18/05/2017

Chris Cornell, la gran voz del grunge

Hoy el sol tiene un agujero negro.

Cecilia Salas

Esta noticia no se la esperaba nadie. Menos aún si se ve su calidad intacta en el show que anoche había dado en Detroit. Sin embargo, a las pocas horas, Chris Cornell, la voz más impactante que dio Seattle, fue encontrado sin vida en el baño de su habitación. Fue como una trompada a traición que todavía tiene groggy a varias generaciones de rockeros. No tenía la edad ni la toxicidad que pudieran hacer imaginar un final en este momento.

Cornell se presentó en sociedad al frente de Soundgarden, quizás el grupo que mejor condensó lo que propuso el grunge: autogestión, furia punk, oscuridad acuñada en Black Sabbath, masividad, problemas para lidiar con el éxito y una importante cantidad de canciones inoxidables, de esas que terminan sonando hasta en salas de espera. Si en ese grupo la guitarra de Kim Thayill era clave, lo realmente irremplazable era la voz de Cornell. El tipo era capaz de entonar como en un susurro intimista e inmediatamente pasar a un rugido furioso; venía de la escuela de Robert Plant, con un caudal admirable, de esos que llegan hasta el último rincón. Imposible imaginar Soundgarden sin su presencia, donde su voz elevó temas a niveles altísimos: desatado en “Hands All Over”, “Outshined”, “Jesus Christ Pose”, “Slave & Bulldozers”, envolvente en  “Fell On Black Days” y “Black Hole Sun”.

Fue durante los primeros años con Soundgarden, más exactamente en 1990, que Cornell se sintió tan afectado por la muerte de su amigo Andrew Wood, cantante de Mother Love Bone, que fue el motor principal para lo que terminó como Temple of the Dog. Ese efímero grupo formado junto a los excompañeros de Wood, que poco tiempo más tarde saldrían al ruedo como Pearl Jam. Inclusive, en “Hunger Strike”, una de las joyas de ese disco, Cornell hacía un dueto con un por entonces desconocido Eddie Vedder. Temple Of The Dog, que el año pasado volvió por un rato, fue una auténtica criatura de Cornell, donde a corazón abierto compuso en letra y música casi la totalidad del disco.

Cuando Soundgarden le puso freno a su a carrera en 1997, Cornell se dedicó a una irregular carrera solista que tuvo sus momentos interesantes en los dos primeros lanzamientos, Euphoria Morning y Carry On, una búsqueda de nuevos horizontes sin final feliz en Scream y vuelta a su mejor estado en Higher Truth. En el medio de eso, fue parte de Audioslave, el supergrupo junto al tándem sonoro de Rage Against The Machine, con quienes editó tres discos muy exitosos, pero que sembraron una minigrieta entre quienes consideraron valiosa a la banda en lo artístico y otros que vieron el rejunte sin nada nuevo que ofrecer.

Hasta que en 2010 volvió Soundgarden, sacó un nuevo disco y otra vez las giras por todo el planeta. Sin embargo, Cornell no abandonó su carrera solista y llevó ambos proyectos en paralelo. Tras una reunión de Audioslave para manifestarse contra Donald Trump, en este 2017 se suponía que habría nuevo disco de Soundgarden.

Arriba del escenario, Cornell era sublime por voz y presencia. Con un marco de distorsión, se posesionaba como una fiera aullando sus dolores; en tono acústico, verlo significaba estar delante de un intérprete exquisito. Ambas versiones pudieron ser apreciadas por el público argentino. Debajo de la tarima, Cornell nunca pareció poder sobrellevar su popularidad. Cuesta encontrar imágenes suyas con una sonrisa; prefería recluirse y alejarse de cualquier tipo de exposición. Incluso, en las entrevistas se lo notaba como haciendo un esfuerzo para no terminarlas a los diez minutos.

La importancia del grunge en los 90 está fuera de discusión, igual que el halo trágico que rodeó a varios de sus protagonistas principales. Pero esta muerte es la que menos se esperaba y el impacto es doblemente doloroso por las circunstancias en que se dio. Quizás un precio demasiado alto que pagar por el último estilo que pateó el tablero del rock.