07/05/2018

Rolo Sartorio y Kanye West, tan cerca y tan lejos

De esclavos, revoluciones y obras de arte.

Cecilia Salas
Rolo Sartorio

¿Puede -o debe- la ideología político-partidaria de un artista determinar la calidad de su obra? La dicotomía, tan vieja como incómoda, reflota ahora con una arista impensada: en menos de una semana, los pensamientos de Kanye West y Rolo Sartorio (de La Beriso) tuvieron su punto de encuentro con sendos comentarios de tinte conservador.

“Cuando escuchás hablar de que hubo esclavitud por 400 años… ¿400 años? Eso suena a una elección”, dijo el rapero pocos días después de fotografiarse con una gorra de Donald Trump. Este sábado, el líder de La Beriso dijo en el Festival Nuestro: “Hoy la revolución es el respeto, no hay que tirar piedras, no hay que cortar calles. Eso quedó en los 70, muchachos”.

Al margen de la dudosa consistencia de ambos recortes historiográficos (por un lado, la posibilidad de elección que tenía un esclavo del sur de los Estados Unidos en el siglo XVIII; por el otro, la idea de que lo peor que le pasó a la Argentina durante los 70 fue que se tiraron piedras y se cortaron calles, incluso cuando el corte de calles es una metodología de protesta mucho más propia de 2001 en adelante), las declaraciones ponen a los escuchas ante la difícil situación de qué hacer con ellas.

La salida fácil, y la que estas líneas proponen poner en jaque, es la de reafirmar el juicio de valor que se tiene sobre la obra a partir de esos dichos. Pero no, la calidad de la música de La Beriso no se explica por lo que su cantante piense sobre la dictadura cívico-militar, sino más bien por la presencia y reincidencia de una voz que se parece demasiado a, metáforas que se parecen demasiado a, melodías que se parecen demasiado a…

Que Rolo sea conservador en lo político y en lo artístico es apenas una coincidencia.

¿O acaso alguien puede discutir el carácter renovador, vanguardista y “progresista” de la obra de Kanye? Incluso en sus discos menos consistentes, el rapero nacido en Atlanta ha discutido (e ido más alla) con las convenciones. La desmaterialización del arte de tapa en Yeezus o entender al álbum como work in progress eterno en tiempos de streaming con The Life Of Pablo son apenas algunos ejemplos de las formas en las que ha entendido a la música como campo de experimentación e innovación.
Más atrás en el tiempo, resulta imposible minimizar lo revolucionario que fue Elvis para la música y la cultura del siglo XX, por mucho que se haya fotografiado con Richard Nixon. “¿Te acuerdas de Elvis cuando movió la pelvis? / El mundo hizo ¡Plop! y nadie entonces podía entender“, cantaba con lucidez Charly García en “Mientras miro las nuevas olas”.

Con todo, en lugar de utilizar esos dichos como argumento para reconfirmar los gustos propios parece más saludable celebrar que Rolo y Kanye pueden expresar sus formas de pensar sin que sus vidas corran peligro. Y esperar que, en el ejercicio de ese derecho, ambos entiendan que la libertad de expresión no era un privilegio con el que contaban ni los esclavos afroamericanos ni quienes protestaban en los 70.

Si, en definitiva, lo que queda de un artista es su obra, el abismo que separa las de Rolo Sartorio y Kanye West es tan inconmensurable como las barbaridades que los unen.