26/10/2015

Suárez se reúne para tocar en el Festival de Cine de Mar del Plata

En exclusiva, Rosario Bléfari explica las razones detrás del efímero regreso de la banda.

Están quienes recorren la historia por los caminos principales, sin obstáculos que compliquen su marcha. También están quienes la recorren desde los márgenes, creando sus propios senderos. Suárez pertenece a este segundo universo: con la autogestión como bandera, y con la estela propia de un universo enigmático y misterioso, la banda liderada por Rosario Bléfari dejó una impronta fuerte en la escena independiente local a lo largo de los 90. A través de cuatro discos (Hora de no ver, Horrible, Galope y Excursiones), el grupo tejió su propia identidad a fuerza de misterio y poesía, hasta que se disolvió con el cambio de siglo, sin dar demasiadas explicaciones.

A quince años de su separación, Suárez revive por partida doble. Por un lado, Fernando M. Blanco estrenará en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata su primer largometraje, Entre dos luces: Suárez, primera parte. La película es el resultado de un trabajo de dos años en el que el realizador se zambulló en horas de material que la propia banda filmó durante su carrera, en situaciones de shows, ensayos y escenas cotidianas. “Cuando vi que teníamos más de veinte horas de material, decidimos que la película debía contarse sola, sin artificios”, detalla Blanco, que también se desempeña como guitarrista de Valle de Muñecas. A lo largo de 88 minutos, el film documenta los primeros años del grupo, cuando sus dos primeros discos eran poco más que un buen secreto a voces.

Suárez estará presente en el festival, y no sólo en la pantalla. El domingo 1° de noviembre, la formación original de la banda (Bléfari en voz, Gonzalo Córdoba y Marcelo Zanelli en guitarras, Fabio Suárez en bajo y Diego Fooser en batería) volverá a los escenarios, al menos por una noche. “Yo era de pensar que era algo imposible, hasta que le pregunté a los chicos, porque capaz que ellos tenían ganas. No iba a ser yo la que dijera que no, sería horrible eso”, reconoce hoy la cantante.

Ya no somos esa banda, hay otra cosa que nos hace tocar. De ninguna otra manera nos hubiéramos reunido.

¿Cómo surgió la creación de Entre dos luces?
Había una serie de videos que teníamos en distintos formatos, de las cámaras que habían pasado por nuestras manos, y los llevé a digitalizar. Casi los pierdo el mismo día que lo fui a buscar: tenía todos mis videos más los dvds a los que los habían pasado, me fui a comer una porción de pizza de parada en La Americana, y dejé la bolsa debajo de la barra. Me fui y los dejé ahí. Cuando me di cuenta, volví corriendo y por suerte la habían guardado, porque peligró todo. Vine a casa y por un par de días no vi nada, quedó ahí. Cada vez que veía ese material lo sentía como demasiado reciente, no le encontraba gracia, como cuando volvés de un viaje y te ponés a mirar las fotos y no te dicen nada porque está muy fresco el recuerdo. Esta vez no me pasó lo mismo. Por primera vez, sentí que con ese material tenía una distancia suficiente. El día que me  puse a mirarlo, aproveché para estar sola en casa y casi me descompuse. Era mucha cámara en mano, horas y horas de eso, y no podía parar de mirar. En un momento apagué todo porque estaba re mareada y cuando se lo mostré a Marcelo casi le agarra un síncope, porque había mucho material del que ni nos acordábamos.

¿Y en qué momento eso se convirtió en una película?
Fernando me escribió porque tenía ganas de hacer un documental sobre Suárez, en paralelo a esto que me pasó. Le conté que tenía una idea clara de cómo quería que fuera y él también tenía la suya. Una de las cosas que yo quería era que no hubiera nada externo. Ni material filmado ahora, ni entrevistas, ni voz en off, sino que fuera trabajado como found footage, que el arte fuera la edición. A él le gustó esa idea, pero teníamos la duda de si el material era suficiente, porque en este tipo de proyectos de reconstrucción por ahí hay poco filmado. Nos juntamos a verlo y ahí se convenció de que podía hacerse de esa manera, y me generó la confianza de darle todo. Yo confiaba en él a priori porque él conocía esa época, había venido a vernos, y también porque es músico. Todo ese aspecto suyo me daba seguridad, porque me parecía que esto tenía que ser algo musical.

¿Y cuándo viste el montaje final qué te generó?
Estaba todo bien, todo perfecto. Incluso en algunos adelantos que nos hizo estábamos todos convencidos de que así tenía que ser, que lo había interpretado desde su óptica personal. El arte de editar es la dirección misma de la película. Me saqué el sombrero ante Fer como cineasta. Me encanta ese tipo de trabajo, es lo que considero cine real. Agarrar material encontrado y hacer de eso una obra me causó admiración. Más allá de que somos nosotros los que están en la película, pude verlo como una obra.

¿La película te permitió poder ver a Suárez desde afuera?
De alguna manera, sí. A mí me gusta, me siento orgullosa. En todos estos años, cuando me preguntaban por Suárez, siempre mi respuesta fue “No puedo verlo, es como tener ojos en la espalda”. Esta película me devuelve una imagen a través de la cual puedo espiar. Lo documental está porque somos nosotros, no hay otra cosa en la pantalla que no sea nosotros tocando o cosas así. No hay nadie diciendo otra cosa tipo “yo los vi” o “yo los recuerdo, eran un desastre”. Es una construcción absoluta y en este caso tiene la característica de que no hay nada por fuera de nuestra propia mirada, porque las cámaras están manejadas por nosotros. Es como cine antropológico.

¿Y cómo llegaron a la decisión de hacer el show en  el festival de Mar del Plata?
A todos les pareció lo más natural y normal del mundo, y entonces me pareció que podía ser, no era algo tan imposible como yo creía. Tiene que ver con que ahora somos los actores de una película, entonces somos la banda de esa película. Eso nos libera de ser unos nosotros que regresamos, porque creo que a ninguno le gustaría. Ya no somos esa banda, hay otra cosa que nos hace tocar, de alguna forma. De ninguna otra manera nos hubiéramos reunido.

O sea que el que quiera volver a ver a Suárez, o viaja a Mar del Plata o se queda con las ganas.
Creo que sí, andá a saber qué pasará. Por ahí nos dedicamos a hacer una especie de cine musical, algo que tenga que ver con películas y tocar. Es una nueva etapa no sólo para la banda, sino también para nosotros como personas, reunidos en esta situación. Yo había abierto mi manera de tocar, colaborando con distintos músicos… Ahora me doy cuenta de que también, al abrir mi relación con todos estos músicos, tocar con Suárez es más natural también. Por un lado, son otros músicos más con los que puedo trabajar, pero también siento “Ah, esta era la banda”, como si hubiera dado un giro de 360° y hubiera vuelto a encontrarme con ellos.