06/12/2019

"Portrait", de Yann Tiersen: la vida sin "Amélie"

El francés revisita su obra para demostrar que es mucho más que una chanson macanuda.

Christopher Espinosa Fernández / Gentileza
Yann Tiersen

Lo que todo el mundo sabe: Yann Tiersen hizo la música de Amélie. Lo que no tantos saben: Yann Tiersen odia la música de Amélie. O mejor, sin exagerar: no le tiene ni la cuarta parte del cariño que uno supone que un artista le tendría a un disco suyo que vendió un millón y medio de copias y le diseñó el flequillo a una generación de aspirantes a manic pixie dream girl con vestiditos a lunares. 

El problema, dice, es que no lo representa. Tiersen ve la música como “un equilibrio entre la luz y la oscuridad”, y siente que esa oposición se perdió en aquel soundtrack. “Se usó sólo para momentos luminosos, o se la vio únicamente como música hermosa, y toda la oscuridad se perdió”, le dijo en febrero de este año al periódico británico The Independent. La “francesidad al palo”, casi caricaturesca, no es la mejor ventana a la obra de un artista que sí, es francés, pero también se formó en la música clásica desde los seis años, se desconó la cabeza de adolescente con el industrial-experimental de Einstürzende Neubauten, pasó su juventud tocando la guitarra en bandas punk-noise influenciadas por Joy Division y los Stooges y terminó de autoconstruirse en el post rock y el minimalismo de Steve Reich. 

Los que salieron a buscar más Yann Tiersen después de quedar fascinados con la fantasía de acordeones, cafecitos, boinas y croissants de la película de Jean-Pierre Jeunet se encontraron, entre otras mil cosas, con “No Mercy for She”, un tema de 2004 en el que toca un patrón de piano repetitivo y grave sobre el que la cantautora Shannon Wright susurra con el ánimo de quien ve irse el colectivo al llegar a la parada en una noche de lluvia. Tomémonos un segundo para imaginar sus caras.

Harto de tanto despiste, este año Tiersen se planteó la necesidad de ofrecerle a su público (cautivo o potencial) una obra que muestre todos los recovecos de su trayectoria por fuera de cualquier reduccionismo. La opción más fácil era el siempre injusto best of, reformulado como “This is…” para la generación Spotify. El francés, menos cómodo que amante de las proezas, descartó el compilado y eligió una alternativa más elaborada y personal: un retrato.

“Siento que vuelve a poner mis temas en contexto para que la gente pueda escuchar mi música y verla por lo que es y no por lo que se ha utilizado”, dijo en referencia a Portrait, la obra en cuestión. La palabra clave es contexto: lo que hace Tiersen es construirle a esas canciones que se le escaparon un marco que las contiene. Para eso no las arranca de sus discos viejos, las amontona y las manda al mundo a que hagan lo que puedan en una recopilación, sino que las recrea de cero con un concepto que las une y les devuelve el sentido.

Ejemplo: en Portrait aparece “La Dispute”, tema que musicaliza una tierna escena de Amélie en la que un hombre de 50 años se reencuentra con una caja que guarda todos sus recuerdos de la infancia. Sobre él, Tiersen dice en su site oficial: “Es sobre la violencia extrema, la sangre, la muerte y el extraño estado de shock que atravesás en los momentos posteriores a que algo horrible pasa. Es uno de mis tracks más oscuros y siempre me sentí molesto con la idea de que la gente piense que es algo romántico para escuchar en una cita”. La nueva versión no es radicalmente distinta, pero en el nuevo entorno deja de estar condicionada por los gestos infantiles de Audrey Tautou y recupera su pesadez. 

La concepción del disco da vuelta el proceso habitual de composición, grabación y presentación en vivo. “Normalmente vos hacés un álbum y después salís de gira y ahí maduran las canciones, y al final pensás ‘mierda, ¡esto es mejor que lo que está en el disco!’”, le dijo a la revista MusicTech. Para el tour de su último trabajo ALL (también de 2019) ensayó con su banda muchos de sus temas viejos que, sobre las tablas, se resignificaron. Esa fue la génesis de Portrait, que como todo retrato no es la repetición de la cosa, sino la reproducción desde una perspectiva intencionada, la reconstrucción con diferencias, imperfecciones y mejoras.

Siguiendo con el juego de opuestos que tanto le gusta al autor, las licencias que se tomó para versionar sus canciones chocan contra la hiperfidelidad del método que eligió para grabarlas: en vivo, con todos los músicos tocando al mismo tiempo en su estudio y en una cinta de 2 pulgadas en 24 pistas, para luego mezclarlas en estéreo también en cinta y masterizarlas de ahí al vinilo. En un mundo digital, Tiersen se radicalizó en lo analógico. “Creo que no traducir la música a números lo cambia todo. No es una cuestión de exactitud, sino algo liviano y orgánico. Es electricidad, una reacción física de punta a punta, desde el micrófono al magneto a la cinta y de ahí a las membranas de los parlantes o a las púas de los tocadiscos. Y todo eso tiene lugar en el mundo real”, le dijo también a MusicTech. 

La retrospectiva abarca desde su debut The Waltz of the Monsters del 1995 hasta sus últimos trabajos EUSA (2016) y el mencionado ALL. Entre los 25 tracks también hay tres estrenos; uno de ellos se llama “Prad” y tiene como invitado a Stephen O’Malley, el cerebro del monstruo drone metal Sunn O))), que con su guitarra áspera convierte lo que sin él sería melancolía en rabia contenida. La lista de colaboradores también incluye a John Grant, a los italianos de Blonde Redhead y al inefable Gruff Rhys de Super Furry Animals, que aporta su voz a lo más parecido a un hit que tuvo Tiersen por fuera de Amélie: “Monochrome”. 

Dicen que cuando un artista publica canciones, las pierde y pasan a ser del público. Lo que Yann Tiersen hace en Portrait es reunir un rebaño que se le había ido demasiado lejos, emprolijarlo y volver a soltarlo. Quienes sólo quieran chanson para bares, sírvanse pasar por la otra puerta.