22/02/2021

Conocé Calar Music, el sello de San Francisco que edita en vinilo al under argentino de los 90

Sigue girando.

Calar Music

“Soy una persona a la que le gusta hacer esto. Calar Music no tiene estructura de sello. Es una sola persona, que soy yo”, dice Cristian López sobre el emprendimiento discográfico que hace más de una década mantiene activo en San Francisco. Instalado en la Costa Oeste, adonde emigró en 2009, López comenzó a publicar material de bandas locales, y ahora es el responsable de recuperar en vinilo discos de Dios y Suárez, que estaban descatalogados desde hace varios años y ahora tendrán una nueva vida en 12 pulgadas. 

La odisea discográfica de López nació a finales del siglo pasado en Buenos Aires. Bajo el nombre de Calar Discos, llegó a publicar simples en 7 pulgadas de Pablo Krantz y No:id:, pero al poco tiempo quedó en stand by. “El problema que tuve fue que hice los simples en República Checa y cuando traté de ingresarlos al país era una ridiculez de plata todo el tema de la aduana, en parte por mi propia ignorancia y no ser una persona orientada a los negocios”, dice. Cristian se mantuvo ajeno a la publicación de discos por varios años, hasta que en 2009 emigró a San Francisco y resucitó su proyecto con un cambio en su nombre. “Quería empezar de cero, y como Calar es una palabra que le cuesta mucho a los anglosajones, lo cambié por Music, por que si le ponía ‘discos’, iba a ser una trabalenguas”, explica.

Ya instalado en la costa oeste, el proyecto de López volvió al ruedo con un disco argentino, con la edición en vinilo de Canciones que un hombre no debería cantar, el debut solista de Gabo Ferro. Al poco tiempo, Calar Music comenzó a publicar bandas anglosajonas y, para mantener el sello activo, Cristian encaró distintos empleos. “Hice muchas cosas diferentes: trabajé en granjas de marihuana, hice películas, trabajé con bandas y shows en vivo. El sello es en lo único en lo que gasto cualquier tipo de dinero. Pago un alquiler muy cómodo porque vivo en una cooperativa con otras nueve personas en una casa gigante”, dice sobre el modo en el que sustenta la edición en vinilo de discos que elige por convicción personal. 

Fue entre esas jornadas de trabajos transitorios que López volvió a conectar con la música argentina gracias a Cuzcos. “Yo trabajaba recibiendo gente en un lugar súper esnob, un bar de cervezas con comida muy fifí. Odiaba esa mierda y cuando salió El triunfo del fracaso fue perfecto. Duraba 15 minutos, lo mismo que la caminata de mi casa al laburo, y ya llegaba con todo el odio metido ahí dentro Me convencí de que tenía que hacer ese disco porque lo sentía muy íntimamente”, explica. Tiempo después, decidió que Calar Music podía ser la herramienta con la que saldar una deuda del pasado.

En marzo, López publicará por primera vez en vinilo el debut homónimo de Dios, el trío de postpunk fundado por Tomás Nochteff a mediados de los 90. “En realidad, empecé el sello cuando Tomás me dijo que iban a grabar el disco, en el 98. Quería hacerle una edición en vinilo, se demoró mucho la grabación, y empecé a producir otras cosas y a quedarme sin dinero, así que se complicó un poco el asunto. Era algo pendiente que tenía que hacerse”, cuenta Cristian. Tras conseguir una copia del máster digital del álbum, López lo pasó a cinta y de ahí fabricó 500 copias del disco: 200 en negro y 300 en vinilo de color.

Con la certeza de que la demanda del disco será mayor en la Argentina que en San Francisco, Cristian asegura estar buscando la solución logística para que la diferencia de precio en ambos destinos sea lo menor posible. “El problema es que es un disco pesado y entran pocas copias por caja, pero lo que quiero es que llegue bien y a un precio razonable para que la gente  pueda comprarlo y después revenderlo al triple como hace siempre”, dice con una carcajada. 

Este mes, también hará la aparición en el catálogo de Calar Music otra reedición: Hora de no ver, el primer disco de Suárez. Luego de contactar a Gonzalo Córdoba para tramitar el máster del disco de Dios (ya que se publicó a través de FAN Discos, el extinto sello de Suárez), López le propuso hacer que el debut de la banda tuviese también su edición en 180 gramos. “Suena infernal. El otro día me llegaron los test pressings y me sorprendió cómo ganó un montón de espacio. Nunca lo había escuchado así, con tanta profundidad y espacio en los paneos”, dice. En el corto plazo también reeditará Estudios de casos, de Corrosivos, junto con algunos demos que grabaron en Panda, y fantasea con poder relanzar los dos primeros de Los Violadores (“Me encantaría, pero sé que prácticamente imposible”) y también Trulepa, de Mimilocos.

A pesar de que sabe que la gran mayoría del público que espera sus reediciones está en el Cono Sur, López sostiene que por el momento no es una opción fabricar sus productos en la Argentina. “Estuve esperando ver productos terminados ahora que hay fábricas allá. Algunos están haciendo muy buen laburo, pero los costos son altísimos y hay algunos detalles con los que todavía no estoy muy satisfecho”, dice. A eso le suma también un segundo factor: los precios de venta del mercado local. “Acá el margen de ganancia es entre uno y cinco dólares, pero en la Argentina es una locura. La gente quiere vender un disco y vivir todo el mes. A veces quiero comprar algunas cosas allá, pero están completamente de la nuca. Ese tipo de cosas me fueron hartando”, explica.

Dentro de esa dinámica unipersonal, López sostiene que la curaduría del catálogo de Calar Music responde pura y exclusivamente a su gusto. “Creo que es un viaje súper personal, una cosa casi íntima. Tengo que amar lo que voy a hacer. Nunca hice nada pensando en que iba a pegar, me iba a llenar de dinero, salvar o whatever. No la veo así. Tengo que tener una  conexión muy profunda con la música que quiero poner en vinilo”, afirma, e incluso asegura nunca haber firmado un contrato con nadie. “Lo único que no me gusta del negocio de la música es la parte del negocio y nunca la traté de esa manera. Es todo más emocional, orgánico. Me da vergüenza decir que es un sello. Es un proyecto, pero decir que es un sello suena grandilocuente y estúpido para mí”.