05/09/2018

Leé un capítulo del libro “Ramones en Argentina”

Adiós, amigos.

Ramones

La relación de amor entre los Ramones y la Argentina es más que conocida, pero hasta ahora las visitas del cuarteto al país no ocupaban más que el lugar de “dato de color” en las biografías y el de recuerdo entrañable en la memoria de los ramoneros. Sin embargo, los viajes del grupo al Cono Sur significaron mucho más que eso.

Con su libro Ramones en Argentina, Gerardo Barberán Aquino, periodista de Silencio, pone las cosas en orden, ya que repasa cada uno de los recitales de los neoyorquinos en estas tierras, con testimonios de todos los integrantes vivos (más un sólido trabajo de archivo para contar con la voz de los que ya no están), productores, periodistas, y músicos de las bandas locales e internacionales que abrieron los shows. Por gentileza de Gourmet Musical, acá podés leer el capítulo “1992”, donde además aparecen Dee Dee y los Die Toten Hosen. Eso sí, antes de arrancar, gritá “uanchutrifor”.

Septiembre

“Odiaba mi vida. Deseaba estar muerto”, escribió Dee Dee Ramone sobre su situación a comienzos de los noventa en su autobiografía Lobotomy: Surviving The Ramones. Muchos de los amigos con los que Dee Dee había compartido noches y otras cosas habían muerto en el último tiempo: Johnny Thunders, Jerry Nolan (ambos de los New York Dolls y The Heartbreakers) y Stiv Bators (The Dead Boys) fallecieron con diferencia de meses. Las reuniones de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos solo lograban poner de mal humor al bajista. “No había forma de mantenerme alejado de las drogas viviendo en el East Village”, afirmaba Dee Dee, que tampoco tuvo suerte, ya que en 1991 fue el foco de una operación policial antidrogas y quedó detenido. El caso tuvo gran cobertura mediática. Según Dee Dee, “la prensa fue avisada de antemano. Por eso se armó tanto revuelo, para que parezca que la ciudad estaba ganando la guerra contra las drogas”. Por este episodio, Dee Dee pasó un tiempo en la cárcel.

“Le vendí los derechos de ‘Poison Heart’, ‘Main Man’ y ‘Strenght to Endure’ a los Ramones a cambio de unos miles de dólares para contratar a un abogado y salir de la cárcel”, escribió Dee Dee. Esas tres canciones se convertirían en la columna vertebral del que sería el nuevo disco de Ramones, Mondo Bizarro. Lo curioso es que en los créditos Dee Dee figura como coautor de las canciones junto a Daniel Rey, uno de los habituales colaboradores de la banda por esos años. “Yo las escribí con todo mi corazón y alma. ‘Poison Heart’ era mi canción sobre mi vida”, resume Dee Dee, y con razón: su pluma se destaca por sobre cualquier otra del álbum. La banda que se reía de él por haber grabado un intento de rap llamado ‘Funky Man’ ahora rimaba sin ningún tipo de vergüenza versos como “It’s the year of the monkey, gonna be real funky” (‘It’s Gonna Be Alright’). La calidad compositiva de Ramones en los años siguientes fue tan baja que los datos asustan: en sus siguientes trabajos de estudio (Acid Eaters y Adios Amigos) solo incluyeron cinco canciones firmadas por miembros de la banda de ese momento.

“[Mondo Bizarro] Necesitó del trabajo de todos […] el nombre se le ocurrió a Johnny y me pareció muy bueno. Suena a una película de ciencia ficción como las que se hacían en los años cincuenta. Por otra parte, nadie puede negar que nuestro mundo es bizarro”, declaró Joey Ramone al diario Página/12 en 1992. “Algunos comenzaron a tratar al rock con demasiada seriedad. Nosotros quisimos contribuir con un poco de humor, no ser tan solemnes. Al mismo tiempo, tratamos temas importantes en muchas de nuestras canciones, como el problema del sida o la deforestación del Amazonas. A los chicos no les importa lo que dicen los políticos […] se informan de los temas serios a través nuestro”, contaba el cantante, días antes de los shows en Obras.

Mondo Bizarro fue el primer trabajo de Ramones luego de haber terminado su contrato con Sire Records y sirvió para sellar el pacto con sus fans sudamericanos para siempre. El álbum llegó a certificarse como disco de oro en 1994, tanto en Brasil como en la Argentina, un logro que ningún trabajo de estudio de Ramones había alcanzado hasta entonces. De hecho, el único álbum que llegó al oro en los Estados Unidos (sin contar el compilado Ramones Mania) fue Ramones y lo logró en 2014, treinta y ocho años después de su publicación original.

