05/11/2020

"Gambito de dama" y una melodía de Satie

Lenta y dolorosa.

Netflix / Gentileza

Cuando Elisabeth Harmon, la genia del ajedrez que protagoniza la serie Gambito de Dama, entra a su casa, su madre adoptiva, sentada al piano, toca una melodía: Fa-La-Sol-Fa-Do-Si-Do-Re-La. Todas las notas duran lo mismo. Se trata de la Gimnopedia N°1, de Erik Satie, cuya partitura indica que debe interpretarse de un modo "lento y doloroso". La melodía -que también es una cadencia- dibuja una onda como la de una sábana que se despliega en en el aire antes de caer sobre el colchón. Por supuesto, la señora Alma Wheatley le cuenta que su marido la ha dejado.

La casa donde viven, ahora sin figura masculina, es de tonos pasteles. Mucho azul, mucho rosa, mucho empapelado. Una paleta y unas simetrías que parecen propias de Wes Anderson.

En Los Excéntricos Tenembaum, Wes Anderson hace sonar esa misma melodía durante el diálogo en el que Eli Cash le hace saber a su amigo Richie Tenembaum que está preocupado por él.

-Se sintió raro cuando me dijiste que estabas enamorada de Margo. Ella está casada ¿sabés? Y es tu hermana.
-Adoptiva.

La paleta de pasteles es acá, sobre todo, en escala de marrones.

El personaje Richie Tenembaum, un tenista que colapsó al no poder domar sus problemas existenciales, está basado, aunque libremente, en la ética y estética de un jugador de la vida real: el sueco Björn Borg, que se retiró a los 26 años luego de perder una final de Wimbledon, torneo que había ganado cinco veces consecutivas desde 1976 a 1980. Al episodio del retiro se lo llamó el "burned out". En criollo: "Tenía la cabeza quemada".

En un deporte que no promueve la amistad sino más bien todo lo contrario, Björn Borg se hizo muy amigo de Guillermo Vilas, a quien le ganó 17 de las 22 veces que se enfrentaron. Vilas también se quemó, aunque mucho antes y literalmente. Al principio del documental Vilas - Serás lo que debas ser o no serás nada, cuenta que uno de los primeros recuerdos que tiene de su infancia fue el de haberse quemado con fuego. Que ese dolor también le causó placer, y que fue esa dualidad la que buscó y lo movilizó durante toda su vida. Saber que para sentir el máximo placer tenía que ir al límite del dolor.

El mismo primer recuerdo cuenta Miles Davis en su autobiografía. A los tres años, según él, se quemó con fuego, accidente que le provocó miedo, pero también "un goce extraño". Y especula, con bastante de fantasía que le ayuda a construir su propio relato, que esa experiencia lo hizo sentir el placer de los límites, de sentir que solo ahí todo es posible.

La melodía de Satie -uno de los compositores franceses de quien Miles Davis tomó sus ideas impresionistas y de economía de notas- es tan etérea que encaja perfecta en casi cualquier contexto. En la escena de una película porno que alguna vez deambuló por la web, la Gimnopedia N°1 suena mientras dos actrices rubias flirtean en la cocina a punto de consumar un fetiche clásico del género: sexo entre madre e hijastra.

Una tensión homosexual no resuelta es la que siente el juez y poeta Emil Hallenberg ante el soldado Aaro Harjula en Lágrimas de abril, película finlandesa de 2008 que narra un drama durante la Guerra Civil de Finlandia, a principios del siglo XX. En una de sus escenas más poéticas, ambos dialogan sobre el futuro de Miina Malin, la prisionera del bando contrario a punto de ser enjuiciada y que Aaro ama en silencio. La cámara los toma desde atrás. Un mar que de tan azul es gris, ambos sentados en sillones de mimbre, el frío que les modera los gestos, las copas de vino sobre la mesa y el gramófono sobre una roca. Suena la Gimnopedia N°1 de Erik Satie. Fa-La-Sol-Fa-Do-Si-Do-Re-La. Todas las notas duran lo mismo. Y después, un disparo.