22/12/2017

7 músicos argentinos analizan el legado de Luca Prodan

Llegando los monos.

Costhanzo
Luca Prodan

En los 30 años que pasaron desde que murió Luca Prodan no se inventaron demasiados adjetivos nuevos, y los que ya existían se gastaron de tanto adjudicárselos a ese tano que llegó a la Argentina huyendo de la heroína y encontró aquí su mejor versión como artista. Por eso, son otros músicos quienes tienen la palabra en esta nota, especialmente para analizar el legado de Luca y el de Sumo, tres décadas más tarde. Están quienes lo conocieron, quienes lo vieron en vivo y también quienes recibieron su música como herencia familiar, uno de esos tesoros que no saben de generaciones. Mejor hablar de ciertas cosas…

Juanchi Baleirón (Pericos)

Para mí, el legado más importante de Luca es su figura, su actitud, el momento en que se insertó en el rock argentino. No sé si quedó tanta influencia musical directa, sino más bien del mensaje que transmitía Sumo a través de la mezcla de ritmos, de la trinchera desde la que protestaban… Porque no sé si lo buscaron, pero estaban medio atrincherados, era un viaje propio. Esas cosas son las que trascendieron, y generan respeto y admiración, más que la música en sí, porque no veo artistas que suenen parecido a Sumo, salvo los ex Sumo, que tienen la influencia directa. Pero influyeron e inspiraron, más que nada, con lo que significó su inserción en el rock argentino tocando géneros que eran poco comunes como el reggae y el ska, mezclados con la oscuridad de Joy Division. Y un tano cantando en un inglés medio duro o un español durísimo… Era único y extraño, no había nada parecido. Aparte, estaba repleto de energía y locura, pero teñida de oscuridad; era una cosa misteriosa, rara, hipnótica, climática.

Pude ver a Sumo seis veces. La primera fue el 83, en el Zero Bar, porque me habían dicho que era una cosa cercana al punk, algo sin demasiada técnica pero con mucha actitud, pero cuando los vi, me volaron la cabeza. Después los vi en algunos bares y en Obras. Al último Obras de Sumo fuimos a volantear con el Bahiano y, medio en joda, medio en serio, le dije que al año siguiente íbamos a estar tocando ahí… ¡y pasó! Después de la muerte de Luca, los vi en ese show que hicieron en el Chateau Rock. Estaban como enojados, supongo que fue su manera de empezar el duelo. Colgaron la campera de Luca y cantaron Ricardo y Petinatto, escupieron cinco o seis temas y se fueron. Fue tremendo, nadie entendía qué estaba pasando.

Santiago Barrionuevo (Él Mató a un Policía Motorizado)

Nunca fui muy fan de Sumo, nunca me pegó a mí directamente, pero sí me copaba todo el universo que se había generado a su alrededor. Esa cosa de leyenda, de mito, sobre una banda que nunca había llegado a ser súper popular… toda esa cosa de cultura under que se vivía en la época en la que yo empecé a escuchar música le daba una mística que me copaba, la misma que tenían los Redondos al principio, cuando yo era chico. Era una mística misteriosa, algo que pasaba en otro plano, y eso yo lo sentía, que existía otra música que era más oscura, con otro clima y otra estética.

Musicalmente, nunca enganché con los hits, esos temas nunca me coparon. Pero sí me pasó de estar en algún lugar, que esté sonando Sumo y no darme cuenta, porque eran los temas que Luca cantaba en inglés. Ahí me di cuenta que había otros temas que tenían otra onda y que me gustaban más. Después escuché las grabaciones de él solista, y la historia de un extranjero que llega con un montón de información nueva, y mezclándose con músicos locales, eso también me gusta. El argentino es muy orgulloso de lo suyo… por momentos, porque también están esos que niegan a todo el rock nacional y todo lo válido es lo de afuera. El fan del rock nacional es muy orgulloso de lo suyo y está bien y me divierte, pero también está bueno cuando se dan estas mezclas, porque tampoco está bueno ese nacionalismo truchi, y estos pequeños casos te descolocan, encima con un chabón que penetra en la cultura popular.

Sumo no era masivo, pero era parte de la cultura popular. Entonces, con toda esa información rara que traía de Europa te genera una fusión muy copada, muy rara, novedosa y extraña. En la parte musical conecto más con esos temas más Joy Division, lo más raro, la parte punk. Algo que siempre me copó es que una vez escuché que él se armaba muchos proyectos porque lo que quería lograr era estar tocando todas las noches. Eso me pareció espectacular porque es un delirio, pero también es algo con lo que fantaseo en lo personal. Cuando estamos de gira, estar tocando está buenísimo, pero al principio era algo que cuidábamos mucho. Al principio, veíamos a esas bandas que metían una gira con fechas una atrás de otra sin descanso y nos parecía una tortura, y ahora con el tiempo es algo que disfrutamos mucho. Esa idea de estar tocando todas las noches me parece genial, pero te tiene que dar el cuerpo, ¿no?