La gira sudamericana para presentar Mondo Bizarro arrancó en Santiago de Chile: el 12 de septiembre de 1992 fue la primera vez que la banda tocó allí. Tres días después, los Ramones se presentaron durante cuatro días seguidos –comenzaron siendo dos, pero las localidades se agotaban– en el estadio de Obras Sanitarias, a esta altura su casa en Buenos Aires.

Esa vez, el turno de abrir cada noche fue para Todos Tus Muertos, otra banda punk que venía creciendo luego de haber militado en el under porteño de los ochenta y que acababa de actuar como soporte en otro mítico recital ocurrido en el estadio de Obras unos meses atrás: el desembarco de Mano Negra. Pero la historia detrás del show de TTM junto a Ramones el día 16 de septiembre de 1992 había comenzado mucho tiempo antes.

—Grinbank no nos llamó a nosotros —cuenta Jorge Iacobelis, por entonces miembro de TTM—. Yo fui a negociar con Roberto Costa (por entonces socio de Grinbank en el grupo Rock & Pop) para tocar. Fidel se había peleado con Grinbank, lo había insultado y hasta se había metido con su religión y esos temas, así que la Rock & Pop había dejado de hacer cosas con Todos Tus Muertos. Cuando me senté con Roberto Costa en su oficina de Paseo Colón me presenté como el nuevo baterista de la banda y productor. Después de mucho hablar, acordamos volver a trabajar juntos.

Esta negociación le permitió a los Muertos volver a tener aire en la radio, aunque fuera en los horarios más marginales de la madrugada, y de esa manera promover sus propios shows, beneficio que según Iacobelis no poseían hasta ese momento. Todos Tus Muertos estaban presentando su disco Nena de Hiroshima, así que la difusión y la posibilidad de mostrar el álbum ante un Obras lleno les venía muy bien. Todo estaba en marcha salvo un detalle: su miembro fundador y uno de los principales compositores de la banda, Horacio “Gamexane” Villafañe, era un gran fan de Ramones, pero la formación de los Muertos de ese momento no lo tenía entre sus filas.

—Los Ramones eran sus ídolos. Cuando se enteró de que los Muertos iban a tocar con ellos me llamó y me vino a visitar al local —cuenta Iacobelis—. En una reunión con Fidel, Félix y Julito Amin (el resto de TTM), les comenté que sería bueno que Gamexane tocara uno o dos temas con nosotros, sobre todo porque varias de las canciones que tocábamos eran de él.

De todas las bandas soportes de Ramones en la Argentina, Todos Tus Muertos fue la única que preparó una puesta en escena a gran escala. El día anterior al recital, Fidel Nadal y Jorge Iacobelis fueron en camioneta hacia el cementerio de la Chacarita y allí husmearon entre los contenedores de basura, tratando de recoger coronas de flores que habían servido para decorar velorios y luego rápidamente descartadas. La intención era llenar el escenario de Obras con coronas de flores, en busca del velorio más sucio y punk del mundo.

—Llevamos las coronas al local que yo tenía en la galería Bond Street —dice Iacobelis—, que estaba justo enfrente de otro que era de Ricardo Iorio, que por entonces estaba en Hermética, y justo lo tenía desocupado, así que pedí permiso y lo llené de coronas. Eran como veinte, que ya tenían como cuatro o cinco días, y el olor a flores podridas era realmente feo. Ni en las catacumbas de la Chacarita se sentía algo así, era enfermante.

Luego de la visita al cementerio, TTM tenía programada la prueba de sonido para el primer show. En Obras los esperaría Amilcar Gilabert, un histórico sonidista de la música argentina que trabajó con Charly García, Mercedes Sosa, Serú Girán y muchísimos más. Gilabert recibió la orden de la crew de Ramones de no utilizar más de cuatro canales de la consola de Obras, algo que limitaba su trabajo enormemente. Sin embargo, ante la consulta de toda la banda sobre qué iba a hacer, el sonidista se mostró sereno y dijo: “No se preocupen, mañana van a sonar muy bien”. La solución fue traer el estudio móvil del propio Gilabert y aprovechar su potencia al máximo, a tal punto que en pleno concierto los sonidistas de Ramones le fueron a pedir explicaciones por la gran potencia del sonido en los primeros temas de TTM. “Traje mi propio equipo”, les respondió.

