03/04/2021

Música y videojuegos, un cruce con un universo de posibilidades

Una alianza ideal para meterle un par de fichas.

Cecilia Salas - Imagen tomada con Motorola One Hyper
videojuegos

Los cruces entre el mundo de la música y la industria de los videojuegos se están dando de forma cada vez más afianzada. En tiempos de reconfiguración por la pandemia, las formas de consumo, los mecanismos de circulación de la música, formatos, ventas y un largo etcétera, el universo gamer le dio a los artistas una plataforma novedosa para llegar a un público nuevo y masivo. Para muestra, valga un ejemplo: días atrás, el dúo Royal Blood estrenó “Limbo”, una canción adelanto de su próximo disco a salir en abril. Lo tocaron por primera vez en un show frente a una multitud, pero en una presentación virtual dentro del juego Roblox. 

Los británicos se presentaron con sus avatares en la octava edición anual de los Bloxy Awards, una ceremonia que premia a los usuarios, un universo de píxeles donde cada participante puede explorar y crear su propio juego dentro del videojuego y así conectarse con gente de todo el mundo. Lil Nas X fueotro de los artistas que se presentó virtualmente dentro de la plataforma, un espacio donde, solo durante el 2020, hubo 32.6 millones de usuarios activos por día.

 

Tan importante es la fusión entre ambos mundos que la música se transformó también en algo constante para Fortnite, el gigante del combate multijugador. La primera gran experiencia fue en 2019, cuando Marshmello, el productor y dj de música electrónica, dio un concierto para 10 millones de usuarios. Si bien en videojuegos y plataformas como Minecraft o incluso Second Life ya habían sucedido eventos similares, ninguno tuvo hasta ese momento una cantidad de asistentes tan notoria. “Si estás en una gira, el escenario de Fortnite tiene que ser una parada”, le dijo Nate Nanzer, el líder de asociaciones internacionales de Epic Games, a The Verge. “Es una forma única de llegar a una audiencia que quizás nunca podrías hacerlo por otros medios”. 

De hecho, esa masividad, el formato innovador y la posibilidad de plantear un mundo totalmente de fantasía en un espectáculo inmersivo para los usuarios fueron aún más allá con la siguiente apuesta de Fortnite: una serie de shows de Travis Scott. Para presentar “Astronomical”, en abril de 2020 el rapero transformó el mapa del juego, apareció como un avatar gigante y modificó todo el universo de los jugadores. Los shows, que se repitieron 5 veces y en diferentes husos horarios, llegaron a 27.7 millones de usuarios y se vieron 45.8 millones de veces, alcanzando así el récord de un concierto virtual potenciado, además, por el contexto pandémico del momento. 

A Travis Scott le siguieron muchos otros artistas, como J. Balvin con Bad Bunny, Rosalía y Sech de invitados, o el grupo de k-pop BTS, que estrenó en el juego su canción “Dynamite”. La experiencia visual varía según el show y todavía ninguna fue de las mismas dimensiones que la presentación de “Astronomical”, aunque se espera que los crossovers con la industria de la música sean una constante en Fortnite. 

Sin embargo, la relación entre la industria de la música y los videojuegos no solo sucede en la transformación de la realidad a la virtualidad. League of Legends, uno de los juegos de batallas multijugador más importantes, hizo el camino inverso. Riot Games Music Team, la división musical dentro del estudio desarrollador del juego, lleva adelante varios proyectos musicales para profundizar la relación de los usuarios con los personajes del LoL. En 2019, en la ceremonia de presentación del League of Legends World Championship, el campeonato mundial del juego, debutó K/DA, un grupo virtual de k-pop compuesto por personajes del universo del juego. Este grupo se sumó a otros como True Damage o Pentakill, proyectos de hip hop y heavy metal respectivamente.

La virtualidad obligatoria durante la pandemia, la posibilidad de nuevas audiencias, los diferentes recursos estéticos y visuales y las diferentes posibilidades de promoción y monetización dentro de cada juego ofrecen para la industria de la música un universo nuevo a explotar. Si Royal Blood se transformó en un cúmulo de píxeles para dar un show o Travis Scott se llevó a todos los asistentes a su show al espacio exterior, las posibilidades son infinitas.