06/01/2018

La historia de Los Hermanos Makaroff, de Charly García a Los Rodríguez

Pop rock hecho con cariño.

Sergio Makaroff / Gentileza
Los Hermanos Makaroff

Entre las certezas asumidas, las revisadas y las transformadas por inquietas e inquietos investigadores, historiadores y aficionados, a la historia del rock local aún le quedan muy pocas piedras preciosas por iluminar. Una de ellas es sin duda la de Los Hermanos Makaroff y su corta pero intensa vida como grupo a mediados de los 70.

Sergio y Eduardo, dos hermanos muy jóvenes agitados por una mezcla de variada y precoz formación musical y temprana bohemia porteñísima, empezaron a crear a principios de la década un proyecto que desde el principio iba a estar determinado por el desparpajo, el humor y la libertad. Sergio, el mayor, formó parte del primer elenco de la puesta local de Hair, y ya tenía algo de rodaje sobre el escenario antes de formar el grupo en su propio hogar. “Así nacieron Los Hermanos Makaroff: en el living de casa, con dos criollas, la creciente solidez musical de Edu y mis delirios. Al poco tiempo teníamos un repertorio, y empezamos a actuar como dúo acústico en fiestas y donde nos dejaran. No recuerdo (¡estragos de la droga!) cuál fue nuestra primera actuación oficial. En esa época me convertí fugazmente en asistente/secretario de Charly García y él nos empezó a dejar cantar antes de Sui Generis cuando era posible”, cuenta Sergio desde Barcelona, donde vive desde 1978. Allí viajó para alejarse de los horrores de la dictadura genocida.

Sergio, en la publicidad de la banda de sonido original de “Hair”.

Empujado por el productor Jorge Álvarez, el dúo grabó su gran himno “El rock de ascensor” para el tercer volumen del compilado Rock para mis amigos (Microfón, 1974), que se convirtió con el tiempo en una apetecible pieza para coleccionistas. En el disco tuvieron muy buena compañía: los tres desprendimientos de Almendra (Pescado Rabioso, Aquelarre y Color Humano), Sui Generis, David Lebón, Pajarito Zaguri, Carola y más. Ese debut, con letra irónica y picante, y una personalidad muy singular, tuvo un apoyo estelar a la hora de entrar al estudio de grabación.

Sergio lo recuerda: “Charly García en los teclados, Nito Mestre y Billy Bond en los coros, David Lebón en la guitarra, Juan Rodríguez en la batería y Carlos Ávalos en el bajo. Todavía sigo encontrándome con gente que la conoce, la canta, la recuerda y se ríe. Hay que decir que el tema empezó a componerlo Goyo Aráoz Alfaro, que después tuvo algunos problemas psiquiátricos, y lo terminé yo. Lo firmamos los tres: Goyo, Edu y yo.” La canción fue entonada por multitudes en España cuando Ariel Rot y Alejo Stivel la versionaron para Tequila a fines de los 70. Más de una década después, Rot y Andrés Calamaro (a quien Sergio había recomendado, antes de irse, como tecladista para Raíces y en los 80 grabaría su “Loco por ti”) volvieron a rescatarla como una de sus primeras armas en el vivo de Los Rodríguez, y quedó registrada en su Disco pirata.

Una reseña de la revista Pelo sobre un show durante ese mismo 1974 ya subrayaba que “lo válido es la experiencia diferente, cierto grado de lucidez y la salud de no ponerse en cantantes mesiánicos de rock”. Queda bien claro entonces que el dúo se paraba en otro lugar mientras se entremezclaba con los tótems, pero sin los tabúes del establishment generacional. Goces, bailes, ironías, referencias hacia adentro y afuera del género, y la ausencia de toda solemnidad iban a aparecer mucho tiempo después como vectores en la obra de Los Twist, La Ray Milland Band, Suéter y Comida China, entre muchos otros ejemplos de esa semilla plantada y regada en una obra de apenas tres canciones editadas, repartidas entre un compilado y un único simple.

Los Makaroff en el café concert Rugantino, en 1975, en un show con Carlos Perciavalle.

El rock acústico a dos guitarras encontró su límite en los shows que Los Hermanos Makaroff ofrecían en el circuito de café concerts. Actuaban junto a Carlos Perciavalle, que los admiraba sin entenderlos del todo. Después de un viaje por Sudamérica y con las ganas de consolidar una idea musical que siempre habían buscado, se incorporaron Juan Carlos Tordó (integrante futuro de Raíces y La Mississippi) en batería, el recordado Gustavo Donés en bajo (luego en Suéter y en decenas de otras formaciones) y Claudio Durán en guitarra.

En 1977 se editó el simple que presenta “Arreglate gorda” y “El día viene asomando”, dos canciones de gran frescura que, de nuevo, nada tienen que ver con los ecos que resonaban en la escena. “No me acuerdo bien cómo fue ni por qué, pero Jorge ‘Fari’ Álvarez nos consiguió un contrato para grabar un simple en el sello Cabal. Supongo que su conexión con Microfón/Talent se había desdibujado. La música era pop rock normal y corriente. Hecho con cariño y tocado por músicos de primera, eso sí. Las letras supongo que surgieron como una extensión de mi manera de ser, de un modo orgánico y natural. Nunca me tomo en serio más que lo imprescindible. Las letras aleccionadoras, místicas, trascendentalistas o simplemente berretas del rock de la época me parecían francamente mejorables. Y como siempre tuve facilidad para escribir cositas, eso es lo que hice como letrista del dúo”, dice Sergio.

Único simple del grupo, editado por Cabal en 1977.

Los Makaroff se subieron ese mismo año ¡dos! veces al escenario del Luna Park, espacio para artistas consagrados que en ese momento tenía ya un gran peso específico dentro del ambiente. Había pasado un lustro del malogrado gran festival con La Pesada que terminó con destrozos y dos de la doble jornada del Adiós Sui Generis. Esa noche, seis mil personas esperaban a su grupo favorito. Antes, sin embargo, hallaron una sorpresa que Sergio reconstruye: “Jorge Álvarez era el productor de Crucis, Los Makaroff y el organizador de lo del Luna. Nos puso de teloneros, como se dice en España, pero no nos anunció de ninguna manera. Se apagaron las luces y cuando la gente esperaba a un grupo famoso, instrumental, progresivo, aparecimos nosotros, unos desconocidos haciendo rock festivo, para colmo con un cantante que bailaba y movía el culo. Unos cuantos nos silbaron, nos tiraron cosas. Pero nosotros hicimos nuestro show como si nada. Luego le pregunté al atorrante de Álvarez por qué nos había hecho tocar en unas condiciones tan poco propicias y me contestó ‘como prueba de fuego’. Yo pensé: ‘con amigos así, no necesito enemigos'”. El Festival del Amor, esa gran celebración de Charly en noviembre con sus múltiples grupos y amigos antes de partir a Brasil para formar Serú Girán, fue más amable para el dúo. Se presentó sin su banda y animó a un Luna repleto.

El final llegó a mediados de 1978, en medio de un clima opresivo y con dificultades para continuar con el proyecto del grupo. Contaban con el sostén de los colegas y de la prensa pero no encontraban un público masivo. El disco, anhelado, nunca se materializó a pesar de tener un sólido puñado de canciones y un recorrido más que interesante. “Profesionalmente no se veía mucho futuro para el quinteto. Le gustábamos a la élite del rock, que venía a nuestros conciertos y se quedaba zapando al final, o aprovechaba los suyos para mostrar su entusiasmo por Los Hermanos Makaroff. Pero a pesar de esos apoyos auspiciosos, después de tres años de ensayos y unos cuantos conciertos no se avizoraba un modus vivendi en el horizonte. Lo que había era la dictadura de Videla, los grupos de tareas paseando en los Ford Falcon verdes sin chapas con los chumbos apoyados en las ventanas abiertas. Un clima de mierda. Ariel Rot y Alejo Stivel se habían ido a Madrid en el 76 y empezaban a triunfar con Tequila, cantando un par de mis canciones. Una peleíta pelotuda fue el detonante y dije ‘chau, me las tomo a España’. La verdad es que nadie me rogó que me quedara. Y entonces, en 1978, en mitad del mundial que ganó Argentina, me vine a España y aquí estoy, encantado de la vida”, afirma Sergio.

Eduardo formó con Daniel Mactas el dúo Edu y El Pollo, que editó dos discos, antes de partir a Europa para hacer tango juntos como Mano a Mano. En París, durante el cambio de milenio, creó con Christoph Müller y Philippe Cohen Solal el exitoso Gotan Project, de enorme influencia mundial como mascarón de proa del tango electrónico. Sergio trabajó como periodista, compuso para otros y desarrolló una fructífera carrera como solista en España, con ocho discos en estudio publicados hasta el momento. El último, Mis posesiones, salió en 2015.

El legado de Los Hermanos Makaroff continúa con “El rock del ascensor” vivo en el repertorio de muchos artistas alrededor del planeta, tres temas nunca reeditados, y esa energía jubilosa, festiva y soberana que contagió y contagia a quienes se deciden a probar la receta original del dúo a la hora de componer y cantar canciones un poco, aunque sea un poco, separadas de la norma.