14/11/2019

De tirar rimas en la plaza a los grandes escenarios: Duki y los inicios del trap argento

El camino al goteo.

Lauría Dale Play / Gentileza
Duki

“Estuvimos en el anfiteatro y, nada, es una sensación de placer, nervios, sensaciones…”, dice Duki, con el pelo negro sin teñir, la cara limpia de tatuajes y los dientes todavía libres de grillz de oro, minutos después de ganar su primera y única fecha de El Quinto Escalón en agosto de 2016.

Por ese entonces, el anfiteatro del Parque Rivadavia era el centro de mayor exposición al que un freestyler o batallero podía aspirar. Para esas fechas, el recorrido de Duki los fines de semana era muy distinto al de hoy: de Madero a Plaza Irlanda, de la Irlanda a Las Vegas y de Las Vegas a El Quinto. Todos los sábados y domingos en las plazas, tirando rimas improvisadas tomando Brahma con su crew de siempre, la Comunidad Mutantes Krew, integrada por estrellas de las batallas (como MKS y Wolf) y del trap (como Midel, Dam y Klave).

Anticipando la llegada de la segunda edición del Buenos Aires Trap, ya te contamos cómo llegó el trap desde Atlanta a Buenos Aires. Ahora, y junto a la cerveza que acompaña al trap argento desde sus inicios, es el turno de repasar cómo fue que Duki construyó su carrera (y las bases del género) desde las juntadas con amigos y hacia los grandes escenarios.

En El Quinto Escalón, la competencia de plazas más importante de freestyle en español, solían dar premios a los dos MCs que alcanzaban la final. Lógicamente, el ganador se llevaba los más jugosos. Remeras de emprendedores under, entradas para eventos de free o shows de rap, tatuajes originales y, entre otras cosas, la más importante: una grabación en El Castillo Records, un estudio amigo de Muphasa y Alejo (los organizadores de El Quinto) donde grabaron figuras como Dani, Kódigo, Sony y Malajunta Malandro. 

De ese premio, salió un track llamado “No vendo trap”, que su propio autor, Duki, definió como “un primer tema que no tenía muchas ganas de sacar con una letra más o menos rápida”. Así como la elaboración del tema y la letra fueron rápidos, también lo fue la escalada de reproducciones que tuvo el videoclip oficial. A los tres días, superó las 300 mil visualizaciones. A los cinco, las 700 mil y ya los alumnos en los colegios empezaron a hablar de ello como algo histórico dentro del mundo de las batallas y de la música en Argentina. ¿Cuántos músicos en la era de internet habían logrado semejantes números?

A la semana ya había cruzado la barrera del millón y, a la siguiente, la de los dos millones. “De rapero a rapero: conseguite un beatmaker que te haga beats originales”, le dijo Muphasa a Duki en una entrevista con Damn (Vorterix 92.1). “Hoy soñás conmigo… ¡cuidado el derecho de autor!” le tiró Dtoke, el campeón internacional de la Batalla de los Gallos Red Bull en 2013, en una exhibición en Mar del Plata. ¿Por qué? Resulta que, para hacer el tema millonario, Duki y Warrobit, el encargado del mastering de “No vendo trap”, le habían pedido el beat a Pa$ha, un productor francés que les concedió los derechos de la instrumental gratis pero que, al ver que la canción había conseguido números exorbitantes en tan poco tiempo, decidió denunciarlos en YouTube y la plataforma bajó el video.

Mientras los integrantes de El Castillo apelaban la denuncia de Pa$ha, Duki empezó a cranear el siguiente tema junto a Klave, sin videoclip y con atisbos de lo que hoy es el lenguaje inclusivo: “Txdx Violeta”. Si bien no tuvo los resultados del primero, Duki volvió a mostrar, con un estribillo pegadizo, que la música era el lado para donde tenía encarar. Si bien en las batallas era admirado por su flow y el armado de las barras, no tenía ese espíritu batallero que requiere el oficio (“¡Si trato de punchlinear pierdo todo lo que tengo!” dijo también en Damn refiriéndose a su flow yanqui de cabecera).

A partir de la salida de algunos temas de Duki junto a algunos personajes de la movida freestylera, éstos últimos comenzaron a delinear su carrera como artistas dejando de lado la batallera. En “B.U.H.O.” explotaron Midel y Khea; en “Mojaa” Duki puso en boca de todos a Bhavi; Alejo, el histórico presentador de El Quinto Escalón, abandonó La Cofradía para formar Modo Diablo bajo el flamante nombre de Ysy A; Ecko y Lucho SSJ (que el público de El Quinto había bautizado como “el guachín”) comenzaron a hacer de las suyas y algunos competidores históricos como Sony y Dtoke vieron en el género un terreno fértil para inmiscuirse, aunque sin mucho éxito. En el medio de todo esto, en abril de 2017, Duki y Paulo Londra, junto a Sync y Wolf, sacaron un tema juntos llamado “Astral”, una gema oculta que muchos fans de ambas deidades del trap argento todavía desconocen.

“Para mí, si sos original, llegás lejos”, le dijo Duki a NSZ, uno de los primeros youtubers dedicados a subir entrevistas con raperos, en el backstage de la Big Bang, un evento de freestyle realizado en noviembre de 2016 en el que Duki no compitió. Esas palabras, sin buscarlo, lo definieron a él mismo. Definieron a un freestyler de 20 años que, tres años después, se convirtió en una de las estrellas musicales más relevantes del país y del género del que, de alguna forma u otra, por su carisma y por su talento, supo hacerse dueño.