30/08/2019

Los sellos independientes se reinventan en la era del streaming

Ultrapop, Concepto Cero y Los Años Luz suman décadas de música.

sellos independientes

La movida era simple: fichabas un artista, le financiabas el disco y cobrabas una parte de lo que vendía. Los CDs salían de a cientos de miles, las grandes discográficas hacían fortunas con eso y los sellos independientes bastante menos, pero respetaban las decisiones del artista, mantenían un estilo personal a través del tiempo y -mal que mal- vivían.

De repente, un día, no hubo más discos. Los CDs pasaron a juntar polvo en anaqueles de cuarentones o esconder patentes de las multas fotográficas, mientras las playlists se hacían carne en los más jóvenes. En ese contexto, las majors (Sony, Warner, Universal) diversificaron su oferta de servicios, apostaron al pop y al urbano, y se nutrieron de los millones y millones de pasadas en las plataformas de streaming.

Distinta fue la cuestión para los sellos independientes: generalmente dedicados al rock o a subgéneros “adultos” de la música popular y sin números digitales que garanticen supervivencia (ya ni hablar de ganancias jugosas), se vieron obligados a adaptarse para no extinguirse. Muchos quedaron en el camino y otros, por suerte, siguen entre nosotros. Del grupo de sobrevivientes, tres celebran aniversario redondo en 2019: Concepto Cero cumple diez años, y Los Años Luz y Ultrapop van por las dos décadas.

“El modelo de negocios mutó”, dice Nani Monner Sans, quien junto a Javier Tenenbaum fundó Los Años Luz en 1999 para editar pop, electrónica, tango, folklore y un montón de cosas que le escapan a los dictados de la moda. “Muchos sellos empezaron a dedicarse a la producción de los shows de sus artistas y al negocio editorial con los derechos de autor. En nuestro caso, quedamos sobre todo dedicados a la distribución y difusión de los discos en tiendas digitales, y además representamos a un par de artistas de nuestro catálogo: Martin Buscaglia y Los Nuñez”.

De forma similar se reformuló Ultrapop. “En sí no somos más un sello discográfico sino lo que se conoce en todo el mundo como una empresa de servicios de sello. Es una mezcla de distribuidora y sello, porque uno puede dar el servicio de distribución y que el artista esté en todas las plataformas, pero por otro hay que hacer la prensa y el marketing, y llevar la relación con las plataformas de streaming y un montón de otras cosas que antes no se hacían. Hablar con los medios y hacer conciertos como siempre, pero además hablar con las plataformas de streaming y hacer todo el trabajo de redes sociales”, dice su fundador Gustavo Kisinovsky.

Diez años más joven, Concepto Cero nació con un paradigma diferente. “Nunca pensamos en el físico como la base del negocio sino como un formato para expresar, más que como un bien comercial con el que nosotros íbamos a recuperar una inversión”, dice Nicolás Madoery, director. “Los independientes quedaron bastante arraigados al formato físico y no pasa como en otros lugares en los que son una usina de contenidos. Por ejemplo [el sello estadounidense de electrónica] Ghostly hace su taza, su café, toda su movida, y en algún momento nosotros con Concepto Cero aspiramos a eso. Además desarrollamos una empresa -432 Hz- en la que ofrecemos un montón de servicios vinculados a la industria de la música y al desarrollo integral de proyectos, y eso es lo que hace posible que continúe el sello”.

A los cambios específicos de la industria, para los sellos independientes se suman las variaciones del consumo (la “caída en desgracia” del rock como movilizador de ventas masivas) y los vaivenes de la economía local. “Los ingresos entran por abonos de Spotify y otras plataformas, que están pesificados. Cuando hay inflación, todo sube y uno sigue ganando en pesos, viene muy atrás lo que nos llega a nosotros y a los artistas”, dice Kisinovsky. Con más de 250 discos editados en sus veinte años de existencia, Ultrapop tiene entre sus “greatest hits” lanzamientos de Pavement, Cat Power, Björk, Queens of the Stone Age y demás (muchos de ellos gracias a su alianza con sellos como Matador, PIAS, Mute, Bella Union, Heavenly, Partisan), como así también el maravilloso Piano de Daniel Melero con el que todo empezó en el 99. “Sólo en el último mes sacamos canciones de Skay, de Hugo Lobo, de Mimi Maura y Sergio Rotman, de Dancing Mood, de Mal Momento y de catorce artistas más”, cuenta Gustavo.

Los Años Luz tuvo su gran momento gracias a la tele. “Fue un hito Kevin Johansen con su tema en la novela Resistiré. Fue venir viendo en blanco y negro y pasar a ver en colores: lluvia de pedidos de la noche a la mañana”, dice Nani. También el haber desarrollado a Lisandro Aristimuño potenció al sello: “Su destape desde el segundo disco fue un proceso a gran velocidad hacia la popularidad. Enorme artista”.

En tanto, Concepto Cero tiene en su catálogo obras de Marina Fagés, Lucy Patané, Shaman Herrera, Excursiones Polares y muchos más. “No paramos de sacar música: salió lo nuevo de Pommez, Proyecto Gómez Casa, el 30 de agosto sale Mariana Päraway y a fines de septiembre un EP de Juana Molina”, dice Madoery. Los festejos por el décimo aniversario empezaron en abril con una fiesta en La Tangente. “También lanzamos un ciclo en Rosario, posiblemente hagamos algunos ciclos más en otras ciudades argentinas, sacamos un video de recapitulación de los diez años y estamos sacando una serie de playlists que hablan de la identidad del sello”.

Los Años Luz tuvo su cumple a principios de julio, también en La Tangente. Axel Krygier, Lisandro Aristimuño, Ezequiel Borra, Martín Buscaglia, Lucas Marti, Cecilia Pahl y varios más se turnaron para celebrar desde el escenario.

Y Ultrapop festeja reviviendo la mítica fiesta Pop City, aquel encuentro “con la mejor música de los 70, 80, 90 y 00” que solía tener lugar en el sótano de Unione e Benevolenza en los primeros años del sello, pero que en su versión 2019 se hará en la Sala Siranush el sábado 31 de agosto desde las 23. “La gente no venía porque nos apoyaba a nosotros para sacar discos, sino porque se divertía con la música y el ambiente”, recuerda Kisinovsky, al tiempo que resume los malabares inherentes a toda gestión cultural: “La Pop City fue mi trabajo de oficina durante quince años. El sello nunca dejó dinero, siempre perdimos plata”.