03/09/2017

Los 20 años de "Alta suciedad", según Andrés Calamaro

Los demos, los estudios en NYC.... y todo lo demás también.

Andrés Calamaro

A principios de septiembre de 1997, Andrés Calamaro publicó su quinto álbum solista, Alta suciedad. Lejos de ser una pieza más en una extensa carrera, el álbum le valió al ex Abuelos de la Nada una trayectoria en solitario que ya no necesitaba sostenerse con los pergaminos del pasado. Después de la experiencia española de Los Rodríguez, Calamaro volvía a la Argentina con un álbum bajo el brazo que terminaría de posicionarlo en el rock local, con una gira que empezó ese mismo año en el teatro Gran Rex y culminó en abril de 1998 en el Luna Park.

Grabado junto a músicos que colaboraron con Tom Waits, Paul McCartney, Keith Richards, Iggy Pop y Blondie, entre varios otros, Alta suciedad tuvo a siete de sus 13 canciones ("Loco", "Flaca", "Me arde", "Crímenes perfectos", "Donde manda marinero", "Media Verónica" y el tema que da nombre al disco) en alta rotación durante meses, y casi todas ellas siguen siendo piezas inamovibles en los shows de Calamaro a la fecha. Y para celebrar su vigésimo aniversario, ¿quién mejor que el propio Andrés para escribir algo al respecto?

Unas cuantas cuestiones había que resolver para grabar Alta Suciedad. Varios meses antes de grabarlo, hice los primeros demos con algunas de estas canciones. Después, salimos de gira con Sabina y Rodríguez mientras armaba un estudio domestico instalado en un cuarto piso en El Barrio bohemio de Madrid. Cuando terminamos la gran gira, me volqué en el estudio casero a grabar (a razón de una canción por día) nuevas canciones y más cosas...

De la primera serie de canciones fueron "Crímenes perfectos", "El tercio de los sueños" y "Comida china", y de la siguiente temporada de maquetas aparecieron "Flaca", "Loco" y "Todo lo demás". "Alta suciedad" responde a unas grabaciones espontáneas en un formidable estudio de grabación de Madrid antiguo  y "Donde manda marinero" a una serie escalonada de grabaciones, primero en mi domicilio y después en estudio con un músico adjunto.

En una serie de faxes conversamos con Joe Blaney sobre la oportunidad de grabar un disco con los elementos ideales a su disposición . Ya habíamos trabajado en Málaga (El Cortijo) para Palabras más, palabras menos, e hicimos en Madrid las ultimas sesiones de Los Rodríguez para Hasta luego. Creo que era justo y oportuno ofrecer a Joe todas las herramientas y grabar como local en los Estados Unidos.

Elegimos entonces estudios, músicos y canciones para grabar en una fecha determinada por la disposición de Steve Jordan, sobre quien giraban las primeras grabaciones. Armamos entonces un súper casting con Steve en batería, Charles Drayton y Chuck Rainey en bajo y Hugh Mc Cracken en guitarra, además de una sesión con Eddie Martinez y otra en la que yo me hice cargo de la guitarra para grabar dos canciones.

Había que resolver el traslado de sustancias prohibidas a los Estados Unidos, un asunto que finalmente resolví con ingenio y camuflaje: debía llegar a Manhattan estrictamente vestido de negro para aparentar ser un habitante del Downtown. Llegar con una guitarra era más que parte del decorado pero colaboraba, y finalmente ayudé a una muchacha con su equipaje y entramos juntos por las aduanas dando la impresión de ser una pareja caucásica.

Era invierno y ya teníamos todo. Grabamos en trío y cuarteto las bases en un estudio de Nueva Jersey, y después hicimos las grabaciones adicionales en un estudio de Manhattan, con Marc Ribot, más Mc Cracken, los vientos de bronce, violoncelo, percusión, teclados y coros. Luego viajamos a un agradecido Miami (era invierno) para las mezclas... largas y científicas mezclas analógicas en un período anterior a la grabación digital.

Solamente usamos un par de cosas de aquellas primeras maquetas de Madrid: Escohotado (N: el filósofo español Antonio Escohotado, que recita en "Nunca es igual") y los coros procesados de "Todo lo demás". En Miami había buen ambiente y temperatura más cálida. Personalmente, atravesaba por una época luminosa pero turbulenta, como lo son la mayoría de las épocas. Habría tiempo para más turbulencia, sí, pero el brillo luminoso de este disco es difícil de repetir.

Algunas de estas canciones fueron muy bien recibidas por el publico y pavimentaron un camino de giras y gloria, aunque no fue hasta diez años después que celebraríamos giras por el continente. Es verdad, hay un antes y un después de Alta Suciedad (como de muchas cosas) en mi vida, pero había que esperar otros remolinos para finalmente salir a cantar estas canciones para el generoso publico hispano americano... Y veinte años (la nada, según Carlos Gardel) para saludar  este formidable aniversario de la publicación de Alta Suciedad.