18/04/2021

Indio Solari: su propio ángel de la soledad

Los grillos, el amor y la muerte.

KVK Fotos / Gentileza
Indio Solari

En una escena de la primera temporada de The Wire, al joven Wallace lo llevan de la ciudad al campo para salvarlo de la cacería que habían iniciado los sicarios de Avon Barksdale. La casa-granja de su abuela se vuelve refugio, escape, aislamiento. Allí lo deja un policía bueno, esperando más tarde pueda testificar en un caso clave para la causa. Al bajar del auto, Wallace parece perdido. No hay ruidos de patrulleros, ni gritos de transas, ni de botellas contra el asfalto. Solo y de noche. Pero hay algo que le resulta ensordecedor. “Son grillos”, le dice el teniente Daniels y lo deja. Solo y de noche. Sin las luces ni el smog de la urbe, las estrellas -parafraseando al Indio Solari- serían su lujo.

El ruido de los grillos también se escucha en la previa de A los pájaros, el show que Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado montaron sobre las ruinas de Epecuén y transmitieron, colapso de Ticketek mediante, para todo el mundo por YouTube. Sin riesgos físicos para el espectador, el hecho de que a un show de Solari siempre lo vea más gente de la estipulada permite ahora pensar no en lo ético sino en lo estético del asunto: el desborde popular como armonía colectiva.

Y allí confluye también un aspecto clave del show: al menos seis integrantes de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado se hacen cargo de la voz principal en algún tema. Ante el retiro de Solari como amenaza de lo inexorable, A los pájaros puso sus letras y melodías en las voces de todes. De ambos lados de la pantalla. Entonces ya no hay comparación posible, solo un canto masivo, democratizado. Que si el vibrato, que si lo imitan demasiado, que si se alejan mucho del original. El Indio, tantas veces emulado, ahora es evocado y cada copia es una copia válida. Como dípticos warholianos hechos a partir de una copia cero que existe en la cabeza de cualquiera.  “Si rezo solo, Dios se aburre igual”, cantó el propio Solari en "Rezando solo", uno de los dos estrenos para los que apareció a través de pantallas colocadas sobre el escenario (la virtualidad de la virtualidad).

Al Indio Solari, que construyó su popularidad escondiendo mucho más de lo que mostraba, estas apariciones lo vuelven aún más fantasmal. Y cada una viene cargada con la épica del tiro de gracia. Una despedida con un rocío en los labios que no se puede palpar. Parece que ahora sí, este es el final. Una idea / imagen con la que trabaja al menos desde 2013, en la portada de Pajaritos, bravos muchachitos, y que ahora se vuelve recurrente con el nombre del nuevo show de Los Fundamentalistas.

El Indio, desde las pantallas, se muestra en un más allá que todavía es lo suficientemente cercano como para permitirle cantar(nos). "Solo me falta saber la fecha y el lugar / y allí iré cantando…", dicen los versos de "Encuentro con un ángel amateur", el otro estreno con el que el Indio Solari avizora a esa próxima instancia. El más allá del que nadie sabe nada.

La naturaleza siempre gana. El Indio lo sabe. Epecuén lo supo. Y allí están sus ruinas y su quietud estremecedora, como metáfora de todo. Taperas, escombros, agua estancada, árboles muertos. La fuga de la ciudad al campo (un idilio al que el rock argentino le ha cantado desde Manal a La Renga, pasando por Divididos y Almafuerte) no es en la estética de A los pájaros un escape de redención espiritual sino un recordatorio de lo mismo. La naturaleza siempre gana.

Sobre el final más cantado que existe ("Jijiji"), los fuegos artificiales sonaron en el cielo imposible de Epecuén como bombas pequeñitas. Y como contrapunto a la pirotecnia, el ruido de los grillos traía tanta paz como la certeza de una soledad para la que el Indio Solari parece estar preparándose (¿y preparando a su público?) desde hace tiempo. El paraíso es una condena para él y allí se irá cantando. De este lado, cientos de miles de personas se quedarán el rato que les toque. Pero cantando lo mismo.