17/07/2018

Pussy Riot, el último grito punk

Arte, política y espectáculo.

Denis Bochkarev / Wikimedia Commons
Pussy Riot

Quince días en prisión y tres años sin poder asistir a ningún evento deportivo. La justicia rusa determinó esa pena para los cuatro miembros de Pussy Riot que invadieron la cancha durante la final del Mundial Rusia 2018. Una condena que no hace más que legitimar el grado de relevancia que tiene -sobre todo en ese país- el colectivo feminista que es, también, lo mejor que le pasó al punk en el siglo XXI.

Porque aunque el punk no haya perdido su eficacia epidérmica cuando de shows en vivo se trata (pogo, mosh, Campino volando por el aire...), su fuerza de impacto en tanto música se ha visto disminuida por el desinterés en reflexionar sobre su propia praxis y por el obvio paso del tiempo: mantener su carácter revulsivo 40 años después de su estallido no es algo que suceda con ningún género.

Pero, en su corto radio de acción, el punk aún tiene margen para resistir como una mueca sensacional(ista).

Las Pussy Riot son la continuación más acabada del espíritu situacionista de los Sex Pistols. Como una declaración de linaje, al show que Johnny Rotten y los suyos daban en el río Támesis en 1977 para empañar el Jubileo de la Reina Isabel, le corresponde ahora la remake del episodio a cargo de la pandilla rusa: invadir la cancha en plena final del Mundial para empañarle la fiestita a Putín.

Apenas unos minutos después, cual célula guerrillera, las Pussy Riot se adjudicaron el hecho en sus redes sociales. Reclamando por una "policía celestial", el comunicado no hizo más que cargar el acto de contenido poético & político. La intervención, entonces, iba más allá del mero exhibicionismo pintoresco de Jimmy Jump, el español que hace de sus invasiones a los espectáculos deportivos un mero paso de comedia: arte y política y sociedad del espectáculo, a los ojos de todo el mundo y viralizado en redes sociales. Un Guy Debord mix para los tiempos que corren.

Y, encima, un guiño burocrático.

Para las Pussy Riot, la semana se encamina a ser su revancha perfecta contra Putín. En 2012, la Justicia había condenado a tres de ellas a dos años de prisión por meterse en una catedral a hacer una performance; hoy, mientras cuatro miembros cumplen su primer día de condena por la intervención mundialista, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó que Rusia deberá indemnizar a las apresadas hace seis años por haberse excedido en el castigo.

El tiempo y los resultados dirán si el 15 de julio de 2018 significará para Kylian Mbappé, el joven maravilla de la Francia que levantó la copa, el primero de tantos galardones como estrella del fútbol mundial. Por lo pronto, ya se sabe que la fecha será recordada como el día en que las Pussy Riot le dieron al punk su propio Maracanazo.