Mientras tanto, enfrente de la consola de sonido, en el escenario, pasaban otras cosas. Todos Tus Muertos estaba tratando de encajar su puesta en escena dentro de la de Ramones.

—Habíamos arreglado para armar la batería adelante de la de ellos —cuenta Iacobelis—, pero como yo no quería estar al ras del piso del escenario, porque no te ve nadie, había llevado una tarima que me hizo un carpintero ¡y era más alta que la de Obras! ¡Tapaba por completo la batería de Ramones!

Con la batería más las flores, el objetivo de TTM de llamar la atención en escena estaba cumplido. Al otro día cubrieron todo el escenario con las coronas de flores. El olor fue tan fuerte que inmediatamente llegó a las narices de Johnny Ramone y Monte Melnick: “Saquen todo ahora”, fue la orden que llegó desde el seno Ramone.

—Fidel les dijo que no, porque las coronas eran un símbolo de Todos Tus Muertos y toda esa historia. Se generó una discusión en la que Fidel los terminó mandando a la mierda, les dijo “fuck you” a los Ramones. Después vino la gente de Daniel Grinbank a avisarnos que nos habían cancelado; nos dijeron “llévense todo y váyanse”. Tuve que intermediar y logré que Fidel le pidiera perdón a la producción por faltarles el respeto, entonces Grinbank dijo que saquemos todo e hiciéramos como si no hubiera pasado nada —recuerda el baterista de TTM.

 

La crónica del show publicada en Página/12 por el periodista Pablo Reyero encontraba en un ejemplo la personificación del fan de Ramones, a partir de este año decididamente llamado ramonero. Su apodo era “El Muerto” y expresó lo que significaba la banda para muchos como él con estas palabras: “Dieciocho años de historia sin desviarse de la ruta. Eso sí que es fuerza. Para nosotros, los Ramones representan el rock callejero que te abre la cabeza y te hace ver la vida como algo más que caer preso y juntarse en un bar con los amigos”.

Como “El Muerto”, el resto de los ramoneros consideraban los días de visitas de Ramones como unas vacaciones; ahorraban, trabajaban o robaban durante todo el año solo para poder pasar cada una de esas noches junto a sus ídolos. No bastaba con verlos una vez, había que repetir. El furor no estaba únicamente en las veredas de Libertador: se contaban por centenares los fans que se agolpaban esperando ver a los neoyorquinos en la puerta del Hotel Panamericano, ubicado casi enfrente del Obelisco, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires.

“Nos gusta mucho tocar acá. Los fans son de primera. Lo único que me molesta es tener que estar encerrado en el hotel. Son demasiado devotos”, dijo Johnny Ramone en una entrevista con el diario La Nación el 17 de septiembre de 1992. Como se sabe, los Ramones no eran famosos por demostrar cariño, pero siempre se mostraron respetuosos con sus fans. Tener a un centenar de adolescentes afuera del hotel los ponía nerviosos, no era algo a lo que estuvieran acostumbrados, y por esto Johnny Ramone diseñó una especie de rutina para la banda: los músicos debían salir en tandas a saludar, firmar y sacarse fotos con los fans. Los cuatro Ramones estarían disponibles en algún momento del día para interactuar con la gente. Por supuesto, algunos rápidamente encontraron otros métodos para interactuar con sus ídolos.

—Nos vestimos bien, cómo si no fuésemos unas punks, y con una amiga nos metimos en el hotel directamente por la puerta, como cualquier otro huésped —cuenta Sonia, una fan que con el tiempo logró entablar una relación de amistad con los miembros de la banda—. Éramos unas larvas de 13 o 14 años y queríamos verlos, así que nos sentamos en la confitería a esperar a que bajaran a desayunar. Como no teníamos un mango, tardamos horas en decidir qué pedir, al final le dijimos al mozo que nos trajera un café con leche y medialunas para compartir entre las dos; cuando el café ya estaba recontra frío aparecieron y pudimos saludarlos.

—Yo era la clase de fan que salía del colegio e iba a hacer puerta al hotel —dice Pablo Chocrón, quien luego iba a tocar en Mal Momento—. Un día fui y no salían, así que decidí ir a tomar el subte a Lavalle y Esmeralda. Ahí me di cuenta de que venía caminando Johnny mientras Marky estaba en un puesto de diarios leyendo revistas.

