09/01/2019

"Springsteen on Broadway", la representación y la intimidad

Saludos desde el Walter Kerr Theatre.

Netflix / Gentileza
Bruce Springsteen
Foto: Netflix / Gentileza

Por momentos luce como un Travis Bickle maduro que dejó su taxi en la puerta del Walter Kerr Theatre. En otros, la toma y la luz hacen pensar en Joe Strummer, aunque las viñetas sociales que salen de su garganta no sean molotovs como las del fallecido líder de The Clash. Pero no, no puede ser otro que Bruce Springsteen quien está sobre las tablas de ese recinto neoyorquino. Sin su eterna E Street Band, en este caso. Aquí la historia es otra: el recorrido de parte de su vida narrado de modo íntimo, ante un público reducido.

O, mejor dicho, la historia fue otra, porque Springsteen on Broadway fue un espectáculo que el Jefe desarrolló durante más de un año, de martes a sábados, y que le valió un premio Tony. Mediante un puñado de cámaras dirigidas con sobriedad y la alianza con Netflix, el recuento de lo vivido por el orgullo de Nueva Jersey llegó hace poco a las pantallas. Así, durante dos horas y media, Bruce Springsteen hechiza al público con sus anécdotas, sus reflexiones, su humor y sus canciones, en algunos casos en versiones completamente distintas a las que lo hicieron una estrella (con "Born in the U.S.A." como caso más notable).

"Escrito e interpretado por Bruce Springsteen", se lee en la pantalla al final, justo después de que el cantante recita ese "Padre nuestro" aprendido en Freehold a fuerza de repetición. Porque, claro, Springsteen on Broadway es un espectáculo teatral. Una representación. Sólo que la máscara del intérprete parece haber caído, o se trata del mejor posible para hacer del Jefe. Uno que puede repetir los mismos chistes durante 236 funciones y reírse como si acabaran de ocurrírsele, que se conmueve cada vez que recuerda a su padre, que se sube todas las noches al torrente de energía de su madre, que trae del pasado con el tono preciso las primeras palabras que le escuchó cantar a su amor Patti Scialfa.

Entonces, ¿todo es una ficción? ¿Un montaje basado en hechos reales para embolsar otros 113 millones en la boletería (y vaya uno a saber cuántos por el especial televisivo y el disco en vivo)? La evidente conexión entre Springsteen on Broadway y la autobiografía Born to Run aquieta los ánimos inquisidores: en la era de las biopics, el Jefe escribió su propio guión y actúa de sí mismo con una convicción encomiable.

No están todos los Bruces en Springsteen on Broadway, pero casi. Está el narrador de historias de la clase trabajadora, aunque se ríe de que nunca pisó una fábrica y "confiesa" que lo inventó todo. El que recuerda con precisión quirúrgica cada sensación de su infancia, desde la conmoción que le provocó ver a Elvis por televisión hasta los sentimientos encontrados al entrar a un bar a buscar a su padre. El que hace gala de un humor certero, como un Seinfeld católico del otro lado del río Hudson. El cantante que saca la voz desde las tripas, sin necesidad de mover su labio superior porque la mandíbula tallada de herencia irlandesa hace todo el trabajo.

Falta la electricidad única de su banda (que no estará formada por los mejores músicos, pero sí por los correctos, como él mismo lo da a entender) y el recuento se saltea unos cuantos pasos del camino al estrellato rockero. Pero está el sacerdote que guía a su comunidad a través de la fe y el político que se propuso ser la voz crítica en los momentos necesarios. Está el nostálgico de tiempos idos y el que espera abierto lo que traerá el futuro. Está el artista seguro de su creación al punto de cruzar el país para encontrar su destino, al volante de un auto aunque no sepa poner primera.

Y están "Growin' Up", "My Hometown", "My Father's House", "Thunder Road", "Born in the U.S.A.", "Brilliant Disguise", "Dancing in the Dark", "Land of Hope and Dreams" y "Born to Run". Canciones que todavía resuenan en el imaginario colectivo al que le dieron forma, aunque hoy las guerras, los barrios y hasta las músicas populares sean otras. Como un working class hero devenido en portavoz de una generación, Bruce Springsteen resiste al paso del tiempo como si estuviera forjado en un material diferente, único. Desde Asbury Park, la "intimidad" de un teatro en Broadway o la amplificación de un estadio repleto, su palabra llega certera, confiable y segura. Como cuando quien habla es un amigo.