12/09/2019

Por qué vale la pena ir a ver "Yesterday", la película inspirada en los Beatles

Oh, I believe.

Universal Pictures / UIP / Gentileza
Yesterday

“Un mundo sin The Beatles es un mundo infinitamente más horrible”. Esa podría ser la tesis que expone Yesterday, la bella película elaborada desde el pulso narrativo de Danny Boyle (Tumbas al ras de la tierra, Trainspotting) que se estrena hoy. De hecho, esa sentencia, se esgrime en los labios de uno de los tantos personajes que pueblan la historia, pero no daremos más datos para no adentrarnos en las arenas movedizas (y muy arbitrarias) del spoiler.

Mientras desde Generación X (1994) Ben Stiller decoraba los posmodernos 90 con "My Sharona" de The Knack, Boyle regalaba una de las mejores aperturas de la historia del cine con Iggy Pop y David Bowie al compás de "Lust for Life" en Trainspotting. El realizador dibujó mejor que nadie la cultura nihilista del escocés medio en ese minuto y medio de secuencia inicial. La música, al igual que en la obra de directores como Scorsese o Tarantino, producen sentido y un juego simbiótico como eje del relato. Boyle siempre supo manejarse con comodidad y apelar a otros recursos inteligentes como su capacidad para construir relatos desde diferentes géneros.

Yesterday parte de una premisa simple pero efectiva: el famoso disparador “¿qué pasaría si…?”. Y, en este caso, los puntos suspensivos se completan con los Beatles. O, más precisamente, sin la música de los Beatles, si no existiesen las canciones – probablemente- más importantes de la historia de la cultura popular. ¿Cómo se llega a eso? A partir del punto de vista de Jack Malik (Himesh Patel) un joven de ascendencia india que trata de consagrarse como músico indie en Suffolk. Claro que, como diría AC/DC, “It’s a long way to the top if you wanna rock and roll”: a Malik nada le sale bien y después de tocar en una suerte de Lollapalooza local, en una pequeña carpa alternativa muy vacía, siente que su camino ha llegado al fin.

Danny Boyle, como en ¿Quién quiere ser millonario? (2008), demuestra una calidad única para la dirección de actores y crea una película de personajes alrededor del protagonista. Hay un apagón (literal) mundial sin demasiada explicación; en ese momento, Malik sufre un accidente. Se recupera pero, poco a poco, descubre que The Beatles no existió nunca en esta nueva realidad que lo encuentra.

¿Dónde radica la maravilla de Yesterday? En que Jack debe recordar las canciones de su grupo favorito (que lo fue de todo el planeta) para que su legado no muera. La construcción de la lista de temas, la (re)creación de cada una de las canciones, es una experiencia en sí misma. Y ahí están las imágenes de Liverpool que le sirven de inspiración, las estrofas olvidadas de "Eleanor Rigby", y sus tradicionalistas padres indios intentando escuchar por primera vez “Let it be”. Hay cientos de gags perfectos en torno a la cultura pop y, cabe mencionar, la presencia de Ed Sheeran excede la cita. Su personaje -preparado para Chris Martin en el primer borrador del guion, aunque el líder de Coldplay no pudo comprometerse con el proyecto por temas de agenda- es clave, con un gran peso en el relato.

Yesterday funciona como una suerte de comedia indie pop, pero también es una historia romántica. Es que al lado de Jack está la hermosísima Ellie Appleton (Lilly James), su amiga de toda la vida que lo banca hasta el cansancio porque, claro, lo ama desde siempre… o desde ese momento en que lo vio entonar una versión “más que decente” de "Wonderwall" cuando tenía doce años.

La capacidad de Himesh Patel para generar empatía con el personaje es notable. Y mucho tiene que ver con su muy buena performance como actor y como músico: él lleva adelante las ¡17! versiones de los clásicos de los Beatles que suenan en la película. Pero también hay un acierto en la ejecución: son versiones más ásperas que, por momentos, recuerdan a Backbeat (1994) aquella película acerca de los Fab Four que tomaba su etapa iniciática en Hamburgo. Hay una identidad en la música que hace más verosímil la premisa del relato.

Danny Boyle dibujó una película simple, pero hasta lo sencillo en sus producciones tienen un costado lírico, perfecto. Hay una profundidad que excede a la premisa y es lo mejor a lo que apuesta el film: la cultura popular, la música en general, es esencial para lograr la felicidad. Cada película de Boyle es una parte de una gran pieza musical y esta, justo esta, tiene la mejor música de todas.