24/06/2020

A 20 años de la muerte de Rodrigo: cómo se gestó la "Rodrigomanía"

Un corto camino al cielo.

Jorge Moreno / Estudio Massa / Gentileza
Rodrigo

Jueves 22 julio de 1999, plató del programa Rumores (América 2). Rodrigo, un cordobés fachero que los productores tenían como el “Bebote” del circuito de bailantas, tira un playback lastimoso ante la indiferencia de todos. Había ido para promocionar la grabación de un disco en vivo prevista para el día posterior en S-combro, una megadisco de José C. Paz, pero se encontró con que Carlos Monti y Susana Roccasalvo, los conductores del ciclo, se explayaron sobre chismes banales hasta que se extinguió el tiempo para la entrevista prometida. Y entonces sólo quedó margen para esa interpretación impostada, mientras en el estudio el personal empezaba a ordenar todo para irse.

“Siempre me quedó esa imagen de un estudio desolado con el Potro haciendo playback y los conductores de ese programa (que a los meses se morían por tenerlo) en otra, no dándole bola”, dice el también cordobés Jorge “Negro” Moreno, amigo personal de Rodrigo Bueno e instigador de uno de los fenómenos más frenéticos y masivos de la música popular del siglo pasado. En otras palabras, instigador de la "Rodrigomanía", una sucesión de acontecimientos musicales y mediáticos que sólo una fatalidad pudo interrumpir, hace exactamente 20 años.

Viernes 23 de julio de 1999. S-combro está repleto con 7 mil personas y el DJ calienta la previa con "La bestia pop", de Los Redondos, lo que predispone de la mejor manera a tribus de diversas procedencias. En el ambiente no se percibían grietas de ningún tipo y si bien todo era expectativa, tampoco primaba la sensación de estar atestiguando un momento histórico. Y entonces la Tota Santillán grita “Ro Ro Ro ¡Rodrigo, carajo!” y la pista se incendia ante la aparición de un Potro pelicorto y con tintura celeste.

Rodrigo traía consigo la determinación de tirar un repertorio que venía cocinando pacientemente, y que dejaba muy en claro que se habían terminado sus coqueteos melódicos-tropicales en beneficio de una visión purista del cuarteto característico. Ese desplazamiento reordenaba la estantería emocional y artística de un cantante que ya tenía rodaje en Buenos Aires pero que en Córdoba no había alcanzado a despegar pese al apoyo incondicional de su padre Pichín, productor fonográfico de la región Centro.

Lo concreto fue que lo que proponía Rodrigo era una bomba y la presesentación en S-Combro quedaría finalmente manufacturada en el álbum titulado a A 2000, que transgredía varios estándares del mercado discográfico tropical. Es que la edición tenía un arte curado especialmente y con retórica “musicológica”, en el que habían trabajado Moreno, el diseñador Gonzalo Ruiz (otro cordobés) y el mismo Potro.

Entre la indiferencia de Rumores y el baile extendido del día después, documentado por el técnico Pichón Dalpont, había un abismo.

Los complejos multimedia o multipropósito del conurbano eran ollas a presión de una pasión que los medios ignoraban por completo, a excepción de los programas marginales en la grilla dedicados a la movida tropical, a los que Rodrigo quería superar por considerarlos superficiales y sin sustento.

¿Cómo se explica la centralidad de Rodrigo en el mediano plazo? Con una cronología en la que se amontonan shows clave y estrategias de prensa muy bien pensadas, que, por supuesto, tenían como abono canciones de estatura pop indiscutible y el carisma arrollador de un artista que había despuntado como compositor sin que nadie lo esperara.

Un testigo clave

Más allá del saldo positivo de la grabación de A 2000, fue decisivo para el terremoto Rodrigo que al show lo viera el productor televisivo Ramiro Mayol, primo de Alejando Pont Lezica y factótum del programa Pasión Tropical, que se emitía por Azul TV, el actual Canal 9.

“Hasta ahí, no habíamos ido a ese programa. Al Potro no le gustaba ir a América al programa de los sábados", recordó Moreno en una bitácora que escribió especialmente para el suplemento VOS, de La Voz del Interior. "Sólo fuimos una vez y la pasamos mal… Se sentía a disgusto entre todos esos grupos de pelilargos con coreografías repetitivas hacia un costado y el otro. ‘No son músicos’, decía él. También en ese momento, los hermanos Kirovsky, de Magenta (el sello editor de Rodrigo), habían empezado los domingos un programa en Canal 7 llamado Tropicalísima, al que habíamos ido un par de veces, pero no más que eso”.

