06/07/2020

Rosario Bléfari, la artista que sigue hablando desde el mañana

El horizonte se desarma entre las hojas.

Cecilia Salas
Rosario Bléfari

El 4 de febrero del año 2001 se realizó en el Club Hípico de Palermo el Festival Argentina en Vivo 2. Eran ocho bandas y solistas (Daniel Melero, María Gabriela Epumer, Leo García, Turf y Los 7 Delfines, entre otros) que pretendían ser una especie de mapa y guía de lo sónico y alternativo que dominó una de las vertientes y derivas del rock argentino en la década del 90. Podía haber sido un festival más, perdido en nebulosa de la memoria. Un punto en el almanaque de los días donde costaría mucho encontrarle un rasgo distintivo. Y sin embargo, lo tuvo. Esa noche subió a tocar Suárez, una banda sumamente extraña en un país que estaba a punto de derrumbarse algunos meses después. Pero lo inolvidable de esa noche estuvo depositado en un cuerpo y una actitud: Rosario Bléfari subió a tocar embarazada y en estado de gracia.

Está en YouTube, cualquiera puede verlo. Con diez años al frente de su banda cuando no era habitual ver a una mujer en ese lugar, Rosario Bléfari desplegó es anoche todo su encanto en distintas capas de sentido: desde lo visual, lo sonoro, lo estético, lo político y lo poético. Por supuesto, el siglo XX recién estaba terminando y su performance no fue bien recibida. Eran esos tiempos. La pregunta que circulaba era esta: ¿cómo una mujer embarazada se atreve a cantar canciones de rock con ese desparpajo y esa soltura, no debería estar haciendo reposo?

Rosario Bléfari, aventurera, icónica y empoderada desde siempre, no hizo caso a ninguna de estas críticas y siguió adelante con su vida: poco tiempo después se terminaría Suárez y ella arrancaría con su etapa solista con Cara. Así es cómo se demuestra desde qué lugar trabajó siempre ella: desde el futuro. La fuga es hacia adelante. Y desde ahí, en un mañana donde el mundo es más justo y hermoso, sigue hablando todavía.

Hay que tener en claro algo cuando se habla de Rosario Bléfari, que murió hoy a los 54 años: ella es una especie única de un solo ejemplar que empieza y termina en sí misma. No hay antecedentes ni epígonos, hasta el momento, en el campo cultural argentino de alguien que pudiera desplegar un campo de batalla tan extenso donde se conjugan con maestría -y una delicada ambición- la música, la escritura, la actuación, el arte plástico, la docencia. Y todo eso, que es muchísimo, lo llevó a cabo de una forma artesanal, independiente y siguiendo su propio ritmo y el pulso de su deseo.

Es en este sentido que Rosario Bléfari demostró, primero con Suárez, luego con su carrera solista y en cada uno de los proyecto que impulsó, el tipo de artista que era: alguien que hizo de la libertad un modo material y certero de intervenir su tiempo y a su generación. Algo interno la movilizaba de una manera irrefrenable. Dice en "Lobo", uno de sus hits imperecederos: "Como un lobo suelto / dentro de mis pensamientos / en mis dominios sé que siempre está ahí. / Detrás de un árbol, debajo del pasto / y en la obra suspendida, esta suelto me ocupa, /vive de mi; / y yo también vivo de él / no salgo a pasear, / no quiero comer".

Lo primero que se escucha de Suárez en un disco es una bola de ruido. Con eso empezaban sus shows legendarios de principio de los 90, que algunos comparan con The Velvet Undergrund. Es el comienzo de "Conductor de noche" en Hora de no ver (1994) y es tremendo. ¿Qué estaban queriendo decir con ese gesto inaugural? Que la belleza tiene un costo y que la dificultad también se puede disfrutar. Y ese fue un posicionamiento estético que no pasó inadvertido en ese momento de los 90.

A partir de entonces, y de los discos que siguieron (Horrible, Galope, Excursiones, más 29:09:00), Suárez se volvió una referencia absoluta para la escena alternativa porque creó su singular y único camino: el grupo no solo publicaba sus discos de manera independiente con su propio sello (FAN) y tuvo hits inesperados como "Río Paraná" y "Excursiones", sino que había creado su circuito de lugares inesperados dónde tocar: bibliotecas, muestras de arte, pequeños teatros y antros. A pie, pero con una búsqueda estética y sonora expansiva, elevada, el quinteto (con Fabio Suárez, Marcelo Zanelli, Gonzalo Córdoba y Diego Fosser) parecía el resguardo moral y la tercera posición entre quienes creían que la única forma de vida para una banda de rock era arrodillándose ante las exigencias de un sello discográfico multinacional y los que pensaban que lo indie solo era una manera de regodearse en la autoindulgencia.

Suarez siempre se cortó solo y eso le dio algo necesario para la subsistencia de una banda de rock: incomprensión de muchos y adoración de algunos paladares exquisitos que se encargaron de mantener a la banda viva en la memoria. Es por eso que el grupo ni siquiera contempló la posibilidad de ingresar en la fama ni en la masividad, pero todos sabían perfectamente quiénes eran. La libertad también es una de las formas de la soledad. Y es más que necesaria para seguir creando.

Pensando en lo que vino después, ahora mismo no resulta extraño que una de las primeras ídolas musicales que tuvo Rosario Bléfari haya sido Mercedes Sosa. El trabajo que hizo con su manera de cantar resultó una influencia innegable para toda una generación de cantantes que vinieron después de ella. En este aspecto, su voz era una manera de estar y habitar el mundo. Tenía un carácter muy particular de expresarse: de una inocencia avasalladora donde parecía todo el tiempo estar descubriendo el universo que la rodeaba y desde ahí lo trasladaba hacia los demás en sus canciones. Viento helado comienza así: "En la medida que no dejo de escuchar / Como desarman nuestras noches las campanas / Llevando todo lo que vienen pasarán / Y el horizonte se desarma entre las hojas / Algún día de estos / A través del cielo / Cada minuto como nos acerca / Viento helado, voy al viento".

Es impresionante.

Y es una manera de observar y seleccionar los materiales que bien se pueden ver en sus últimos libros: Antes del río (Mansalva) y Las reuniones (Rosa Icerberg). Cuando escribía, Rosario Bléfari, lograba que sus lectores se reconciliaran con el mundo porque les ofrecía una manera renovada de percibir, de relacionarse con el universo cotidiano.

¿Y no es un icono absoluto su actuación en Silvia Prieto de Martín Rejtman? Formada en el teatro revolucionario de los 80 (aquel del Parakultural y Cemento), Bléfari estuvo cuando el under era un paraíso que construyó nuevas cosmovisiones para los que crecían en democracia luego de la dictadura y necesitaban recrear la realidad. Eso la formó y le dio herramientas a un talento ya natural que pudo desplegar en una película increíble como Los dueños, de Agustín Toscano (antecedente notable de Parasite), y la reciente Planta permanente, de Ezequiel Radusky. Lo que lleva contemplar una situación: como artista, ella era, además, el eterno presente. Y, por supuesto, mirar hacia adelante.

Es por esto que no había vuelta más digna que la de Suárez. Lo hizo porque quiso, no lo necesitaba. El almanaque la encontraba más activa que nunca. A saber: estaba al frente de Sue Mon Mont, Paisaje Escondido y Los Mundos Posibles, con quien sacó el mejor disco argentino de 2018: Pintura de guerra. Fue en este contexto que su último disco solista fue Sector apagado (que tiene su documental dirigido por Nahuel Ugazio y producido por Federico Orio) y representó un momento de suspensión de una carrera que tenía un futuro inimaginable.

Rosario Bléfari

Rosario Bléfari fue uno de esos casos en los que su existencia era una demostración que la obra también tiene su correlato con los días de la vida. Que forma y contenido, que esencia y carnadura se pueden fusionar para crear una pieza atemporal y significativa que trata de modificar a quien se acerca. Ella vino para decir que la pelea por la belleza se da en todos los frentes: arriba y abajo del escenario, de este y del otro lado de la pantalla.

¿Cómo valorar este nivel de entrega? Ahí está todo lo que dejó y es inmenso, porque su valor es incalculable en cuanto a las personas que interpeló y afectó. Películas, discos, obras de teatro, libros, clases y videos se encuentran al alcance de cualquiera que quiera descubrir a una artista que fue como un río que todavía sigue corriendo y mostrando que es posible proyectar delicadeza y bondad en un mundo que se empecina en destruir todo lo hermoso. Rosario lo logró, lo llevó adelante y lo vivió. Ella sigue hablando desde el mañana.

Hace un tiempo, durante este 2020, venía escribiendo unos textos para el sitio La Agenda. El último lo escribió el 21 de junio. Y es un diario de esa semana. El final resulta demoledor pero luego de la emoción ilumina, como todo lo que hizo.

Dice así: “¡Vamos por un día más!”