04/05/2020

Adiós a Tom Lupo, el poeta de la voz profunda

El periodista y escritor murió hoy a los 74 años.

Florencia Downes / Télam
Tom Lupo

Tom Lupo fue aquel que en los pasillos de una radio se despedía siempre con la misma frase: "no cambien, excepto que el billete sea grande". Y Carlos Galanternik, el chaqueño de Charata, no cambió demasiado en su vida. Habrá tenido cheques más o menos pequeños, pero siempre se mantuvo fiel a otro de los axiomas que le permitía hacer radio tan bien: ese que definía a los programas como "música, palabras y la música de las palabras".

Tom atravesó los ochenta en el mejor lugar posible para vivir esa década. En medio de la vuelta a la democracia, editando una revista que se llamaba Twist y gritos, "pretendía competir contra Pelo (que me parecía muy banal) donde convoqué a gente como Alberto Laiseca. Teníamos una forma particular de ver el rock y la cultura nacional. Entonces me llamaron para un programa que recién se iniciaba y se llamó 'submarino amarillo'. Ahí conseguí mi seudónimo”, contaba en una entrevista que le hacían hace algunos años. Ahí mismo dejó de ser Carlos para pasar a ser Tom -nombre que adoptó en homenaje al escritor Tom Wolfe- y Lupo porque era el italiano de Wolf, el lobo. Un nombre artístico que nunca más perdió y por el cual lo nombraban todos los que pasaron por ese programa: Ratones Paranoicos, Los Fabulosos Cadillacs, los Redondos, Soda Stereo o Sumo. Así de amplio era el espectro de la época y del programa y así de amplio era Tom.

Entre los hitos de esos tiempos esta la versión de “Años”, de Pablo Milanés, cantada por Luca y Andrés Calamaro. Origen incierto e historia de oídas varias, pero todo el proceso siempre empieza en Tom y su “nos vamos poniendo tecnos”. Una canción que se conseguía en un compilado en los ochenta y que volvió a resurgir en el volumen 2 de las Grabaciones Encontradas de Calamaro.

Tom desembocó en los noventa navegando entre la radio y algunas experiencias gráficas, como El Planeta Urbano. También experimentó con la televisión, de anteojos negros y campera de cuero, promoviendo el rock argentino con los videos más raros y bizarros, acorde a los tiempos que corrían. Después llegó el Tom Lupo Show, que pasó por Radio Municipal, FM Vox, FM Faro y probablemente algunas más. En ese espacio podían convivir Pipo Lernoud, Ezequiel Abalos y su "Rock de Acá", un columnista de software libre -cuando eso era una rareza-, o un espacio dedicado a las editoriales independientes.

La poesía siempre estuvo como horizonte, como centro y como pie de sus programas. Aquello de la música de las palabras le salía muy bien. Poetas como Oliverio Girondo, Juan Gelman, Macedonio Fernández, Alejandra Pizarnik o Jorge Luis Borges estuvieron siempre cerca; Lupo leía y recitaba siempre con su voz profunda y sin apuro, con la convicción del que sabe lo que dice pero más que nada sabe cómo decirlo.

En los 2000, casi 15 años después del Neosonido 2002, se lo vio en Volver Rock con Catarina Spinetta. Editó también un disco de poesías de Girondo, con música de León Gieco y Luis Gurevich. Sus últimos programas habían sido en AM Del Plata: El pez náufrago no esquivaba el rock, pero tenia la poesía como centro. Sus charlas en la trasnoche, junto al “Loco de la colina”, eran un fragmento de una radio de los ochenta aunque 30 años más tarde. Sus apariciones junto a Beto Casella, cuando este estaba en Mega, eran un homenaje al espesor histórico que Tom se había ganado en el mundo del rock. El Indio, Mollo, Fito o Calamaro hablaban en los programas de Lupo, sin importar en qué emisora estuviera.

El 20 de junio de 2015, una Toyota Hilux que conducía Tobias Villamil se lo llevó puesto y lo dejó en un coma inducido del cual salió meses después pero sin recuperarse del todo.
Hoy, lunes 4 de mayo, Radio Nacional volvió a emitir en la madrugada a Tom charlando con Fito Páez, recordando el lanzamiento de El amor después del amor. Ests grabaciones encontradas, presentadas por León Gieco, eran una forma de mantener a Tom Lupo en el aire y reconocerle su lugar en el medio. Nadie podía imaginar que, horas después, la música de las palabras que su voz proponía se convertiría en un profundo silencio de radio.