21/12/2017

10 años después, los protagonistas recuerdan el último show de Soda Stereo

Los vimos volver.

Germán Sáez / Gentileza

“En lo personal, me hago cargo de lo que a mí me pasó, sentí que era un buen momento para celebrar diez años”. Esas fueron las primeras palabras que Gustavo Cerati dijo en público sobre el regreso de Soda Stereo. Era 20 de septiembre de 2007 y, después de diez años, él, Zeta Bosio y Charly Alberti estaban dando su primera conferencia de prensa en Museum, el boliche en el que el grupo grabó parte del videoclip de “En la ciudad de la furia”.

A partir de ese momento, el regreso de la sodamanía se desató como un remolino incontenible que llevó al trío a hacer la gira “Me verás volver”, con veintidós shows por la Argentina -donde superaron el record que los Rolling Stones habían logrado en 1995 al llenar cinco veces el estadio de River-, Chile, Ecuador México, Estados Unidos, Panamá, Colombia, Venezuela y Perú. Como cierre de la gira, la noche del 21 de diciembre de 2007 Soda Stereo dio el último show de esa gira y se despidió de los escenarios. Diez años después, esta es la historia de ese concierto final contada por sus protagonistas (sin Gustavo, lamentablemente).

La propuesta del regreso

Zeta Bosio (bajista): Estaba haciendo mi programa Rock Road, con el que recorría festivales de música por el mundo, y en el momento de armar la nueva temporada me llamó Daniel Kon, exmanager de Soda Stereo, que fue quien nos acercó la idea. Se me cruzó por la cabeza que era posible y que iba a hacernos felices. Me puse muy contento al pensar en la posibilidad de un regreso porque extrañaba mucho tocar con los chicos y también sabía que íbamos alegrar a mucha gente.

Charly Alberti (baterista): No fue una oferta porque no pasó por una cuestión económica sino emocional. Nosotros hacía tiempo que estábamos dando vueltas a través de Kon con la posibilidad de volver, pero había algo adentro nuestro que no lo permitía. Parte de eso se encaminó el día que debuté con Mole en La Trastienda, y fueron Gustavo y Zeta a verme. El encuentro fue lo que nos hizo decir “sentémonos a hablar y a ver si hay ganas de tocar”. No fue “che, hay tanta guita, ¿quieren volver?”. No fue un reencuentro económico. Si bien la economía siempre es importante porque hicimos shows muy caros, al contrario de lo que mucha gente que cree, que Soda Stereo ganó mucho dinero, no nos fue mal, pero al ser tan cara la producción de los shows ganamos menos guita que otros músicos que invierten menos.

Adrián Taverna (sonidista): A fines de 2006, yo estaba haciendo la gira de Ahí vamos con Gustavo, que fue la más exitosa de su carrera solista, y un día, en el tramo de México, me invitó a charlar a su cuarto en el hotel. Me llamó la atención cómo me lo dijo, había algo distinto en él. Le pregunté qué le pasaba y me habló de la propuesta. Para él era saldar una cuenta. En febrero de 2007 firmé el contrato de confidencialidad, algo que no se lo deseo a nadie. Cada vez que alguien decía Soda, giraba la cabeza con miedo y pensaba si se me había escapado algo. Eso fue horrible.

Eduardo “Barakus” Iencenella (stage manager): Me llamó Charly y me dijo que había una propuesta para reunir a los Soda. Tuvimos una charla con muchas expectativas por lo que pasaría. Tiempo después, en un ensayo de Mole, me confirmo que se reunirían en 2007. Por distintas vías, me fui enterando de cómo avanzaban las negociaciones y creo Gustavo me lo contó el día que puso la firma. Me dio una alegría inmensa, es una banda a la que le tengo muchísimo cariño tanto en lo humano como en lo profesional.

