10/07/2018

El día en que Ray Davies y Damon Albarn actuaron juntos en televisión

Un pase de mando simbólico ante las cámaras.

Algunas colaboraciones entre artistas pueden verse como un la aprobación de una generación a la siguiente si media entre ellos una cantidad notable de años. Bastante de eso hubo entre Ray Davies y Damon Albarn el día en que ambos se juntaron ante las cámaras de la televisión británica en 1995, en lo que fue una suerte de paso de mando simbólico ante miles de espectadores.

Durante el apogeo de The Kinks, a Davies se lo destacó por poner bajo el microscopio a la sociedad británica y sus estereotipos, y retratarlos entre el costumbrismo y la parodia, dependiendo el caso. Algo parecido ocurrió con Blur: después de un álbum debut fallido y fuera de tiempo, la banda londinense entregó en los discos Modern Life Is Rubbish, Parklife y The Great Escape varias viñetas que retomaban la tradición que Davies y su banda habían instaurado treinta años antes.

Dicho de otro modo: no habría “Charmless Man” (1995) sin “A Well Respected Man” (1965), y es difícil pensar en la ironía de “Girls and Boys” (1994) sin que antes existiese “Dedicated Follower of Fashion” (1966). Aun con esa filiación compositiva evidente, un cruce entre ambos parecía una utopía y así lo fue, al menos hasta marzo de 1995.

Invitado al ya extinto programa The White Room, Davies repasó algunas canciones de To The Bone, el último álbum de estudio de The Kinks, en ese momento en lento proceso de disolución. Sobre el final, sumó inesperadamente a Damon Albarn para una versión acústica de “Waterloo Sunset” (una de las piezas más detallistas de Davies, que narra el encuentro de dos amantes en la estación central de Londres mientras la ciudad no detiene su ritmo), que ambos interpretaron cruzando sonrisas y miradas cómplices.

Sobre el final, y sin preavisos, Davies improvisó los acordes de “Parklife”, un hit de Blur que le debe mucho a su pluma. Mientras los músicos de la banda se acoplaban a los tumbos, Albarn hacía pocos esfuerzos por disimular la sonrisa que le había despertado ese gesto inesperado. No sólo se trataba de una cortesía: en ese paso improvisado, el líder de The Kinks le estaba dando el visto bueno a su discípulo ante las cámaras.