20/11/2019

"En vivo en Monterrey", la última odisea de Gustavo Cerati

De grabación de archivo a recuerdo del futuro.

Sony Music / Gentileza
Gustavo Cerati

A veces, algunos hechos fortuitos terminan teniendo un peso crucial con el paso de los años. El 19 de noviembre de 2009, Gustavo Cerati comenzó la gira presentación de Fuerza natural, su quinto disco de estudio, en el Estadio de Béisbol de Monterrey. Su equipo de producción decidió registrar el concierto para una transmisión online, pero lo que nadie se imaginó es que ese iba a ser el único testimonio audiovisual de una gira que terminó de forma abrupta y triste. Y por esas vueltas (o no) del destino, ese material se volvió el eje de un disco doble + DVD que opera tanto en el campo de la emoción como también en el de la nostalgia.

Como su nombre lo indica, Fuerza natural tour, en vivo en Monterrey, MX, 2009 (de aquí en más, En vivo en Monterrey)es el registro completo de ese puntapié inicial. Luego de hacer las paces con su propio pasado con el regreso fugaz de Soda Stereo (la autodenominada “burbuja en el tiempo”), Gustavo Cerati había ideado una gira tan ambiciosa como el disco que lo tenía de vuelta sobre los escenarios. En vez de intercalar sus canciones con las más viejas de su repertorio, decidió partir el show en dos segmentos opuestos entre sí, cada uno con su propio vestuario y puesta en escena, tal como lo anticipara en la prehistoria de Twitter. El primero, con la banda de riguroso negro, recorrió el álbum de manera íntegra. El segundo, con todos de punta en blanco, fue un repaso comprimido por su discografía solista.

Aunque su packaging incluya dos CDs, En vivo en Monterrey encuentra su razón de ser en lo audiovisual. Pensado como una concert movie (que pasó por una única noche por las pantallas de Cinemark Hoyts con carteles de sold out en varios complejos), el registro permite entender más el juego de contrastes entre ambos bloques del show. Durante el primer tramo, todo es sutil desde lo visual: apenas un telón que se cierra y abre funciona como único recurso escénico de un tramo en el que el protagonismo está en la paleta sonora del álbum. En estado de gracia constante, se puede ver a Cerati y su banda pasar de la psicodelia expansiva (“Fuerza natural”, “Convoy”) al pop vertiginoso (“Déjà vu”) sin que nada parezca forzado. Las piezas funcionan también en el intimismo (“Cactus” y “Sal”, con un final floydiano ausente en su versión de estudio) y en los chispazos guitarreros de un disco en el que la distorsión juega de visitante (“Dominó”, “Naturaleza muerta”, “Rapto”) en medio de alusiones a la numerología y la ciencia ficción old school.

Con un disco tan sobrecargado en lo tímbrico, Gustavo Cerati ensambló para el vivo una banda capaz de cubrir todos los frentes, con un nivel de despliegue notable. Gonzalo Córdoba y Richard Coleman iban de las eléctricas a las acústicas y de ahí al lap steel, a veces dentro de una misma canción, y tomaban el protagonismo de las leads en la coda de “He visto a Lucy”. Fernando Samalea logró no sólo reemplazar a todos sus predecesores, sino que además adueñarse de temas, como en una lectura de “Pulsar” con ritmo protoindustrial, con Fernando Nalé como socio necesario para la edificación de un groove macizo y sostenido. Desde el fondo del escenario, Leandro Fresco cumpía un rango de funciones que iban de lo básico (panderetas, cencerro) a lo complejo (sintetizadores, vocoder, samples). A su lado, Anita Álvarez de Toledo, una corista a la que el segundo plano le quedaba chico y saltaba a cobrar protagonismo (“Te llevo para que me lleves”).

Sin lugar para perlas ocultas ni anti hits, el segundo tramo del show funcionó como un best of de bolsillo. En un orden casi cronológico, dos canciones de Amor amarillo (las ya mencionadas “Pulsar” y “Te llevo…”) abrieron terreno a “Marea de venus”, pura sampleadelia de Colores santos en la que conviven Pixies, The Stone Roses y They Might Be Giants. Lo que siguió fue un ida y vuelta entre polaridades: de un lado, las baladas épicas (“Adiós” y “Crimen”, ambas cosecha 2006); del otro, Cerati, Coleman y Córdoba en plan guitar heroes  con una cuota reglamentaria de glam, a tono con la puesta de luces símil boite (“Paseo inmoral” y “La excepción”, con cita a “Rebel Rebel” incluida”). Y, para revalidar credenciales pop, “Cosas imposibles” y su estribillo efervescente. 

Antes de esto, hay un momento bisagra entre un segmento y otro. Aunque la intención de la gira era prescindir de las canciones de Soda Stereo, el autor de “Engaña” hizo una pequeña salvedad: el 4 de octubre de ese año había muerto Mercedes Sosa, con quien el músico había regrabado “Zona de promesas” para el álbum Cantora. Guitarra en mano, Gustavo Cerati interpretó esa noche la canción en un formato acústico al que su banda se acopló sólo sobre el final, como si nadie quisiera alterar el grado de intimismo y fragilidad de esa despedida discreta.

Hoy, viéndolo en una pantalla, todo fluye con una emotividad controlada hasta que se cae en la cuenta de que tiempo después él mismo sería el destinatario de esos versos en cuanto homenaje hubiese. Y de repente la ausencia se hace aún más irreparable.