Las imágenes más impactantes de estas desaforadas vigilias se encuentran en Ramones Raw, el DVD producido por Marky Ramone que, como su nombre lo indica, muestran lo mejor del material crudo capturado con la cámara de mano del mismo baterista. Allí se ve que los fans no solo esperaban a la banda en la salida del hotel sino que además los perseguían en autos particulares, taxis y motos a lo largo de toda la Avenida 9 de Julio. Cada semáforo significaba dos o tres chicos bajándose de los vehículos para golpearles las ventanillas para pedirles un autógrafo, un beso o un saludo de los músicos. “No podemos llegar al restaurante de esta manera”, se lo escucha decir a Johnny en el video, mientras intima a Melnick diciéndole “debemos perderlos, Monte”. Mientras el chofer hace lo que puede, la respuesta, un poco obvia, sale de la boca de CJ: “Están por todos lados”.

La puerta de la Rock & Pop estaba igual de poblada que el año anterior. Esta vez, los invitados al programa Heavy Rock & Pop eran Joey y Marky.

—Cada vez que [Joey] venía a la Argentina, le preguntaba a los organizadores “¿cuándo voy al programa del narigón y el gordo?”. Nunca supo nuestros nombres —dice Alejandro Nagy en referencia a él y al Ruso Verea—. Él venía a hacer radio, no entrevistas. Era muy lindo recibirlo, en ese momento te transformabas en uno más del programa de Joey Ramone.

Mientras cientos de fans esperaban la salida de los músicos y escuchaban la radio a través de sus walkman, un grupo de punks alemanes andaban sueltos por Buenos Aires y también estaban escuchando la radio: eran los Die Toten Hosen, quienes el fin de semana anterior habían tocado por primera vez en la Argentina junto a la nueva banda de Pil Trafa, Pilsen, en un show en la discoteca Halley que con los años se volvió legendario. Los Hosen habían entablado una relación reciente con algunos miembros de los Ramones, especialmente con Joey, quien participó como invitado en el disco de covers de los alemanes, Learning English, Lesson One. Al enterarse de que Joey estaba en la radio, el cantante Campino, el bajista Andi y el guitarrista Breiti no dudaron en pasar a saludar. Aunque antes, claro, debían atravesar la masa de gente que estaba en la puerta de la Rock & Pop.

“Nunca antes (ni después) me saludaron y aplaudieron tan frenéticamente como en aquella entrada al edificio de la radio –declaró Campino en la historia oral de la banda en su página oficial en castellano: dth.com.ar. Y como estábamos tan sorprendidos, nos tomamos nuestro tiempo y estuvimos alrededor de media hora firmando autógrafos antes de entrar al estudio. […] Sabíamos que los Ramones eran grandes en Sudamérica, ¡pero realmente no pensamos que tanto!”.

Los Hosen fueron bienvenidos a la radio aunque no estuvieran formalmente invitados. Joey volvió a pasar sus temas y la charla volvió a prolongarse hasta las 3 de la mañana. “Los Ramones estuvieron de muy buen humor y no solo porque la Argentina para ellos era, lejos, el país en el cual mayor éxito tenían. Nosotros estábamos muy contentos, porque no podía haber nada mejor que estar en Sudamérica y hacer un programa de radio junto a Joey y Marky”, concluyó el cantante de Die Toten Hosen sobre aquella larga noche (casi) primaveral.

Ramones en Argentina

Luego de sus primeros cuatro discos, el setlist de los shows de Ramones incluía tímidamente el material de los nuevos trabajos. Nunca hacían más de cuatro o cinco canciones recientes durante la gira de promoción de turno, y con la llegada del siguiente álbum solo una o dos de las del anterior lograban formar parte del repertorio estable. Para 1992, las elegidas de Mondo Bizarro fueron el corte de difusión, ‘Poison Heart’, más ‘Censorshit’, ‘Strength To Endure’ y ‘Main Man’, estas últimas con CJ Ramone en las voces. Solo algunas de esas canciones se unieron a ‘Take It As It Comes’, el cover de The Doors que los Ramones tocaron en repetidas oportunidades. “Todos hacían remakes de ellos, pero hacían canciones más conocidas –dijo Marky Ramone en entrevista con el periodista Gabriel Hernando del diario La Nación. Nosotros nos planteamos el proceso contrario y seleccionamos el segmento más oscuro del primer disco”. Las dos canciones cantadas por CJ servían para estirar el descanso de Joey luego de los parates de la lista de temas; la banda las interpretaba en formato de trío y luego Joey volvía para hacerse cargo del micrófono.