Luca Bocci

Me llamo Luca por Luca Prodan, así que él tiene mucho que ver con mi vida. Creo que fue un chabón que tuvo mucha suerte, que escapó de una droga muy difícil, y que fue como una especie de renovación para lo que era en ese momento el rock nacional: ya había artistas de mucha categoría, pero Luca con Sumo le trajo una frescura a todo eso que estaba pasando. Hay mucha gente que nunca lo terminó de considerar rock nacional justamente por su nacionalidad y eso me parece muy loco, porque Sumo se terminó convirtiendo en una de las bandas más representativas del género. Yo, personalmente, tengo ese encuentro con Sumo de que me parece música súper europea pero “sudaquizada”, porque encontrás muchas cosas de Joy Division o de The Clash, pero dichas de una manera y puestas en un contexto sociopolítico muy interesante. Alguna vez me gustaría poder cruzarme a Luca Prodan en la calle, lo cual no es muy factible pero quién sabe: Luca no murió, o eso dice la frase.

Andrés Calamaro

El legado musical de Luca en el rock nuestro es fundamental porque simplificó las cosas haciéndolas sofisticadas pero callejeras; quizás, o seguramente, porque así era él: un bohemio con exquisita educación… No intentaba “sonar bien ni ser terriblemente original”. A su “pesar”, Sumo es una maquina de sonar bien, y grabó discos que resultaron originales y únicos. Fue en contra de los vicios (costumbres) de la época, presentándose como un vagabundo con mucha autoridad en el escenario. Si los demás músicos usaban “pelo y vestimenta color negro”, entonces él era pelado y se subía al escenario con la misma camiseta agujereada.

Lo mismo con los contenidos musicales: él llegó con sus influencias londinenses y en ningún momento mostró interés alguno por las “escuelas” de rock argentino. Vino con “lenguajes” que, hasta aquel momento, no eran frecuentes en el sonido de acá: reggae, Joy Division, Blockheads, etc… Además, llegó dispuesto a sobrevivir a secas, o a defenderse con una guitarra acústica. Uno de sus legados se escribe con sus palabras textuales: “Un artista, como una canción, tiene que sonar bien aún acompañado por una guitarra criolla”. Otra importante definición musical de Luca hacía referencia al espíritu del rock; el encontraba “más rock” en las “treinta chacareras que guarda una damajuana de vino”.

Al mismo tiempo, estaba atento, sabía qué preguntar. Era frecuente encontrarnos en el estudio de grabación, él con Sumo y yo con alguna de mis grabaciones propias o similar. Si le preguntabas “¿Cómo va la grabación, Luca?”, te contestaba con un lacónico pero pícaro “No me importa nada”. O te sorprendía preguntando  “¿Cuál es el último libro que leíste?” Grabamos juntos y un par de veces me invitó a subir al escenario con Sumo. En Mar del Plata quiso convidarme con opiáceos, pero es una sustancia que saca lo peor de las personas, cuidar la dósis por sobre todas las cosas. Igual tenía buena intenciones y yo estaba conforme con compartir momentos con él, porque era una persona natural, cálida, con un ancho conocimiento musical. Y mucho estilo a pesar de él, que sabía muy bien lo que valía pero no comulgaba con los gestos grandilocuentes de un artista del talento y la actitud que tuvo.

Goyo Degano (Bándalos Chinos)

A Sumo, y a Luca particularmente, los descubrí entrada mi adolescencia. Después de haber escuchado durante muchos años a Charly y a Spinetta, encontré en la casa de mis viejos un CD de esos compilados que existían antes de esta era de las playlists, y me atrapó de una… Lo que más me flasheó fue cómo el chabón lograba amalgamar muchos géneros musicales -principalmente el reggae- con mucha naturalidad, y esa cosa híbrida de cantar mitad en castellano, mitad en inglés. Creo que, con el tiempo, lo que más me sedujo de esta personalidad increíble fue su finura a la hora de escribir, y su ojo crítico y súper irónico a la hora de soltar esas frases y esos poemas increíbles que te quedan y se te repiten en la cabeza.

