04/12/2015

Scott Weiland, un cantante arrollador atrapado por sus demonios

El ex Stone Temple Pilots y Velvet Revolver falleció ayer en Minnesota.

En plena ebullición grunge, con Nirvana, Alice In Chains y Pearl Jam en la cima, Stone Temple Pilots logró meter la cola, sin apoyarse en las características típicas de ese movimiento. En parte por sus grandes canciones, pero sobre todo por ese arrollador cantante que se abrió paso sin pedir permiso. Ese cantante era Scott Weiland, quien falleció ayer a los 48 años en Bloomington, Minnesota.

"Plush", "Creep", "Sex Type Thing", "Vasoline", "Interstate Love Song" y "Big Bang Baby": los Stone Temple Pilots se cansaron en meter hits durante la primera mitad de los 90. Pero la diferencia grande la hacían en vivo gracias a Weiland, quien desplegaba una actitud que mataba cualquier indiferencia. Podía pasar de apoyarse en el pie de micrófono, desgarbado y aparentando fragilidad, a pararse en el borde del escenario como una fiera que encaraba al público como potencial presa. Pero a la vez que llegaban esas noticias de lo impactante que era Weiland en vivo, también se hacía cada vez más público que sus adicciones eran cosa seria.

Stone Temple Pilots pudo edificar una carrera sólida, exitosa y global, pero debido a los vaivenes de Weiland no pudo sostenerla. El primer cimbronazo llegó en 1997: sus compañeros de grupo, hastiados de la inestabilidad que generaba el vocalista, quisieron seguir adelante con Talk Show, una banda paralela con otro cantante. El intento pasó sin pena ni gloria y no hizo más que subirle puntos a la figura del díscolo Weiland. Ambas partes zanjaron diferencias y en 1998 volvieron al ruedo. Los discos siguientes no pudieron replicar el éxito de los primeros tres (Core, PurpleTiny Music... Songs from the Vatican Gift Shop) y los STP siguieron como pudieron hasta 2002, cuando la paciencia con el cantante se agotó y la banda se separó oficialmente.

Por esos días se gestaba un supergrupo integrado por ex miembros de Guns N’ Roses como Slash, Duff McKagan y Matt Sorum, que saldría al ruedo con el nombre de Velvet Revolver. En un complicado y extenso casting de cantantes, el puesto se lo quedó Weiland. Al frente del grupo, en apenas dos discos el vocalista volvió a sacar chapa ser distinto,  ya que le dio vuelo propio a temas como "Fall To Pieces", "Slither", "Do It For The Kids" y "She Build Quick Machines".

Junto a Velvet Revolver visitó por primera vez Buenos Aires, como parte del festival Quilmes Rock junto a Aerosmith y Evanescence. En esa ocasión, el público local pudo comprobar que  todo lo que se decía de Weiland era cierto. A pesar de tener en sus espaldas a figuras de alto perfil, el cantante, que lucía una glamorosa gorra de coronel y no soltaba el megáfono, era de esos que aparecen muy cada tanto en el universo del rock. Y la reválida se dio un par de noches más tarde, cuando Velvet Revolver dio un inolvidable show en Obras. Ni Joe Perry (Aerosmith) se la quiso perder y allí estuvo, a un costado del escenario.

Sin embargo, quienes pudieron cruzarse a Weiland en Buenos Aires -en pasillos de hotel o en una fugaz visita al entonces Roxy de Federico Lacroze-, vieron el otro costado. El de un tipo de mirada vacía, taciturno y con demonios que no lo dejaban en paz. La unión con los ex GNR no duró mucho más y fue despedido de Velvet Revolver al año siguiente. Por suerte, a la vuelta de la esquina lo esperaba el regreso de la banda que lo había visto nacer.

Weiland volvió a Buenos Aires en otras cuatro ocasiones. Las tres primeras, junto a Stone Temple Pilots: Pepsi Music 2008, en el Club Ciudad; Luna Park en 2010 y 2011. La cuarta fue 2012, como solista, en un show más íntimo en Groove. Pero para entonces su carrera ya se encontraba sin rumbo. A principios de 2015, tuvo un nuevo conflicto al negar su participación en el grupo Art Of Anarchy  junto al guitarrista Ron "Bumblefoot" Thal (otro ex  GNR), cuando el disco ya había sido grabado. En abril se viralizó una triste performance suya de "Vasoline" junto a The Wildabouts, el último grupo que integró. En cada una de las últimas entrevistas que le hicieron, insistía en que el abuso de drogas era parte del pasado, aunque sus actuaciones en pequeños clubs, lejos del gran público, parecían indicar lo contrario.

Ni constantes reclusiones para rehabilitarse, buscar catarsis con autobiografías o escapes artísticos alternativos como una línea de ropa con su firma lograron que Scott Weiland se despojara de los demonios y abusos que lo acompañaron a lo largo de toda su carrera. Que haya fallecido con apenas 48 años de edad es una pena muy grande.