17/05/2016

El día en que Bob Dylan se enfrentó a su propio público

Se cumplen 50 años del grito de "¡Judas!" durante un show en Manchester.

Daniel Kramer / Gentileza Sony Music
Dylan

"¡Judas!". El 17 de mayo de 1966, un grito seco atravesó la platea del Free Trade Hall de Manchester, como un misil teledirigido al escenario en el que se encontraba Bob Dylan junto a su banda, The Hawks. Lejos de ser un episodio aislado, la intervención fue el punto cúlmine en una situación tensa entre artista y público. Sin saberlo, tanto el espectador que espetó la frase como los músicos que generaron su disconformidad estaban escribiendo una de las páginas más destacadas de la historia del rock. Pero para entender la magnitud de la escena es necesario remontarse un año atrás en la historia y cruzar el Atlántico.

Después de cuatro discos acústicos, Dylan optó por colgarse una guitarra eléctrica en 1965, y la decisión no fue fácil de digerir por quienes veían en él un trovador anticonformista comprometido con la lucha social. Con Bringing It All Back Home, el autor de "Mr. Tambourine Man" decidió electrificar gran parte de su repertorio ("Subterranean Homesick Blues", "Maggie’s Farm", "Bob Dylan's 115th Dream"), y reservar el formato acústico para canciones que iban de lo íntimo a lo surrealista y abstracto ("Gates of Eden", "It’s All Over Now, Baby Blue"). Sería el primero de varios de los volantazos que daría en su carrera sin preaviso.

En ese mismo año, Dylan giró por Inglaterra desde el 30 de abril al 10 de mayo, un tour que D.A. Pennebaker registró en el notable documental Don’t Look Back. En pantalla se puede apreciar cómo el músico rehuye de las conferencias de prensa en las que lo califican como un cantautor de protesta y cómo interpreta con desgano un repertorio que ya parece sentir ajeno, provisto sólo de su armónica y su guitarra acústica. Al volver a Estados Unidos, las cosas fueron bastante distintas al pasar por el Festival de Newport, en la que sería su tercera (y última, al menos por cuatro décadas) aparición sobre su escenario.

Dylan había participado en Newport en 1963 como un talento promisorio y de nuevo al año siguiente, ya en ascenso. Su tercera aparición lo encontró al frente de su banda, que irrumpió con una versión rabiosa y electrificada de "Maggie’s Farm" que dejó boquiabierto a un público conservador que se tapaba los oídos sin disimular la cara de espanto. Cuenta la leyenda que el prócer del folk Pete Seeger amenazó con cortar con un hacha el cableado principal para frenar lo que calificaba como un estruendo atroz (muchos años más tarde lo negaría en el documental No Direction Home, de Martin Scorsese, aunque otros lo confirmaran). Después de tres canciones, Dylan abandonó el escenario y regresó ante el pedido del público, sólo para interpretar un par de canciones a desgano con su guitarra y una armónica prestada por un espectador.

De vuelta a Manchester: antes de su regreso a Inglaterra en 1966, Dylan ya había publicado otro disco eléctrico, Highway 61 Revisited, cuyas canciones todavía no habían sonado en vivo en la otra orilla del Atlántico. De rigurosa ropa de cuero y lentes Ray Ban Wayfarer, y con una backing band nueva (los ya mencionados The Hawks, que al poco tiempo se convertirían en The Band), Dylan presentaba un show partido en dos: un segmento de siete temas desenchufados, interpretados con mismas dosis de urgencia y desencanto, y un bloque final a banda completa, en el que no sólo repasaba canciones de sus dos últimos trabajos, sino que también le permitía electrificar algunas de las luminarias de sus primeros discos. Lo que en un segmento era aplausos y ovaciones, en el otro era caos y confusión. En cada parada de la gira europea, la escena se repetía sin solución de continuidad, pero una sola palabra en el Free Trade Hall mancuniano fue tan aguda y lacerante como para dejar una huella indeleble.

Mientras Dylan y su banda afinaban instrumentos después de una versión acalorada de "Ballad of a Thin Man", el anónimo grito que lo acusaba de vender su arte por treinta piezas de plata cual apóstol traidor no pasó inadvertido en el escenario (ver minuto 1.55 de este video). Hasta ese entonces, Bob y su banda habían hecho oídos sordos de las quejas de su público más conservador y tradicionalista, pero en ese instante en particular algo pareció romperse. Mientras el teatro estallaba en aplausos ante la intervención, el propio Dylan redobló la apuesta con una frase ingeniosa ("No te creo, sos un mentiroso"), para luego dar la espalda al público y darle a su banda una indicación taxativa: "Play it fucking loud!". Lo que siguió a continuación fue una versión atronadora y extensa de "Like a Rolling Stone", con la banda en ebullición pura y su líder arrastrando las palabras con rabia, como si esa letra pasara a ser un acto catártico necesario.

Después de morderse la lengua a lo largo de toda una gira en general y un show en particular, Dylan no pudo esquivar la situación y decidió salir al cruce de su propio público, algo más que impensado para la época. La grabación del show, que circuló durante décadas como disco pirata hasta que el propio Bob lo editó oficialmente dentro de su colección de archivo Bootleg Series, deja al descubierto que, una vez terminado el show, la ovación fue unánime. A lo largo de su carrera, Dylan cambió de piel cuantas veces quiso con mayor o menor grado, pero su reacción en el Free Trade Hall pasó a la historia no sólo por la novedad, sino también por ser el primer registro concreto de un artista dispuesto a darle la espalda a su propio público en pos de sus propias convicciones.

MIrá la versión completa de "Like a Rolling Stone" grabada en Manchester en 1966: