12/01/2018

Thom Yorke perdió su batalla contra la industria, ganamos todos

Si no puedes vencerlos, únete.

Beggars Group / Gentileza

Cuando en octubre de 2007 Radiohead decidió publicar In Rainbows a través de plataformas digitales, su estrategia planteó algunas discusiones sobre la distribución de la música en el siglo XXI. Con sólo diez días de preaviso, la banda liderada por Thom Yorke anunció el lanzamiento de su séptimo disco con una distribución a la gorra: sus fans iban a ser quienes le pusieran el precio al momento de descargarlo.

Aunque el álbum tuvo una edición en formato físico a los dos meses, el debate ya estaba abierto. A nuevos hábitos de consumo, nuevas estrategias de distribución. Finalizado su contrato con EMI, Radiohead estaba dispuesto a probar las diferentes maneras de cómo difundir su obra sin intermediarios.

A partir de esa experiencia, Matt Mason, director de BitTorrent, la empresa que desarrolló el protocolo de transferencia de datos puerto a puerto que lleva ese mismo nombre, ofreció a Yorke trabajar en conjunto. Así fue como siete años más tarde Yorke lanzó su segundo disco solista, Tomorrow’s Modern Boxes, en esta plataforma: sus fans debían abonar 6 libras por un archivo torrent que les permitía descargar las ocho canciones del disco en formato mp3, el arte de tapa del álbum y el video de la canción “A Brain in a Bottle”. En un comunicado, Yorke y el productor Nigel Godrich definieron su estrategia: “Es un experimento para ver si la mecánica del sistema es algo que el público en general puede resolver. Si funciona bien, podría ser una forma efectiva de devolver el control del comercio de internet a las personas que están creando el trabajo (…). Si funciona bien, todos podrán hacer exactamente lo mismo que hicimos nosotros”.

Y ahí es donde la cuestión se pone difusa. Si bien el álbum -una colección de canciones minimalistas a piano y voz, luego procesadas y manipuladas digitalmente- fue descargado por un millón de usuarios en seis días, la estrategia estuvo lejos de ser una reinvención de la distribución digital. In Rainbows, por su parte, había significado la estandarización de un formato que luego popularizó Bandcamp: dejar en manos del público la decisión de pagar (o no) por el contenido disponible. Pero la estrategia tampoco funcionó tan bien. Según Forbes, las descargas “ilegales” del disco (a través de The Pirate Bay y TorrentSpy) fueron mayores a las del sitio oficial de Radiohead por una sencilla razón: aún cuando decidiesen abonar 0 libras por el disco, los usuarios debían dejar sus datos en la página, incluidos los de su tarjeta de crédito.

En todo este tiempo, Yorke entabló una batalla no sólo contra las discográficas, sino también contra las grandes plataformas de streaming y distribución de contenidos online, con sus dardos apuntados a Spotify (“El suspiro final de un moribundo”), Google y YouTube (“Han tomado el control, es como lo que hicieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial”). Pero, aun sin dejar en claro que se trata de una derrota o simplemente de entender que es difícil querer establecer otras reglas de juego de manera masiva, el músico de Oxford realizó en los dos últimos años una serie de concesiones que hubieran sido impensadas en otro momento.

En noviembre del año pasado, Yorke relanzó Tomorrow’s Modern Boxes en vinilo y plataformas digitales a través del sello independiente británico XL, encargado de distribuir el catálogo de Radiohead desde sus últimos tres discos. La estrategia de recálculo continuó la semana pasada, cuando curó una playlist para Pitchfork con dos horas de ambient y avant garde sólo disponible en… ¡Spotify! Y parece haber culminado con la edición en CD en todo el mundo de su segundo disco solista. A la larga, todo el material con el que tanto él como su banda habían buscado patear el tablero terminó difundido por las vías convencionales a las que buscaba derrocar, aunque pocos días antes de que terminara el año volvió a la carga contra el servicio de streaming nacido en Suecia. Soldado que huye sirve para otra batalla.