“El asunto es que Ramiro Mayol lo vio en vivo en la disco S-combro y quedó alucinado: ahí mismo le propuso al Potro ir a Azul TV los domingos, a tocar en vivo, con sus 13 músicos", añadió Moreno sobre una movida que se extendió durante agosto, septiembre, octubre y noviembre de 1999. "Rodrigo aceptó inmediatamente, su gran desafío era tocar en vivo con su banda, detestaba los playbacks y las pistas. Eso que sucedió fue importante: a la semana siguiente, primer domingo de agosto, empezamos a ir a Azul TV a tocar en vivo. Era el Potro de pelo celeste y camisas de béisbol que comprábamos en la Bond Street”.

“Ese sonar con la banda completa fue un elemento importante en la irrigación del fenómeno a todo el país. Pasaba algo extraordinario: íbamos al interior a tocar los temas nuevos que se habían grabado el 23 de julio pero que se conocerían recién con el disco en diciembre, y la gente ya los cantaba en todos lados: Tucumán, Mendoza, el Conurbano. Impresionante”, completó Moreno.

La publicación de “A 2000”

Esa sucesión de presentaciones en Azul TV fue la mejor promoción que pudo haber conseguido A 2000, el resultado de aquella grabación en vivo que finalmente vio la luz a comienzos de diciembre. Pero no en disquerías sino en kioscos de diarios y revistas, acaso como un guiño de Rodrigo a su abuelo canillita. No habrá sido el “a la gorra” de Radiohead para In Rainbows, pero lo cierto es que ese disco se salteó un proceso de la distribución formal, lo que hizo que el consumidor accediera a él de manera más inmediata. Magenta imprimió 76 mil copias, que se agotaron antes del 24 de diciembre.

Para esa fecha, además, Rodrigo ya había llegado a la calle Corrientes, más precisamente al Teatro Astros, con respectivos sold out el lunes 6 y el viernes 10 de ese mismo mes.

Rodrigo

Directo al mainstream

El domingo 2 de enero de 2000 se publicó en un medio gráfico masivo la primera entrevista a Rodrigo en tanto artista en el umbral de la consagración. Fue en la contratapa del suplemento de Espectáculos de Clarín, y escrita por Irene Amuchástegui, una periodista especializada en tango y música popular. Bueno se sintió complacido con ella, por cuanto la consideró una interlocutora válida para explicarle su plan imperial con base en el tunga tunga tradicional y para aclararle, por si hacía falta, que él no era un mero bailantero.

Una gira por la costa atlántica era el desafío inmediato después de esa entrevista, e ideal para poner en práctica todo lo que le había adelantado a Amuchástegui. El recorrido empezó el 9 de enero en San Bernardo y terminó el jueves 24 de febrero en Mar del Plata, en aquel recordado show ante 150 mil personas que transmitió América con 20 puntos de rating. Ahí la escala cambió. Tanto para el mismo Rodrigo, que se sorprendió con la asistencia llegando sobre la hora en un vuelo procedente de Las Grutas (Río Negro), como para los medios, que desde el día después no pararon de requerirlo.

“El cierre con el show masivo frente al hotel Hermitage fue programado sobre la marcha. Es decir, no estuvo desde un primer momento en la grilla de esos recitales organizados por la provincia de Buenos Aires, lo que habla sobre el crecimiento desmesurado en poco tiempo, y muy especialmente en la Costa Atlántica. A la vuelta, cuando ya estábamos prendidos fuego, volvimos al estrés de las bailantas y las maratones, en lugar de parar la máquina”, puntualizó Moreno, al tiempo que recordó que a los pocos días de ese mojón empezó a cranearse la serie de conciertos en el Luna Park.

Frenesí, lascivia, música marginal y con gancho. ¿Alguien dijo Rock?

Bueno, eso pasó. Casi en tiempo real, Rodrigo fue venerado por Carca, Turf, Leo García, Los Auténticos Decadentes y, por sobre todos, Pipo Cipolatti, quien compuso ad hoc "Mis tres amores" (“Porque de Córdoba son mis tres amores/ mujeres, cuartetazo y alfajores”).
También por la prensa del rock. Más específicamente por el Suplemento Sí, de Clarín, que en febrero había comparado a Rodrigo con Eminem, en el marco de una producción en la que el periodista Ernesto Martelli se había subido a la van del Potro en un sábado que transcurrió de bailanta y bailanta sobre el asfalto húmedo del conurbano.

