13/02/2020

¿De qué está hecho el primer disco de Black Sabbath?

50 años de diablo, metal y misterio.

Wikimedia Commons
Black Sabbath

Todos, del primero al último. ¿Metallica? Sí. ¿Los blackmetaleros noruegos que incendian iglesias, duermen en los cementerios y sacan fotos de sus compañeros suicidados para usarlas en la tapa del próximo disco? También. ¿Los grupos de metalcore para adolescentes con los padres separados que dan piola en Instagram? Anotalos. ¿Horcas? Claro, pa. ¿Limp Bizkit? Bueno, hay límites. Pero la idea es clara: si tocás heavy metal, sí o sí le debés tu mismísima existencia a Black Sabbath.

No es que antes de Black Sabbath no hubiera rock pesado: bandas como Vanilla Fudge o Blue Cheer ya venían endureciendo la milanesa desde hacía un tiempo. Pero Ozzy Osbourne, Geezer Butler, Bill Ward y -más que nadie- el jefazo Tony Iommi inventaron en su primer disco una nueva forma de hacer música, una que hacía que sus raíces bluseras bajaran y bajaran hasta tocar el averno. Hace exactamente 50 años se publicaba Black Sabbath, la hermosa aberración con la que el cuarteto se presentó ante el mundo y lo convirtió en algo mucho mejor.

¿Y de qué está hecho? De todo esto.

Boris Karloff

I tre volti della paura no era un nombre tan ganchero para una banda de heavy metal como Black Sabbath, así que por suerte eligieron el título con el que la película de Mario Bava se estrenó en Gran Bretaña. Black Sabbath consta de tres historias (El teléfono, Los Wurdalak y La gota de agua) presentadas por Karloff, ex Frankenstein. Un día el bajista Geezer Butler pasó por un cine en el que la estaban dando, vio la larga fila de gente esperando para entrar y se le prendió la lamparita: de ahí en más ya no se llamarían Earth. El 30 de agosto del 69 hicieron debutar su nuevo nombre.

Metal (literalmente)

Black Sabbath se formó en Birmingham. Birmingham era (seguramente sigue siendo) un bajón. Sale el sol alrededor de 62 días al año nada más. La humedad galopante te hace doler los tobillos y te eriza el pelito. El paisaje es mayormente gris, y cuando termina el gris empieza el gris oscuro. Lo que más se veía en aquella época eran fábricas, más que nada dedicadas a la manufactura de productos de hierro y al acero. Completamente comprensible que ahí mismo se hayan formado Judas Priest y Napalm Death, no tan lógico que también sean vecinos los muchachos alegres de la Electric Light Orchestra y Duran Duran.

El diablo

Black Sabbath

Como era de esperarse, Mandinga está por todos lados en el disco en cuestión. Las tres notas del riff de “Black Sabbath” forman un tritono, intervalo musical conocido en la Edad Media como diabolus in musica. Esta misma canción está inspirada por un episodio sobrenatural: Ozzy le prestó a Butler un libro ocultista escrito en latín, el bajista lo leyó y se fue a dormir y cuando se despertó vio a una figura negra parada al pie de su cama (y el libro había desaparecido). “N.I.B.” -que no es un acróstico de Nativity in Black como se cree sino que refiere al tipo de barba que usaba el baterista Bill Ward- cuenta la historia de un diablo que se enamora y se reforma.

Música clásica

Entre 1914 y 1916, Gustav Holst compuso su suite The planets. Cincuenta y pico de años después, Geezer Butler le tocó un fraseo del movimiento “Mars, the Bringer of War” a Tony Iommi, el guitarrista la limó en colores y al otro día llegó con el riff de “Black Sabbath”. Un dato curioso es que “Mars” también le sirvió de inspiración a John Williams para componer la música de Star Wars, a punto tal que la pieza de Holst funciona perfectamente como score apócrifo de la película.

Django Reinhardt

Era el último día de Iommi en una metalúrgica: había conseguido trabajo como guitarrista de una banda que se iba de gira por toda Europa y, por hacer las cosas bien, fue a laburar aunque sabía que renunciaría al salir. Él era soldador, pero ese día faltó la señora que trabajaba en la prensa doblando planchas de metal, así que lo pusieron ahí. En un momento pisó el pedal y la guillotina le cayó sobre la mano derecha: ahí quedaron las puntas de sus dedos anular y mayor. Se le vino el mundo abajo: era el fin de su carrera musical. Eso, hasta que el gerente de la fábrica fue a visitarlo y le hizo escuchar un disco de Django Reinhardt, guitarrista de jazz belga de los años 30 y 40. Reinhardt también había perdido la movilidad de dos dedos de la mano que se usa para digitar en el diapasón (Iommi es zurdo) pero logró seguir tocando. Motivado por su colega, Tony se hizo unos dedales con plástico fundido. El resto es historia. 

H. P. Lovecraft

“Behind the Wall of Sleep”, tercer track del disco, está basado en Beyond the Wall of Sleep, un cuento corto que publicó el maestro del horror en 1919. En el texto (y un poco más veladamente en la canción: recordemos que Iommi dijo alguna vez que en esa época fumaban tanta macoña que ni ellos sabían qué querían decir) se cuenta la historia de un médico que estudia los sueños de un supuesto paciente psiquiátrico para comprobar que en realidad se trata de un alienígena.

Una tal Louise

black sabbath

¿Quién es la mujer de la tapa? Se dijo que era la mujer de Bill Ward, que era Ozzy disfrazado, que era una bruja y que era una fantasma que apareció cuando se reveló la foto, pero la explicación es bastante más terrenal: era una modelo contratada por la discográfica. “No tuvimos nada que ver con el arte de tapa. La foto se sacó en el molino de Mapledurham. El día que sacaron la foto no estuvimos ahí, pero sí conocimos a la chica que aparece en ella. Un día vino a un show y se presentó”, cuenta Iommi en su biografía Iron Man. La señorita en cuestión nunca reclamó públicamente su lugar: apenas trascendió que -quizás- se llamaba Louise. El mito es que nunca apareció porque murió en un accidente poco después de la edición del disco. Elegimos creer.

Testosterona

“No sé cuándo tocamos por primera vez ‘Black Sabbath’, pero me acuerdo perfecto la reacción del público: todas las minas se fueron corriendo del local, gritando. ¿La idea de estar en una banda no sería ponerla, más que hacer que las minas se vayan corriendo? Después se lo reclamé a los otros”, dijo Osbourne en su biografía I am Ozzy. Hay que reconocer que tiene un punto.