18/05/2019

Música y feminismo: 20 frases de las integrantes de Ruidosa en Buenos Aires

Un martillo para romper el techo de cristal.

Eugenia Kais / Gentileza
Ruidosa

La industria musical latinoamericana tuvo un cimbronazo necesario con la aparición de Ruidosa, un colectivo nacido en Chile y que busca -en sus propias palabras- “la transformación social y cultural a través del empoderamiento de las mujeres en las industrias creativas”. Definida como “una comunidad interdisciplinaria, inclusiva, internacional y feminista”, la red fue pionera en analizar la presencia -o ausencia, para ser justos- de artistas mujeres en los lineups de los festivales y los nominados a los galardones de la región.

Dos integrantes de Ruidosa, la diseñadora y comunicadora Giovanna Roa y la cantautora Francisca Valenzuela, visitaron por primera vez Buenos Aires el viernes como parte de una mesa de debate de In/Out, un espacio de diálogo para integrantes de la industria vernácula creado como antesala del Festival Nuestro.

A continuación, las frases más relevantes -sobre la participación de ambos géneros en eventos masivos, la lucha feminista regional, las leyes de cupo femenino, y el rol de mujeres y disidencias en toda la escena musical- de las invitadas internacionales de un panel que también contó con la presencia de Miss Bolivia, Valeria Zamparolo (British Council) y Sofía Trucco (Fémina, Sof Tot).

Desde 2016 nos dimos cuenta de algo que estaba faltando. No había data, no había información, no había una forma concreta de argumentar cuál era el vacío, cuál era la falta de participación [de las mujeres en la industria de la música]. Nos preguntamos entonces cuántas mujeres tocaron en festivales latinoamericanos; partimos en 2016 y cada seis meses lo hemos ido nutriendo para tener un comparativo. (Giovanna Roa)

Analizamos 66 festivales de la región; hicimos foco en festivales masivos y que se realizaran en Chile, la Argentina, México y Colombia, considerando que son puntos estructurales dentro de la industria de Latinoamérica. Acá hay tres hallazgos de los que queremos partir: primero, que ningún festival en toda América latina supera el 50% de mujeres. Segundo, que la participación de mujeres -incluyendo bandas mixtas- no supera un cuarto de los números artísticos de ningún festival en Latinoamérica. Y que, si consideramos la participación de proyectos exclusivamente hechos por mujeres, el porcentaje casi nunca sube del 10%. (Giovanna Roa)

A 2016 teníamos un 76,9% de hombres y 9,1% de mujeres. En 2017, 10%. En 2018, 10,1%. Nuestro diagnóstico hasta ahora es que, si seguimos haciendo las cosas igual a como la estamos haciendo ahora, si todo sigue el ritmo natural, van a pasar 100 años y ni siquiera vamos a haber alcanzado el 50%. (Giovanna Roa)

La participación de hombres está mucho más arriba que la de mujeres y la de mujeres está muy cercana a la de proyectos mixtos; tampoco es que las bandas mixtas permeen más en la industria. (Giovanna Roa)

En los períodos que hemos investigado, la participación [de mujeres] se mantiene en torno al 10%. Y eso significa, y creo que esto es lo más brutal, que absolutamente todos los festivales de Latinoamérica tienen un 90% de participación de hombres. Así, cuando lo vemos para el otro lado, se entiende lo abismal que es [la diferencia en la participación]. (Giovanna Roa)

Los cinco festivales con menos mujeres solistas son el Cosquín Rock, de la Argentina, con un 2,2% de participación; Rock al Parque, de Colombia, con un 3,6%; Pal Norte, de México, con un 5,8%; Vive Latino, de México, con un 5,9%; y Stereo Picnic, con 7%, de Colombia. Las cifras son directamente vergonzosas, no existe otro adjetivo posible. (Giovanna Roa)

Los cinco festivales con más mujeres, lo que debería leerse como “oh, lo están haciendo muy bien”, nunca superan el 22%, 23%; bueno, el Ceremonia sí, con el 29%, que es el que más tiene, en México. La Cumbre del Rock, en Chile, 23,8% -de lo que se enorgullecen profundamente y sigue siendo bastante insuficiente-; Comunité, de México, 21,1%; Bahidorá, en México, 20,5%; y Nrmal, de México, en 22,7%. (Giovanna Roa)

La Argentina es un ejemplo muy clave para las activistas de Latinoamérica; la masividad, la fuerza y la energía que tuvo la marea verde acá ha sido la que ha modificado también el activismo en Chile. Para nosotras, las activistas feministas de Chile, ustedes son un referente muy importante, y tenemos mucho que agradecerles también respecto a lo que han activado. Y acá en particular sabemos que cuando las actrices, las cantantes, las mujeres de las industrias creativas entraron al movimiento, lo amplificaron y le dieron una voz aún más fuerte. (Giovanna Roa)

La marea verde, la movilización feminista regional, ha tenido un impacto en el plano emocional: genera una sororidad real, genera la posibilidad de autoaceptación, de seguridad sin vergüenza. Cuando empecé mi carrera, decía ‘yo tengo ambición’, y todos me decían “ah, ¿sí que tienes ambición?”, como que creerse bacán es malo. Tú no puedes perseguir tus sueños porque eres “accidentalmente exitosa”, no porque tú trabajas duro. Si eres exitosa es porque te lo dieron, no porque trabajaste. (Francisca Valenzuela)

En Chile, llevando un camino tangencialmente mainstream, me era muy difícil acercarme a esos círculos [de los principales festivales], y eso que he sido independiente toda mi vida: todo mi trabajo ha sido sin discográfica y sin management. Pasaba que no solo no veía mujeres sino que sentía que tenía que defender mi espacio. (Francisca Valenzuela)

Hicimos el primer panel en 2016 buscando esa data [de participación de mujeres] y gugleaba, gugleaba, gugleaba, y encontraba información de países anglosajones o un poco de España, pero de la región no. Por eso creo que lo importante de tomar cosas de [festivales de] esta envergadura es porque resuenan en la prensa, resuenan en el mainstream, en el foro público. Buscamos generar la atención y después decir “mira, están todas estas organizaciones que están haciendo cosas increíbles, relevantes, a conciencia, por todo el mundo”. Y ese, al final, es el punto, como también decir que hay una diversidad de voces que hay que visibilizar y nuevas maneras de hacer las cosas. (Francisca Valenzuela)

Hay un problema sistémico -no solo en la música, en todas las industrias- de comportamientos, de discriminación, de abusos, de falta de porcentajes de participación. Problemas reales que están en la raíz de la industria. Creo que lo emocionante de la marea verde es que da la seguridad para decir que de esos sistemas se puede crear uno nuevo. (Francisca Valenzuela)

Hay un sesgo de que la opinión que tenemos nosotras las mujeres vale menos cuando viene desde la huata [NdR: el estómago], esta cosa de decir “yo siento que somos menos en el espacio de la música”. Y, claro, llega un hombre, llega este patriarcado que está instalado y dice “es que tú eres más sensible”. La herramienta de la data nos permitía despejar esa primera variable de lo emocional; podíamos mostrar que era una realidad. (Giovanna Roa)

[En el proyecto de ley de cupo femenino] se exige que el 30% de la participación en los eventos masivos de música debe ser de mujeres. Podemos estar todos de acuerdo con que es importante la participación de mujeres, pero lo importante es hacer un doble clic en [entender] por qué y para qué. Y en el proyecto se plantea la búsqueda de la visibilización del referente. Que no sean sólo referentes masculinos, que podamos tener una concepción de qué es el éxito, o de qué es lo que uno puede hacer, que no sea sexista, que esté fuera del sistema patriarcal. (Giovanna Roa)

Si nos damos cuenta de algo, hay que hacerlo visible: darnos cuenta de que no hay mujeres en un directorio, en un sindicato, en un festival. ¿Y qué se hace después? Hay que implementar algo si queremos cambiarlo, porque la naturalidad de uno como ser humano es seguir lo que uno conoce. Entonces, si los programadores de festivales se conocen entre ellos y están juntándose a tomar un trago en un bar, con los artistas que conocen o con los que ellos se identifican, ¡obvio que van a elegir a los rockeros tradicionales, porque son los que les gustan a ellos! (Francisca Valenzuela)

Las mujeres hacen que las industrias musicales existan. La groupie es por epítome la mujer que hace que existan el pop y el rock. Hay en esa argumentación [de que el cupo femenino no es rentable económicamente] la idea de que la mujer es subvalorada como consumidora. (Francisca Valenzuela)

Si vemos el estudio de Ruidosa que habla acerca de los premios latinoamericanos, como los Grammy, los Billboard o los 40 Principales, la conclusión más importante no es solo los números abismales -que, por cierto, son similares a los de los festivales- sino que, a la hora de ser nominadas, una mujer gana [estatuillas] la misma cantidad de veces que un hombre. Es decir, la barrera de acceso es la nominación, no ganar. Entonces, ahí te hace pensar que algo está pasando en el camino, que no llega esa oportunidad. (Francisca Valenzuela)

En nuestros paneles hemos invitado muchas veces a mujeres a participar y nos dicen que no, que no quieren. Y no porque tienen un problema con Ruidosa, sino porque dicen “no, no soy experta, no corresponde que yo esté ahí”. “¡Pero nosotros te estamos llamando a ti, queremos que tú estés ahí!” Así que hay un trabajo de incentivar la participación [de mujeres] para que se haga algo natural. (Francisca Valenzuela)

Está en nosotros no solamente hacer ruido sino también abrir la puerta a un diálogo, porque sino nada avanzaría. Y esa posición es difícil, es incómoda y es agotadora. (Francisca Valenzuela)

Hay una exigencia de ser la mejor feminista del mundo siempre, que no está tan lejana de la exigencia de ser la más bonita, la más dulce, la más tierna; te pone en un lugar de exigencia que coopta tu capacidad de generar tu identidad, tu individualidad, de una manera libre. Han habido muchas críticas a Ruidosa por el abuso del pop o por entrar de esta manera más masiva, y hemos tratado de entender (…) que es difícil ser perfecta dentro de los estándares del patriarcado y también dentro de los estándares del feminismo. (…) Es muy interesante esa tensión, y cada una lo vive de manera distinta. (Giovanna Roa)