Años más tarde, Rodrigo fue exaltado por Andrés Calamaro en "Los Chicos", un rock cuya letra alude sin vueltas “al chico cuartetero” y cuya representación en vivo proyecta su imagen en pantallas gigantes, un es desfile fotográfico que lo pone a la altura de Pappo, Spinetta, Fede Moura, Miguel Abuelo y Sandro, entre otros.

Profeta en su tierra

Ahora bien, ¿qué onda Córdoba, a todo esto? Al fenómeno Rodrigo se lo vivió como “foráneo”, hasta que La Voz del Interior publicó una entrevista el jueves 2 de marzo de 2000 con un título desafiante: “El cordobés más famoso soy yo”. Rodrigo era el Enola Gay y ese título la bomba atómica sobre Hiroshima.

“Se me respetó más en Buenos Aires que en otros lugares. Los resultados están a la vista: trabajé y puse el cuarteto donde merecía estar", le decía Rodrigo a quien suscribe, en una entrevista telefónica de trasnoche, luego de una participación en el programa de Fantino. "Nunca el cuarteto tuvo una tapa de la revista Gente o Caras, ni un informe en Noticias. Hoy, soy el cordobés más famoso. Que le toque a quien le toque, pero yo me rompí el culo para serlo”.

Por entonces, A 2000 era triple platino y estaba por ir a visitar a Diego Maradona en Cuba. En esa charla, además, reconoció que planeaba grabar un disco con Carlos Rolán y Eduardo Gelfo, y que estaba escribiendo un libro sobre el cuarteto, provisoriamente titulado Dios, Patria y la Mona Jiménez. “Yo respeto a los grandes del cuarteto, pero es indudable que cuando empecé a trabajar en Córdoba mucha gente se sintió incómoda. No tengo sentimiento de revancha porque no me enojé nunca con nadie. En todo caso, me enojé conmigo porque no supe convencer a Córdoba de que yo era valioso”, siguió Rodrigo.

Y luego remató: “Me comparan con un montón de gente, pero no soy el heredero de la ‘Mona’ ni soy el nuevo Sandro, como dicen. Yo sólo estoy peleando por el lugar de Rodrigo. Estoy peleando, dentro del cuarteto, por el lugar que merezco. A lo mejor soy en el cuarteto lo que Soledad en el folklore: el pibe que enquilombó todo con pelos de colores y una personalidad increíble”.

En Buenos Aires, a Rodrigo lo esperaba un récord.

El Luna Park

“Empezamos con una sola fecha, la del 5 de abril. Juanjo Taboada, productor de la gira por la Costa Atlántica, fue el que puso el contacto con el Luna. Gozalo (mánager de Rodrigo) primero quiso hacerlo por las suyas, pero Tito Lectoure no le atendía el teléfono. Fue entonces que llamó a Juanjo Taboada, a través de él se confirmó la primera fecha”, precisó Moreno sobre un plan que se activó en la oficina de Gozalo luego de una participación de Rodrigo en Los Buscas, una novela-comedia con Pablo Echarri y Carolina Papaleo.

La serie fue histórica. No sólo por los récords que rompió sino por la cristalización del anhelo de Rodrigo de rendir homenaje a los artistas fundamentales de una música regional que bramaba en su casa familiar de barrio San Martín. Es oportuno recordarlo: Rodrigo llevó al Luna Park a miembros del ala fundadora del cuarteto como Carlitos “Pueblo” Rolán y Eduardo Gelfo, hijo de Leonor Marzano, creadora del beat pianístico que alumbró al cuarteto a mediados del siglo pasado. En aquella oportunidad no se había producido un encuentro con el diablo sino más bien la revelación de una síntesis de músicas de inmigrantes en la mano derecha de una adolescente, en un club perdido del sudeste cordobés.

Esa música ardorosa, sumada a la facha del Potro y su picardía comechingona, representó el trapo corto de una molotov, que explotó en todos los estudios de la TV abierta metropolitana. Mariano Iúdica, Georgina Barbarrosa, Alejandro Fantino, los productores de El Rayo, Susana Giménez, Versus, La Biblia y el calefón, y, por supuesto, la Tota Santillán. Todos tuvieron a Rodrigo en el piso, charlando de lo que sea, hipnotizando a las masas desde modos bocasuelta. “Le estamos haciendo cantar 'Soy cordobeeeeeeeé' a todos estos culiados”, se jactaba Rodrigo ante sus amigos en el medio de ese torbellino.

Hasta entonces, ningún artista había logrado agotar 13 shows en el Luna Park.