05/01/2021

Ratones Paranoicos, un documental y la lluvia de héroes

Hola Polanski.

Netflix / Gentileza
Ratones Paranoicos

Hay un momento de Rocanrol Cowboys en el que a cualquier fan de los Ratones Paranoicos se le debe piantar el lagrimón. Es cuando Sarcófago habla sobre sus razones para la vuelta de la banda y lo que prima es "la cifra". Juanse, encima, deja bien en claro sus diferencias con los otros tres: la conversión del cantante al catolicismo no se lleva muy bien con viejos hábitos. Entonces, lo que en el documental que Netflix estrena este miércoles 6 debería ser el momento del gran anuncio se torna en un regusto ácido. ¿We're Only in It for the Money?

O, peor aún, ¿a esto llega una banda después de tantos años de escenarios, estudios, experiencias compartidas, momentos de mierda, egos, falopa, pequeñas iluminaciones, exposición mediática y el rock and roll como vicio (o uno de ellos)? Andrew Loog Oldham, el productor que los Ratones Paranoicos le sarparon a la historia stone, lo define en un pasaje del documental: "Cuando las personas hacen suficiente dinero en este negocio como para dejar de vivir juntos y empezar a vivir con sus novias para tener una vida diferente, las bandas empiezan a separarse. La dinámica de ambición y pobreza es reemplazada por la creencia de que tenés dinero".

Honestidad brutal: "No eran una banda, eran cuatro tipos que fingían", suelta el productor. Y justo en la primera resaca de la fiebre stone, después de que el cuarteto argento le abriera los shows en River a Sus Majestades Satánicas. Los brillos del rocanrol pueden ser engañosos, entonces. Nada que no se supiera de antes, pero escucharlo expuesto en carne viva y en la voz de los protagonistas no deja de ser un logro de los directores Alejandro Ruax y Ramiro Martínez, que firman el documental bajo el seudónimo Plástico.

No es la única virtud del envío, afortunadamente. Y si al terminar de verlo ese regusto ácido no persiste es porque en medio de todas esas frases está el rock and roll de los Ratones Paranoicos. Cuando las guitarras de esos dos tipos que hoy parecen no soportarse arrancan a puro riff sobre el bajo groovero de Pablo Memi y el ritmo inquebrantable de Roy Quiroga se produce algo mágico. Sí, puede que algunas partes de la receta hayan llegado vía Londres, pero fue en Villa Devoto donde se generó la alquimia. Y aunque hayan pasado demasiadas cosas -como queda claro en los 76 minutos del documental-, lo que sucede no es sólo el pálido reflejo del pasado, como pasa en algunos casos.

Ascensos y caídas, canciones memorables y otras olvidables, pánico y locura en Buenos Aires, Juanse mostrándole el culo al público o saludando emocionado al Papa, el compositor iluminado y la estrella estrellada, una época en la que los chicos querían rock y otra en la que esos chicos crecieron y siguen queriéndolo, una banda que le cambió la visión a más de cientos, los "descerebrados" que se comportan como niños ante la cercanía con los Stones: todo eso aparece en el documental, sin cabezas parlantes ni narrador pero con un material de archivo valiosísimo.

Con la muerte de Diego Maradona se recordó mucho una frase de Roberto Fontanarrosa: "no me importa lo que hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía". ¿Sería muy contradictorio trasladarla a los Ratones justo después de ver un documental que muestra qué hicieron los cuatro (o cinco, con el Zorrito Von Quintiero) con sus vidas y sus obras? Bueno, si algo queda claro mientras pasan los créditos finales es que la contradicción es parte del motor de Juanse, Sarco, Pablo y Roy en su conjunto. Y también que nadie lo hace como ellos.