinados en sangre. Y detrás de la angustia amanece el desconcierto: “Ya que no hay regreso, ya que no hay salida, quiero que me digan cómo parar” ("De mil novecientos veinte"); “Me dirijo a ese punto donde hay algo y a la vez no existe nada / Me pregunto: ¿qué otra cosa puedo hacer? ("A las piedras de Belén"). Todo era así, oscuro y brillante. La luz no existía, no había sensualidad ni crónicas de amor. No había lugar para que Fito ofreciera su corazón, porque en esa puta ciudad mataban a pobres corazones.

3. Giros (1985)

Buenos Aires en los 80 era una película de Brian De Palma: violencia, oscuridad, sexo y drogas. Todo eso en una licuadora gigante que gira porque existe un cielo y un estado coma. El “verdadero” debut de Fito Páez. Elegancia y asfalto. Ian Curtis tomando Legui en un bar de Chacarita. Sin dejar de lado la ternura, porque "11 y 6" aparece como una flor que crece que entre las baldosas de la avenida (siempre la calle). Es la historia de amor entre dos chicos que venden flores para ganarse el mango. Cocaína y desenfreno. La primavera alfonsinista traía el destape y la exageración, y aparecían los carteles de alarma: “Tirate un cable a tierra”. Fito entendía la ciudad y se convertía en su cronista, la veía desde lejos y la sentía muy cerca.

2. Circo Beat (1994)

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Más 90 que el superpancho a un peso, Pizza Banana y comprar remeras por kilo en Florianópolis, territorio añadido al imperio menemista. Fito Páez venía de ganar invicto la Copa del Mundo con El amor después del amor y la tácita exigencia por mantener la vara pudo haber sido una presión enorme para cualquier artista. Al rosarino no le tembló el pulso, paró la tensión de pechito y la clavó al ángulo, donde las arañas tejen su nido. Si en un mundo paralelo Federico Fellini y Paul McCartney tuvieran un hijo, se llamaría Circo Beat.

La popularidad que le había traído su disco anterior sumada al mediático romance con Cecilia Roth fortalecieron en el rosarino aquellas ganas de ser un hippie en el subte, como cuando recién llegaba a Buenos Aires. De alguna manera, esa paz la buscaba regresando al barrio. "Tema de Piluso", "Mariposa Tecknicolor" (el hit que se le escapó a Elvis Costello) y "Normal 1" son canciones de nostalgia que repasan los años transcurridos en su Rosario natal. A estos puntos altos del disco se suman "She's mine" y "El jardín donde vuelan los mares", en la que Gabriel Carámbula dibuja un desgarrador solo de guitarra que se pierde en la fanfarria barroca del circo más alto, más tonto del mundo. La presentación fue en una serie de conciertos en el Teatro Ópera y, como broche de lujo, el estadio de River. Pedir más era demasiado.

1. El amor después del amor (1992)

Hacia 1992, Fito Páez era ya un músico muy reconocido -Tercer mundo había sido un éxito en ventas y nadie dudaba del talento del rosarino- pero aún no estaba subido al trono de hierro que compartían La casa García y la casa Spinetta. Fue por eso que en El amor después del amor el rosarino armó una ceremonia de entronización propia, algo así como Napoleón autocoronándose en Notre Dame. De este concilio participaron todos: Charly, Luis Alberto, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Mercedes Sosa, el Chango Farías Gómez, Celeste Carballo, Daniel Melingo, Fabiana Cantilo y Claudia Puyó. ¿La banda sonora? "El amor después del amor", "Tumbas de la gloria", "Dos días en la vida", "Tráfico por Katmandú", "A rodar mi vida", "Pétalo de sal"...

Todo lo que tocó este álbum, lo convirtió en récord: de las 14 canciones incluidas, diez fueron singles; vendió más de un millón de copias, lo que lo puso al tope de las ventas históricas del rock argentino; la presentación la constituyeron diez Gran Rex llenos y dos estadios de Vélez colmados, más uno adicional a beneficio de UNICEF.

Es que se trata del disco perfecto, el gol a los ingleses que soñó Maradona jugando en el barro de Fiorito, San Martín cruzando los Andes, subir al colectivo en hora pico y encontrar un asiento solo al lado de la ventana. De esas pequeñas y grandes victorias está hecho El amor después del amor. Y seguro nos quedamos cortos.