12/01/2019

Una adolescente, dos suecos y un colegio católico: a 20 años de “Baby One More Time”, de Britney Spears

Mi soledad me está matando.

Captura de video
Baby One More Time

Exactamente 30 años después de la salida de Led Zeppelin I, otro álbum debut publicado un 12 de enero haría olas. En 1999, el año en el que Gustavo Cerati recorría Buenos Aires en helicóptero en el videoclip de “Puente” y Cher abría las puertas de la distorsión vocal con el uso del autotune en “Believe”, Britney Spears se convirtió en estrella pop global en tiempo récord gracias a …Baby One More Time.

Más allá de una serie de canciones pegadizas -la propia “Baby…”, y otros hits menos recordados como “(You Drive Me) Crazy” y Sometimes-, el disco es un reflejo de un momento de quiebre de la industria discográfica en general y el pop en particular, en una historia que merece ser contada.

Tan-tan-tan

Unos acordes sincopados de piano, una línea de batería, un suspiro sampleado, una guitarra rockera: no hay mucho más en la intro de “Baby…”, el corte de difusión que da nombre al disco, y así y todo es una de las canciones más reconocibles y pegadizas del universo pop. “Mi principal objetivo en este terreno es hacer buena música. Algunos se ríen cuando digo esto: pueden decir lo que quieran”, dijo ella en una entrevista de 1999 con Clarín. Si la música logra eficientemente su cometido, la letra merece un párrafo aparte.

Sigo creyendo

El cover low-tempo de Travis, que nació a modo de broma durante un show de la banda en un pueblo inglés llamado Robin Hood’s Bay, ayuda a analizar el texto sin distracciones. Apenas acompañada de dos guitarras acústicas, “…Baby One More Time” se revela como un relato universal de la obsesión que sufre alguien después de haber cortado con su expareja. “Mi soledad me está matando, debo confesar que aún tengo fe, dame una señal”. El que no haya pasado por eso jamás que tire la primera piedra.

Lost in translation

Hay un detalle difícil de ignorar: el estribillo dice “Hit me baby one more time”, o “Pegame una vez más”, lo cual parece referirse a una relación enfermiza y violenta. ¿Ese es el mensaje de la canción? Para nada: Martin Sandberg, el productor y cantante sueco que la escribió bajo el seudónimo Max Martin, buscaba reflejar el modo en el que los adolescentes estadounidenses de la época decían “llamar”. La frase correcta hubiera sido “hit me up one more time”, pero el cambio hubiera afectado la métrica; el sello discográfico, Jive, decidió quitar el “Hit” del título y publicar el single como “…One More Time”. Y todos felices.

Lo que no fue

TLC, el trío R&B al que Beyoncé definió como “la influencia de cualquier otro grupo de mujeres que exista hoy”, era el destinatario original del simple. “En ese momento pensaba: me gusta la canción, ¿pero creo que sea un hit? ¿Creo que sea para TLC?”, recordó T-Boz Watkins, una de sus integrantes, en una entrevista con MTV. “Con todo respeto para Britney, es buena para ella. Pero, ¿iba yo a cantar ‘hit me baby one more time’? ¡Claro que no!”.

En el libro The Song Machine, de John Seabrook, el compositor Steve Lunt plantea otra lectura: para él, Max Martin “creía que estaba escribiendo una canción de R&B, cuando en realidad era pop sueco. Era ABBA con groove”. “Ningún artista negro la iba a cantar. Pero esa era su genialidad: sin comprenderlo del todo, había creado un brillante sonido propio, y a las pocas semanas todos los productores estadounidenses iban a estar desesperadamente intentando imitarlo”.

The masterminds

“Baby…” fue el golpe final de un cambio de paradigma que había comenzado con el lanzamiento de “All That She Wants”, de Ace of Base, y que continuó con las primeras canciones de los Backstreet Boys: el epicentro global de la producción de hits dejó de estar en EE.UU. y el Reino Unido para mudarse a Suecia, donde continúa hasta el día de hoy. Desde los estudios Cheiron de Estocolmo, Martin y su mentor Dag Krister Volle -conocido por su nombre artístico, Denniz PoP- trastocaron el rol del productor y lo convirtieron en una pieza clave, quedándose con un porcentaje de regalías inimaginado para la época.

“Es fácil decir que producir esta música es solamente apretar botones en un estudio”, le dijo Denniz a un periodista de la cadena pública sueca SVT, “pero eso es como decir que escribir una novela es simplemente apretar botones en una máquina de escribir”. Tras su muerte en 1998, Cheiron cerró sus puertas y Max Martin fundó otra compañía, Maratone, desde donde trabajó con Katy Perry (“I Kissed A Girl”), Kelly Clarkson (“Since U Been Gone”), Taylor Swift (“Shake It Off”) y Ariana Grande (“Problem”), entre otros.

High School Musical

Lanzado algunos meses antes, en noviembre de 1998, el videoclip del primer corte de difusión muestra a Britney como una adolescente que fluctúa entre la inocencia y la sexualidad en una escuela católica. Nigel Dick, realizador de los videos de “Welcome To The Jungle” y “Wonderwall”, fue convocado para dirigir el corto. En el libro Britney: Inside the dream, de Steve Dennis, Dick contó que su plan era mostrar a Britney como una especie de chica superpoderosa.

“Britney odiaba mi idea, y [el sello] Jive también, así que me llamaron por teléfono y me pasaron con ella. Me dijo: ‘hagamos un video en el que estoy en la escuela mirando a muchos chicos lindos’. “Dios santo, soy un tipo grande recibiendo instrucciones de una nena de 16 años”, recordó haber pensado, para luego cambiar de opinión: “Ella sabe más de este mundo de chicas y chicos que yo”. Mal no les fue.

Oops, lo hice de nuevo

Max Martin recibió en 1999 el premio a autor del año de Ascap (el Sadaic estadounidense), en un reflejo de que todo marchaba sobre ruedas en la industria: la RIAA, el equivalente norteamericano de Capif, se vio obligado a crear el Álbum de Diamante para certificar discos que vendan más de 10 millones de copias. “Baby One More Time” alcanzó las 12.200.000, excediendo largamente ese hito, y en la Argentina (donde fue publicado el 17 de marzo por EMI) superó las 60 mil. De la mano de Britney (“Oops! I Did It Again”), N’Sync (“It’s Gonna Be Me”) y Bon Jovi (“It’s My Life”), Martin sumaría su grano de arena a los picos de ventas previos al auge del MP3. El derrotero del negocio discográfico y el de la propia Britney cambiarían rotundamente en los años subsiguientes; nada sería como fue en ese momento. ¿O sí?