29/12/2015

Lemmy, el hombre que nació para perder y vivió para ganar

El líder de Motörhead encarnó la definición más pura del rock'n'roll.

En una escena de la película Airheads, un rocker plantea la siguiente pregunta: "¿En una pelea entre Lemmy y Dios, quién gana?" Pero la pregunta es capciosa: tal pelea no puede existir, porque Lemmy ES Dios.

En sus más de 60 años de vida, el rock ha tenido miles de versiones en sus interpretes. Exitosos, perdedores, oportunistas, advenedizos, glamororos, millonarios, mendigos, pero el único que fue realmente auténtico en toda su dimensión fue Lemmy Kilmister. Hace décadas que en la industria de la música ser y mostrarse real, o hacer sin vueltas lo que a uno se le de la gana, es un pésimo negocio. El líder de Motörhead nunca tuvo un conflicto al respecto, siempre se mostró como era, grabó lo que quiso y no retrocedió medio centímetro en sus convicciones. El rock fue concebido como un estilo que pateaba lo establecido, sonaba pecaminoso, incomodaba al desprevenido y barría con los prejuicios. Motörhead, o Lemmy que es lo mismo, desde su primer disco en 1977, hasta el último en agosto de este año, cumplió con todos esos requisitos.

En esa breve descripción quizá se entienda un poco más por qué para sus seguidores más acérrimos Lemmy era Dios. Como denominar si no a un tipo que en sus 50 años de carrera reivindicó los preceptos más básicos y sagrados del estilo como ningún otro. Como entender si no que durante décadas cada vez que salía a tocar se presentaba diciendo "We are Motörhead, we are rock’n’roll" ("nosotros somos Motörhead, nosotros somos rock’n’roll") y lejos de resultar un guiño simpático, la afirmación causaba un respeto imposible de cuestionar. Lemmy es, para quien suscribe, la definición más pura del rock. Aun más que cualquier Rolling Stone, porque su destino lo volvió esquivo de la condición de millonario alejado del resto de los terrestres y porque jamás hubiera buscado adaptarse a las tendencias.

Así como Chuck Berry o Little Richards asustaban madres en la década del 50, los temas de Lemmy provocan lo mismo, en pleno 2015. Pero ya no habrá nuevos discos de Motörhead. Lemmy falleció el "día de los inocentes" y el vacío que deja su figura se hará cada vez más legendario con el correr de los años. Asomarán historias desconocidas de su carrera y reconocimientos tardíos que no se animaron a darle en vida. Lo que realmente importa es el ejemplo de cómo mantener una carrera digna y mantener los sueños. Como decía el tatuaje de su antebrazo: "nacido para perder, vive para ganar".