Richard Coleman (guitarrista invitado): Gustavo me contó que quería hacerlo más que nada para que sus hijos vieran a Soda. “Yo soy famoso e importante por eso, y los chicos nunca lo vieron”, me dijo. Fue un impulso extra. Obvio que también pusieron un montón de plata y todo, pero no era lo que lo movió a hacerlo. Me acuerdo de que le di un abrazo, le dije que era un gran momento para concretarlo y lo felicité. Me dio alegría porque le estaba yendo muy bien con su carrera solista y eso alejaba cualquier especulación del qué dirán. Zeta: Unos meses antes del llamado de Kon, ocurrió un intento de reunión por parte de una empresa con una oferta económica muy grande. Rechazamos esa oferta porque no había tiempo para armar algo bien y con respeto a nuestra historia. Por la separación habíamos quedado dolidos. Habían pasado diez años y casi no habíamos tenido intercambios ni una relación. Kon era el nexo entre los tres. Aunque dijimos que no esa vez, él sintió que había una posibilidad de que tuviéramos en cuenta el regreso y así después se dio la propuesta que aceptamos, con más tiempo. Era un desafío muy grande.

Taverna: En un momento, creo que por julio de 2007, se filtró. Otro productor que traía a The Police, Daniel Grinbank, empezó a hacer correr el rumor de que Soda se juntaba y tenía reservado River. El rumor se apaciguó unas semanas y después explotó. Para mí fue una liberación cuando lo anunciaron.

El primer ensayo

Zeta: Decidimos empezar en Unísono, el estudio de Gustavo en donde él venía trabajando. Era un lugar muy cómodo y cuando lo ofreció, no dudamos ni un instante. Yo estaba en República Checa por mi programa y me llamó Kon porque Gustavo quería adelantar los ensayos diez días. Era viernes y el lunes tenía que estar. Suspendí todo y me volví para Buenos Aires.

Charly: Me acuerdo de que estábamos los tres listos para empezar a tocar, con todos nuestros asistentes y managers, y Gustavo miró alrededor y dijo: “Señores, quiero que se vayan todos, déjennos solos porque este es un momento para nosotros”.

Zeta: Tuvimos un momento de intimidad muy importante en el que decidimos cómo íbamos a trabajar y nos hicimos algunos juramentos. A partir de ahí, empezamos a ensayar.

Taverna: Fue glorioso. Primero hicieron “Te hacen falta vitaminas” y después “Un misil en mi placard”, temas del primer disco. Arrancaron muy bien, se los acordaban. Son esas cosas que a uno le quedan en la mente para toda la vida. Todo fluyó rápidamente. Estaban afilados. Gustavo me preguntó: “Estamos bien, ¿no?”. Y sí, estaban muy bien. Yo los cargaba y les decía que tenían que desoxidarse un poco.

Barakus: Sin duda, desde el primer ensayo su sonido tenía el sello único e irrepetible de Soda Stereo. Primero Gustavo alternó con las guitarras PRS y Pensa, pero inmediatamente recordó a la Jackson y comenzó una tarea de espionaje para poder dar con su paradero.

Charly: A los pocos minutos de tocar, nos dimos cuenta de que lo que pasaba era mágico. Soda sonaba como si nunca nos hubiéramos separado. Ahí entendimos que había algo mucho más especial de lo que nosotros creíamos y eso nos dio ganas de hacer la gira.

Zeta: La banda con el resto de los músicos invitados la armamos después de sentir que los tres podíamos sonar bien, con el sello de Soda. Fue casi un mes, o cuarenta y cinco días, en los que los tres tratamos de encontrar el sonido que nos hacía únicos.

Barakus: La guitara Jackson había sido prestada para una exposición sobre el rock nacional, en la que cada banda o artista accedía con algo representativo. Al finalizar la exposición, la guitarra no volvía, y recuerdo que enloquecí a Gus para que la recuperáramos. Así pasaron los meses, hasta que un día dio por finalizado el tema con no sé qué excusa. La vuelta de Soda lo motivo a recuperarla y la Jackson regresó, bastante deteriorada y con falta de mantenimiento. Decidí no llevarla a un luthier y realizarle todos los ajustes yo mismo, así que prácticamente la destripé toda, reestañé el circuito eléctrico, tuve que humidificar la madera, quitar óxido de las partes metálicas, cambiar algunas prensas que ajustan las cuerdas, emparchar partes de pintura saltada y calibrarla, rectificar trastes y otras cosas. La tarea me llevo poco más de diez días y Gus estaba recontento con cómo había quedado.

