23/05/2019

“Tommy”, de The Who, cumple 50 años

El disco celebra medio siglo sin atravesar una crisis de la mediana edad.

Heinrich Klaffs / Wikimedia Commons
Tommy

The Who tenía bastante en claro adónde quería llevar sus ambiciones al momento de crear Tommy, su cuarto disco de estudio. El sucesor de The Who Sell Out fue una ópera rock con 24 canciones esparcidos a lo largo y ancho de un álbum doble con un trasfondo basado en los traumas propio Pete Townshend. Pero, aun con la ambición en crecimiento constante, ninguna de las partes involucradas esperaba que su propia creación tomase la dimensión que terminó teniendo tanto en su elaboración como en su desarrollo posterior una vez publicado. En estudio, en vivo, en la pantalla grande o sobre las tablas de teatros y óperas de Nueva York y Londres.

Lo que para la gran mayoría fue una sorpresa por el tipo de propuesta, debe ser visto en realidad como la consumación de la forma definitiva de algo que hacía tiempo rondaba la cabeza de Townshend, aún en diversas materializaciones. A Quick One, el segundo disco de The Who, cerraba su lado B con “A Quick One, While He’s Away”, una canción de diez minutos en seis movimientos que contaba la historia de una mujer cuyo amante desaparece y regresa luego de un año. Al año siguiente, la banda lanzó el ya mencionado Sell Out, un disco conceptual en que las canciones están conectadas entre sí por falsos jingles de productos reales, como si se tratara de una transmisión radial pirata.

Inspirado por el gurú Meher Baba, Townshend buscó la manera de traducir sus enseñanzas a la música, y desistió del formato de canción en tanto single: toda composición pasaba a ser parte de un todo aún mayor, una pieza de un engranaje que cobraba dimensión una vez que era parte de la máquina en funcionamiento. Así dio forma a la historia de Tommy, el hijo de un soldado de la Segunda Guerra Mundial que, luego de presenciar cómo su padre asesina al amante de su madre, se vuelve sordo, mudo y ciego. En el camino, intentan sanarlo a través del uso de LSD, es golpeado por su primo y abusado por su tío hasta que encuentra una manera de comunicarse en el mundo a través de un pinball. Al recobrar sus sentidos, Tommy se vuelve un líder de masas que es derribado tan rápido como ascendió.

Planteada la historia, bajar la idea de la mente al estudio de grabación devino en una empresa agotadora que se tradujo a seis meses de grabación y otros dos de mezcla. Irónicamente, el tiempo invertido no se condice con la cantidad de elementos incluidos en el disco, con The Who en su formación más básica, Townshend en guitarra (principalmente acústica) y teclados, Roger Daltrey en voz y armónica, Keith Moon en batería y John Entwistle en bajo y un ocasional corno francés. Parte de la complejidad de su creación radicó en los pasajes instrumentales que conectan la historia, incluyendo la obertura faraónica del álbum, que hilvana distintos pasajes musicales de varias de las canciones.  

Una vez que el disco se materializó el 23 de mayo de 1969, lo que debía ser el final de un proceso creativo fue solo el comienzo: fue el eje de sus presentaciones en vivo entre 1969 y 1970, interpretado casi en su totalidad, como lo atestiguan su paso por los festivales de Woodstock y Isle of Wight y también por la Universidad de Leeds, que devino en uno de los álbumes en vivo más importantes de la historia del rock. Pero además, entre 1970 y 1972, Tommy fue adaptado primero al ballet por una compañía canadiense, luego a a la ópera (rock) con una joven Bette Midler entre sus filas y finalmente como sinfonía de la mano de una orquesta londinense. Finalmente, en 1975, el cineasta Ken Russell tradujo la historia a un delirio audiovisual con Daltrey en el papel protagónico, el resto de The Who en papeles secundarios y una serie de músicos amigos en roles clave: Tina Turner como Acid Queen, Elton John como Pinball Wizard, Jack Nicholson como The Specialist, Eric Clapton como un predicador, y la lista sigue.

El legado de Tommy puede medirse tanto dentro de The Who como hacia afuera. La búsqueda conceptual continuó en Townshend y su fallido proyecto Lifehouse (que devino en el disco Who’s Next) y también en Quadrophenia, que también pasó por la pantalla grande. En reiteradas ocasiones, la banda realizó shows o giras especiales para volver a presentarlo en vivo, y cuando no lo hace, le dedica un segmento entero en sus recitales, como en su demorado debut porteño en 2017. Al mismo tiempo, es difícil pensar en la mera existencia de American Idiot (Green Day), The Black Parade (My Chemical Romance) o hasta el propio The Wall (de ya sabemos quiénes)… y hasta el Indio Solari lo parafraseó en su primer álbum como solista. 50 años después y contando, el chico sordo, mudo y ciego se sigue haciendo escuchar.