08/12/2020

John Lennon, entre paredes y puentes

Como la luna, las estrellas y el sol.

Gentileza
John Lennon

En el documental Imagine (1988) hay una escena filmada en 1971 en la mansión que John Lennon tenía en Ascot. Allí, el músico sale a hablar con un vagabundo que había estado viviendo escondido en la inmensidad del jardín de la finca. El intruso, un excombatiente de la guerra de Vietnam, había viajado desde San Francisco hasta Inglaterra para hacerle saber a su ídolo que sentía que sus canciones estaban escritas para él. Antes de que pueda escucharse el diálogo entre ellos, la voz en off de Yoko Ono aclara que el exbeatle solía compadecerse de este tipo de fans delirantes “porque se sentía responsable por esta gente ya que eran resultado de sus canciones”. Nueve años después, otra persona lo borraría de la faz de la Tierra poco antes de la medianoche del 8 de diciembre de 1980. Frente a la justicia, Mark David Chapman aclararía ser justamente eso mismo: resultado de las canciones de Lennon.

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Nacido en un hogar disfuncional y criado por sus tíos, John Lennon encontró en la música el elemento para sellar varios de los agujeros que sentía tenía en su vida personal. Cynthia, su primera esposa, solía decir que su apariencia durante la adolescencia -un teddy boy de jopo, campera de cuero y lentes de marco grueso- no eran más que la fachada para el afuera de un joven triste y frágil por dentro. Ese mecanismo de defensa fue el que terminó por definir su perfil dentro la dinámica de The Beatles: no era ni el correcto, ni el gracioso ni el callado. Lennon era el irónico, el mordaz. Según el propio músico, cuando los Fab Four todavía estaban en su camino hacia la fama, él era encargado de arengarlos en lo que era un viaje a la cima del “toppermost of the poppermost” (lo más alto de lo más pop / popular). Y lo lograron.

Pero un día Lennon se cansó de ser popular. Las decisiones que rodearon la dinámica de The Beatles en sus últimos tres años de existencia terminaron por forjar su nueva persona, lejos de los flashes y el jet set, y más cerca de las vanguardias artísticas y la militancia política, sobre todo pacifista. Sus happenings con Yoko Ono en los “bed ins” por la paz y la letra de "Imagine" le valieron (y le siguen valiendo, para varios desprevenidos), el mote erróneo de hippie, pero Lennon poco tenía que ver con una cultura a la que consideraba naif. Su norte político parecía estar en la bohemia neoyorquina y hacia esa ciudad emigró a principios de los 70.

Instalado en su nueva tierra, John Lennon fue cuestionado por sus detractores, que no concebían la idea de que el músico simpatizase con los intelectuales de Greenwich Village pero viviese en un fastuoso departamento antiguo en el edificio Dakota, frente al Central Park. Su respuesta fue Some Time in New York City, un álbum doble con letras sobre los derechos de la mujer, la cuestión racial en Estados Unidos y el rol dominante de Gran Bretaña hacia Irlanda del Norte. Sin la intención de complacer, el disco concluía con cuatro canciones grabadas (e improvisadas) en vivo junto a Frank Zappa & The Mothers of Invention. El disco fue vapuleado por la prensa, al punto que en la NME tildaron a Lennon de “viejo revolucionario y patético”, pero de todos modos tuvo su presentación en vivo en una función doble el Madison Square Garden en 1972, en los que fueron los últimos shows de toda su carrera. 

“No tengo ningún romanticismo con ninguna parte de mi pasado”, dijo Lennon en una entrevista con Playboy en septiembre de 1980. Si bien es alusiva a The Beatles en particular, la frase bien sirve para graficar la vida que el autor de “Imagine” llevó en sus últimos siete años. Grabó álbumes que jamás presentó en vivo, se tomó un “fin de semana perdido” (que duró año y medio) de su relación con Yoko Ono, y se la pasó de copas con con su amante, May Pang, y con Harry Nilsson. Tras tener que grabar un álbum de covers de rock and roll por una demanda contractual, Lennon aprovechó el nacimiento de Sean, su segundo hijo, para retirarse de la música por cinco años. 

A mediados de 1980, Lennon y un grupo de amigos se subieron a un barco para viajar desde Rhode Island hasta la isla de Bermuda, donde pasarían unos días de vacaciones. Una tormenta a mitad del viaje hizo que casi todos en el bote sufrieran mareos y fatiga, lo que obligó al músico a tomar el timón durante varias horas para recorrer las más de 700 millas de viaje. Tiempo después, diría que esa experiencia lo hizo sentir tan seguro de sí mismo que volvió a componer de manera fluida luego de un lustro. Su caudal creativo era tal que grabó un disco entre agosto y octubre, y lo publicó al mes siguiente. El 8 de diciembre por la tarde, John Lennon salió de su casa, le firmó una copia de Double Fantasy a un seguidor que lo esperaba en la puerta y se fue a una sesión en los estudios Record Plant. El ex beatle volvió a su casa poco antes de las 11 de la noche, su fan seguía ahí, pero en la mano ya no llevaba un disco.