Aunque casi no se percibió en escena, CJ Ramone estaba recuperándose de una lesión en su mano izquierda. Dos meses antes de la visita, el bajista había tenido un accidente en su moto junto a su novia; el resultado fueron veintiocho puntos de sutura en el muslo, algunos más en la nariz y el mentón, y una fractura en la muñeca izquierda. Los Ramones comenzaban una gira europea unas semanas después del accidente, por lo que CJ no tuvo tiempo de realizar ningún tipo de rehabilitación y sanó su cuerpo en la ruta. En los shows de Obras utilizó un protector que servía para reducir –apenas– los movimientos de la muñeca.

Durante la semana de los shows –fueron de miércoles a sábado–, los Ramones visitaron otros medios además de la Rock & Pop; uno de ellos fue el programa que tenía Mario Pergolini a la medianoche, La TV ataca, que por entonces se emitía por Canal 9. Marky y CJ fueron los designados para asistir a la entrevista, que fue por los lugares comunes de casi todos los reportajes que le hacían a la banda en esa época: influencias, la escena punk de los setenta, qué le parecían las bandas nuevas, etcétera. Pero la última pregunta fue la más sorpresiva, ya que era algo que no tenía que ver con lo estrictamente musical. Era algo que le preguntaban a todos los entrevistados que pasaban por el programa: “A la hora de tener un orgasmo: ¿gritan o no?”. Luego de una carcajada de CJ, el bajista respondió que sí. Marky necesitó tiempo para responder y finalmente dijo que no lo hacía. Aparentemente, la respuesta de CJ fue motivo de burlas puertas adentro de la banda, ya que en el show del 17 de septiembre Joey Ramone usó uno de los pocos segundos en los que la banda se tomaba un tiempo para respirar para cargar al bajista: “Quiero hacerle una pregunta a CJ sobre sexo: Hey, CJ ¿Gritás?”, dijo el cantante. No hubo respuesta, solo la guitarra de Johnny con el riff de apertura de ‘I Wanna Live’.

Al finalizar uno de los shows, como cada vez que los Ramones se trasladaban de un punto de la ciudad a otro, un grupo grande de fans estaba esperando la salida de la combi que llevaba a los músicos. Otra vez la escena de golpes en los vidrios en busca de un autógrafo o un saludo, pero esta vez con trágicos resultados.

—Por accidente [la combi que transportaba a la banda] se llevó por delante a una chica. La camioneta estaba saliendo hacia la avenida y la piba vio que adentro estaban los Ramones así que se tiró encima y la camioneta la chocó —recuerda Iacobelis, quien junto al resto de Todos Tus Muertos fue testigo del hecho desde las ventanas de los camarines de Obras.

—La gente estaba muy enardecida, como siempre. El tipo que manejaba la camioneta que los llevaba al hotel aceleró un poquito de más, rozó a un par de pibes, los golpeó y ahí se armó la batahola —narra Nagy, quien estuvo cubriendo los shows desde el estadio—. Se armó una gran gresca y los pibes no tuvieron mejor idea que descargarse con todos los autos que estaban estacionados enfrente de Obras. Los dieron vuelta. Cuando vi que empezaba todo el quilombo, me acordé de que mi auto estaba ahí enfrente; yo tenía un Polara hecho pelota. Pasaron veinte minutos explosivos, se fue la horda, desaparecieron todos y fui a buscar el coche. Vi un Duna dado vuelta, otro todo destrozado porque le habían bailado arriba, un rejunte de chatarra, hasta que vi al Polara entero: solo me habían volado un espejo. Vi que en el parabrisas había una huella de un borcego. El parabrisas de un Polara es una piedra, no lo rompés con nada. Y entonces vi a uno que iba rengueando: ¡ese era el que lo había pateado!

