22/02/2018

Conseguir entradas para Patti Smith, odisea en el CCK

Jesús murió por el ticket de alguien, pero no por el mío.

Federico Kaplun / CCK / Gentileza

A las 13 de hoy, el Centro Cultural Kirchner abrió sus boleterías para quienes desearan pudieran retirar las localidades para las dos fechas que Patti Smith dará en Buenos Aires el próximo 28 de febrero y 1 de marzo. Afuera del edificio, la gente había comenzado a amontonarse desde mucho antes, sabiendo que la demanda para los shows que la cantante y poeta realizará en la sala Ballena Azul (con capacidad para 2000 personas) iba a ser muy alta.

Because the night

Los primeros en la fila, mate en mano, llegaron a la 1 de la madrugada. "Estamos acá sin dormir pero ansiosos de poder ver a Patti", comentó un joven tirado en el pasto junto a su guitarra, mientras aguardaba la apertura de puertas. A sus espaldas, más de 3000 personas se amontonaban calle abajo rodeando la plaza lindera al CCK hasta llegar al frente del edificio de la Prefectura ubicado sobre la avenida Ingeniero Huergo. Con una temperatura mayor a los 26 grados, los paraguas, pañuelos y mochilas como gorras sirvieron de paliativos ante las horas de espera. "¡Agua helada, la misma que toma Patti!", gritaba una y otra vez un vendedor ambulante. Mientras tanto, la gente de mitad de fila para atrás comenzó a sentir la paranoia de posibles colados. Organizadas en grupos de a dos, varias personas empezaron a transitar la fila al grito de "¡Vos te colaste, sabés quién sos, no te hagas el boludo!".

People have the power

Al momento de la apertura de boletería, trabajadores del CCK explicaron a los presentes que el ingreso sería en grupos de a 20 personas y que, como ya era sabido, se entregarían dos tickets por DNI. De inmediato, muchos intentaron la otra alternativa: conseguir sus entradas por la web. "Las entradas online ya están agotadas", gritó alguien. Alrededor de las dos de la tarde, la fila permanecía casi sin avances ya que, además, cada persona que ingresaba al lugar debía pasar por un detector de metales, haciendo que el trámite fuera incluso más lento. "Los primeros en conseguir sus entradas se pusieron a llorar adelante mío", comentó una de las trabajadoras. También añadió que en otro momento una persona quiso cambiarle, sin éxito, una localidad extra por una hamburguesa de un famoso local de comidas rápidas. "De acá para allá, fue", señaló a la fila un oficial de seguridad a las 3 de la tarde. El personal que custodiaba la fila ya había contado a cada persona y sabía que no había lugar para más mucha gente, aunque varios aún intentaban colarse. "A las cuatro tuvimos que cerrar las puertas del edificio porque afuera el ambiente estaba un poco raro", explicaron. Para ese momento, en la calle aún quedaban unas 300 personas a la espera de un milagro. Todo fuera por ver y escuchar a la madrina del punk.