La banda soporte: Peter Capusotto y sus videos

Pedro Saborido (guionista): Nosotros teníamos buena onda con Cerati desde Todo por dos pesos. Él había participado una vez y tocado “Llamen a Moe”, la canción que en el programa hacía el grupo Los Tres Chiflados como parodia a “De música ligera”. Ese había sido el primer contacto, pero tampoco era que había una relación. Cuando se juntó Soda, nos llamaron de la producción y nos propusieron hacer algo porque ellos preferían no tener banda soporte, pero sí pensaban pasar unos videos para manijear la espera. Se armó una reunión en donde ensayaban ellos. Ese día estaban Zeta y Gustavo, que conocía muy bien el programa. Le comentamos algunas ideas y se coparon enseguida. Ahí cerramos todo. Diego iba a estar en vivo primero, pero pensamos que iba a terminar siendo un tipo solo diciendo cosas delante de todo un estadio, algo así como un pedo en una canasta. Entonces, preparamos medio rápido un material especial del estilo del programa: aparecían Pomelo, Perón cantando temas de Soda Stereo y otros personajes; cosas que veníamos haciendo, pero tematizadas. Todo tenía un logo que era un sifón con dos picos, era el sifón estéreo, una pelotudez atómica. A la gente le gustó, se cagaba de risa. En determinado momento lo probaron en la gira. Nosotros recién habíamos arrancado y eso terminó de legitimarnos frente a otras capas culturales, por así decirlo.

El último show

Zeta: El último show siempre es el emotivo, el que cierra un poco el paquete. Quizás en la despedida del 97 sí estaba muy triste, porque sentía que la cosa se rompía. En esta oportunidad, para mí habíamos recuperado algo que no teníamos hace tiempo e íbamos a valorarlo. Hubo buena onda entre nosotros, la banda sonó increíble, como en los viejos tiempos, y la producción estuvo al nivel. Teníamos miedo de esa desactualización por el tiempo, pero recuperamos el liderazgo internacional, eso único que tuvo Soda.

Leo García (cantante/ guitarrista invitado): Esa noche participé en todos los temas menos en cuatro. Esos también los disfruté, porque los miré de costado, los bailé, estuve ahí. Había estrés, la presión de ser la mejor banda, que se mantuvo en toda la gira. Quiero resaltar la humildad y el compromiso que tenían los Soda con ser los mejores para la gente que estaba desesperada por verlos. Estaba esa exigencia. Mi anécdota es que Gustavo me preguntó “cuál es para vos la canción de cierre”, porque en el último concierto del 97 había sido “De música ligera”. Y yo le dije “Nada personal”. Y fue esa, a la que después le agregaron “Te hacen falta vitaminas”. El pizarrón estaba escrito por mí. Teníamos la opción de poder opinar todos, fue emocionante.

Tweety González (Tecladista invitado): Fue muy distinto al 97, en especial por la magnitud de todo. Para mí fue un honor y un orgullo haber sido parte. No recuerdo una anécdota en particular, pero sí que Taverna siempre tenía alguna ocurrencia divertida. Ya en los ensayos sonaban como si los diez años separados no hubieran existido.

Taverna: El resto de las presentaciones de la gira duraron dos horas, y esa duró tres horas y media. Toda la semana anterior nos la pasamos ensayando desde el mediodía hasta la noche con todos los invitados, cosa que creí que no íbamos a hacer más porque veníamos muy aceitados. Pero la idea era que tocaran todos los que habían pasado por Soda y vinieron unos cuantos: Gillespi, el “Zorrito” Von Quintiero, Andrea Álvarez. Entre que entraba uno, lo presentaban, tocaba un tema o dos y salía, se hizo largo.

Marcelo “Gillespi” Rodríguez (trompetista invitado): Toqué en dos canciones, “Fue” y “Signos”. La anécdota que tengo de esa noche es que en “Fue” se apagaron las luces del estadio y la gente prendió sus celulares para iluminar. Fue una postal inolvidable ver esa multitud de lucecitas. Ahí Gustavo me dijo: “Gillespi, mirá las estrellas”, y nos quedamos mirando el cielo. Todos sabíamos que era el último concierto de Soda y que después de eso sería casi imposible que volvieran a tocar juntos. Esa sensación de nostalgia y felicidad recorría a todos los que participamos del show.