Hay otra cosa que también me pasa en lo personal, como músico intuitivo que soy, y es que siempre me pareció muy increíble la capacidad que tuvo el chabón para hacer una canción con uno o dos acordes y lograr el objetivo de que vaya por un montón de lugares sin la necesidad de modificar la armonía. Luca me atrajo desde el minuto cero en todos los sentidos y creo que no por nada es una leyenda de la música en nuestro país.

Maxi Prietto (Los Espíritus)

Empecé a escuchar Sumo en profundidad a los 14 años, más o menos. Lo escuchaba mucho yendo de Correo Central a Berazategui en el colectivo, y me acuerdo de ver los paredones esos todos blancos que tienen pintadas políticas, que no sé por qué me parecían tan deprimentes. Y escuchaba Sumo, que era como una fiesta que era un poco depresiva también, y las letras era muy locas; era muy difícil entender qué estaba diciendo, pero me sentía como identificado, que eso no respondía a nada. Eran como locos que no encajaban en ningún lado, y esa locura me encantó. Después, empecé a comprar algunos libritos con letras y la historia del grupo y el personaje de Luca también me atrapó: era alguien que no pertenecía a ninguna corriente ni nada, era un outsider.

Más allá de eso, si la música no hubiera estado buena, no me habría gustado. Tiene unos temazos y estilos musicales que acá no los hacía nadie. Después escuchás esos ritmos tipo reggae o dub y tampoco tienen nada que ver, porque tampoco respetaban los estilos. Es algo único que se dio en el mundo, y que por suerte vino a parar acá. Los personajes como Luca o Tanguito son necesarios porque dentro de la música y del rock no puede haber un adoctrinamiento. Cuando todos piden que respondan de la manera en la que se les pide, se vuelven predecibles, encajan y son agradables, y pierden la gracia.

Jorge Serrano (Los Auténticos Decadentes)

Yo no tuve la suerte de conocerlo a Luca personalmente. Sé que cuando Decadentes tocaron en La Manzana de las Luces él estaba entre el público, pero yo no. De lo que sí tuve la suerte fue de ver el primer show de Sumo en la Argentina. Fue la primera vez que tocaron, en Caseros, en un festival que no me acuerdo cómo se llamaba. Tocaba Riff, que toda la gente estaba con Riff, y Baglietto con Fito Páez. Incluso estaban Los Violadores, que la gente les tiraba de todo porque todavía el punk todavía era “de los inglesitos”.

Estaba la primera baterista, Stephanie (Nuttal), y él salió a tocar con una máscara del ayatolá Jomeini. Se pegaba en la garganta, con la banda sonando al recontra palo; la gente se quedó dura, no sabía qué carajo era. Y de golpe, cuando empezó a cantar, cuando empezó el tema, se sacó la máscara y se vio que era pelado. La gente quedó flasheada; mirá que a los otros grupos cuando no les gustaban estaba la costumbre de tirarles de todo, los rechazaban mucho, y con este tuvieron que cerrar el orto. Eso fue lo que me impactó. Después, en el medio del show, le gritaban “Pappo” y él decía “¿Pappo? ¿Quién es ese Pappo?”, “yo a Pappo le juego una carrera de tomar ginebra de acá a Luján y le gano”. Fue increíble. Se los metió en el bolsillo a todos, porque fue realmente rarísimo, una cosa muy fuerte.

Yo creo que lo mejor que trajo Sumo a la Argentina fue la irreverencia, porque hasta el momento las cosas eran muy serias: el rockero era muy serio, todo era muy serio. No había posmodernismo irónico dentro del rock, era todo de lo más ortodoxo y blusero que podía haber. Por eso, cuando Baglietto cantaba “ya no hay ni un pelo largo, todos parecen soldados”, la gente volaba. Lo fabuloso fue que trajo el humor, la ironía, reírse, cantar un jingle en medio de un tema, tomarle el pelo a toda esa cosa acartonada del rock. Metió mucho también al reggae de alguna manera, y lo encaró desde un lugar que era más heavy, no tan ortodoxo. Yo creo que ayudó mucho a la popularización del reggae también.

Esa irreverencia fue importante para que existieran los Decadentes, totalmente. Yo seguía esas cosas más a través de la plástica, de Duchamp, de Warhol; ese criterio de criticar a la propia tropa, que es muy posmoderno. También, al venir de afuera, medio que se cagaba en todo, no estaba con los códigos de acá, y eso era muy sano. Trajo una renovación, fue una modernidad realmente. Coincidió también con la llegada de la democracia, porque antes no hubiera podido existir, pero lo veo como una especie de Nietzsche: un antes y un después.

Producción periodística: Roque Casciero, Sebastián Chaves y Joaquín Vismara. Fotos: Cecilia Salas.