20/03/2017

La historia de Kemba: del Bronx a las grandes ligas

De pobreza, tumores y cómo aprender a volar entre tanta gente de pie.

Kemba / Facebook

Cuando Kemba subió a uno de los escenarios del South by Southwest, su boca todavía tenía gusto a sangre. Una semana antes, camino a un show que tenía planeado en Los Ángeles, un grupo de desconocidos lo había asaltado en medio de la noche. Lo habían molido a golpes y dejado tirado en la calle con diez microfracturas en la cara. Los médicos trabajaron para reconstruir su rostro y el joven rapero de entonces 24 años logró, aún con varios puntos de sutura, cumplir con la fecha del festival que toma la ciudad de Austin por asalto.

La historia de Kemba tiene varios puntos en común con la de muchos otros raperos. Nacido como Matther Jefferson el 21 de noviembre de 1990, vivió su infancia en el South Bronx, una de las zonas más pobres de Estados Unidos, ubicada -en un contrapunto socioeconómico despiadado- frente a la opulencia de Manhattan. Pero a pesar de (o gracias a) ello, el barrio es sinónimo de hip hop desde que a principios de los 70 los pandilleros de la zona dieran nacimiento al género entre paredes pintadas y edificios incendiados. Inmerso en la pobreza y el peso histórico de su barrio, Matther se interesó por el rap gracias a los discos –sobre todo de Eminem- que le pasaba su hermano mayor.

Una vez que fue lo suficientemente grande como para que su madre le levantara el toque de queda de las 9 de la noche, eligió el alias YC The Cynic y comenzó a hacerse de cierto prestigio en las competencias de micrófono abierto de todo Nueva York. A su flow veloz de consonantes duras, el joven de apenas 17 años le sumaba metáforas elaboradas, un vocabulario mucho más amplio que el de sus competidores y una facilidad sorprendente para las rimas multisilábicas. Sin embargo, tenía bien en claro que -para forjar su propia carrera- debía demostrar que su consistencia iba más allá de la explosión del freestyle y podía mantenerla en un disco.

También sabía que el hip hop era una buena forma de ayudar en su casa. Su madre, fallecida hace apenas dos meses, era el único sustento económico desde que su marido la abandonara junto a sus tres hijos. Pero crecer en un hogar pobre no fue la única adversidad que afrontó Kemba en su adolescencia: aquel incidente de 2015 fue la tercera vez que una cirugía lo obligaba a cerrar la boca por un tiempo y dejar que las rimas murieran en su interior. La primera había sido cuando le sacaron un tumor antes de terminar la secundaria y tuvo que perderse su fiesta de graduación. Ya en 2014, con dos mixtapes editados y su flamante GNK (2013) bajo el brazo, los doctores habían vuelto a encontrarle un tumor en su boca. Esa vez, la operación había sido mucho más agresiva: le habían removido un pedazo de mandíbula y lo habían reemplazado con hueso de su cadera. Kemba había tenido que cancelar sus presentaciones y permanecer con la boca cosida durante seis semanas.

Cleveland. Noviembre de 2014. La policía de la ciudad recibe un llamado alertando que un hombre negro portaba un arma, probablemente falsa, y le apuntaba a la gente en el parque Cudell Recreation Center. Los oficiales Timothy Loehmann y Frank Garmback llegan al lugar. Bajan de su auto y, sin advertencia previa, Loehmann le dispara dos veces al sospechoso, que cae al suelo y muere en el hospital al día siguiente. La víctima se llamaba Tamir Rice, tenía 12 años y cargaba un arma de juguete. Nadie fue declarado culpable por el asesinato.

Un retrato de Tamir Rice con una corona ilustra la portada de Negus, el primer disco de Kemba bajo este nombre artístico y con el que volvió de su largo período de silencio obligado. Luego de trabajar haciendo delivery de comida para pagar la grabación, el joven del South Bronx finalmente encontró la solidez anhelada en un trabajo que combina temáticas raciales con poesía de altos niveles de sensibilidad. “Si le enseñás a ese niño a correr / aprenderá a esconderse por un día más / Si le enseñás a volar, le salvás la vida”, es lo primero que canta.

Aunque el disco no llegó a rankear en ningún anuario debido a la competencia de demasiados pesos pesados (Kanye West, Kendrick Lamar, Chance The Rapper, Frank Ocean, A Tribe Called Quest, Anderson .Paak), 2016 cerró para él con un premio mayor. El 16 de diciembre, Lamar ofreció un show en Brooklyn y una amiga suya consiguió entradas. Como suele hacer en algunas de sus presentaciones, el prodigio de Compton invitó a gente del público a rapear en el escenario. Luego de que un par de raperos hicieran lo suyo, el grupo de amigos de Kemba se abrió y comenzó a señalarlo para que suba a hacer lo suyo. A diferencia del resto, Kemba eligió rapear a capella. Después de su ráfaga de versos sobre el genocidio de su raza y el valor de la improvisación para seguir con vida, abandonó el escenario mientras Lamar se deshacía en halagos. “Recuerden ese maldito nombre: Kemba”, le advirtió a su público.