Fabián “Zorrito” Von Quintiero (tecladista invitado): Me llamó Gustavo a mi celular y hablamos un buen rato. Me contó de la gira y charlamos de la idea de que yo tocara. Quedamos en hacer “Danzar rota”, “Persiana americana” y “Profugos”, tres temas en los que yo había grabado, y los ensayamos en Unísono un par de veces. La anécdota que tengo del último show es que apenas salí de River, me agarró un control de alcoholemia a cinco cuadras. Por supuesto que dio negativo…

Andrea Álvarez (percusionista invitada): Gustavo fue el que me llamó para el último show y arreglamos que iba a hacer “Picnic en el 4° B” y “Lo que sangra (la cúpula)”. Ya en River, me acuerdo de Leo García y Leandro Fresco grabando con su camarita y muy divertidos siempre, y también del momento del recital en que me dieron la orden de salir por un lado del escenario que era el opuesto al que Gustavo pensaba, y eso se ve en el video. Hoy estoy feliz y orgullosa de haber sido parte.

Richard: El backstage era una como una gran fiesta. Estábamos con nuestras familias, los chicos jugaban por ahí, caían amigos. Fue muy lindo. En un momento me fui al mangrullo a ver cómo se veía el show y fue hermoso. Pude apreciar bien la apuesta. Gustavo me dio a elegir las canciones. Me llamó y me preguntó qué tema quería tocar. Le dije que no quería hacer los temas clásicos de los 80, algo de la parte que no había hecho, y que mi disco preferido era Dynamo. Entonces me dio “Primavera cero”, que me pareció buenísimo, y “No existes”, un tema de Signos, el último que yo había grabado con Soda pero que nunca había hecho en vivo. Al salir al escenario estaba como como un gladiador. Ahora digo “que nabo, que responsable”, porque había una parte que trabajaba con los pedales y tenía que estar frente a la pedalera sí o sí. Gustavo estaba adelante y me llamaba para que fuera a zapar con él y compartir el centro, y yo le dije que no podía. Me acuerdo patente del movimiento de los ojos de Gustavo y la cabeza como sacándome a bailar.

Barakus: Para mí fue único pero el peor de todos, porque desde muy temprano había mucha interferencia en los transmisores de guitarra de Gustavo. Esto hacía que se cortara la señal de la guitarra o que se metieran ruidos. La prueba de sonido fue una tortura y, si bien teníamos lo último en transmisores, no había forma de que se solucionara, así que para la hora del show le coloqué una antena fija muy cerca de él y otra antena con un cable muy largo. Cuando se iba a tocar por las pasarelas, yo iba por detrás de las pantallas siguiéndolo y apuntando con la antena para que no se cortara la transmisión. La verdad es que no hubo ningún problema en el show, pero transpire como testigo falso.

Taverna: Había un poco de cansancio, las baterías estaban bajas. Veníamos de Perú, fuimos a Córdoba, y de ahí a la sala a repasar los temas y a agregar nuevos que no habíamos hecho en toda la gira. Fue laburar y laburar. Ya lo veía a Gustavo como que había cumplido. Lo hablábamos, desde el día después de que había dicho “gracias totales” no habían parado de preguntarle cuándo volvía Soda y tenía las pelotas hinchadas, para decirlo en criollo. Entonces fue como, “bueno, ya está, cumplí, el que lo vio lo vio y el que no, lo siento”. Teníamos un ofrecimiento de seguir haciendo shows de Soda en 2008 y Gustavo se negó. Dijo: “Ya está, Soda terminó”. Por eso no coincido con otros que dicen que iban a seguir.

Zeta: Quedamos muy conformes. Inclusive un poco insatisfechos en el sentido de que queríamos seguirla. Se hizo un intento de retomar la gira en marzo, cosa que no funcionó. Había una idea de seguir la gira en Europa, pero cuando hicieron unos sondeos, los productores dijeron “hasta aquí estuvo bien, fue único”. Nos hicimos una promesa de que esta no iba a hacer la última vez, teníamos ganas de repetirlo. Después la realidad no nos dejó.