Para los fans argentinos de los Ramones, 1992 fue uno de los años más descontrolados, principalmente porque la banda tenía mucha actividad además de los shows: los cuatro salían a cenar, realizaban conferencias de prensa en el lobby del hotel, asistían a programas de radio y televisión. Los medios necesitaban de la banda casi tanto como sus seguidores. El domingo 20 de septiembre, con los cuatro shows en Obras ya en el pasado, los Ramones se presentaron por única vez para la televisión argentina, en los estudios de Canal 9 ubicados en el pasaje Gelly 3378, en el barrio de Palermo. El programa en cuestión era Hacelo x mí, conducido también por Mario Pergolini, que llevaba bandas todos los domingos –especialmente las que venían de afuera y eran producción del grupo Rock & Pop– así que había una tribuna donde se ubicaban los fans de los grupos de turno. Por supuesto, con Ramones se tuvieron que tomar otro tipo de medidas.

—En este caso en particular, la logística era medio un quilombo por la cantidad de fans que había —recuerda Juan Pablo Gauthier, productor y musicalizador de Hacelo x mí y La TV Ataca—. Muchos de ellos eran adolescentes descontrolados. El caso de los Ramones fue diferente al de las otras bandas internacionales que vinieron, por la cantidad de público y el fanatismo de la gente. La noche anterior a la presentación en TV tuve que ir al show en Obras a buscar las cintas del playback. Recuerdo el mal clima que había, una especie de Vietnam; el ambiente era denso, mucho más que en las veces anteriores.

En cuanto se propagó la noticia de que había una posibilidad más de estar ante un (mini) show de Ramones, los fans no perdieron tiempo en buscarse un lugar en la tribuna.

—Entre los escuchas de punk rock de mi barrio esas noticias se dispersaban rápidamente —dice Lucas, uno de los que estuvo presente esa noche en la puerta de Canal 9—. La capacidad del estudio estaba llena, nosotros llegamos en un grupo numeroso y revoltoso. Tratamos de hacer una avalancha y a mí me agarraron dos personas de seguridad. Me amenazaron y uno hizo un ademán apuntándome al estómago con lo que creí en ese momento era un arma. Hoy creo que en realidad era un handy o alguna cachiporra que me hicieron creer que era un caño. Luego de eso, intentamos colarnos por un hospital que había a la vuelta, una boludez. Nadie logró ingresar en ninguno de los dos intentos.

—Eran todos pendejitos, así que fue bastante difícil calmarlos. De hecho, quedó gente afuera simplemente por la capacidad del estudio y porque si metían más, la tribuna, de estructura tubular, se venía abajo. Para verlos estaba el show en Obras, pero ese no fue argumento suficiente para tranquilizarlos —dice Gauthier.

Puertas adentro de los estudios de Canal 9, los equipos e instrumentos que el día anterior habían sido usados en Obras Sanitarias ahora estaban listos para aparecer en la televisión abierta argentina.

—Recuerdo haber entrado a un camarín a fumar un porrito con un compañero de trabajo y nos encontramos con las camperas de los Ramones colgadas en un perchero —dice Gauthier—. Era como tener delante un icono, como la camiseta que usó Maradona contra los ingleses. La primera reacción de mi compañero fue revisarle los bolsillos, je je, pero estaban cosidos para que no tuvieran nada encima. Lo curioso fue que las camperas estaban mojadas, cosa que hacían siempre para soportar el calor y no dejar de usarlas por el calor de las luces.

Una vez al aire, Pergolini presentó a los Ramones y la tribuna del estudio se transformó en una reproducción a escala de la popular de Obras. En una imagen muy parecida a la de The Beatles en los programas de Ed Sullivan, CJ, Marky, Johnny y Joey ingresaron corriendo al escenario, ajustaron sus instrumentos y esperaron a que la pista comenzara. Tras Censorshit, hubo una entrada en falso de ‘Take It As It Comes’ –mala elección para hacer playback, ya que arranca con voz y banda completa–, y una breve entrevista. Joey respondió casi todo con monosílabos u oraciones cortas, ya que apenas podía escuchar las preguntas debido a los gritos que llegaban de la tribuna. Para despedirse, la banda tocó ‘Poison Heart’.

Con el programa finalizado, bien entrada la noche del domingo todavía quedaba una tarea por realizar: desalojar el estudio de Canal 9.

—La salida fue bastante polémica —dice Gauthier—. Fui detenido por la Policía junto a Pergolini cuando nos íbamos, ya que [los fans] habían destrozado todas las vidrieras sobre las calles Gelly y Salguero. Mientras nos detenían, pude ver cerca de diez policías con palos y escudos corriendo a “niños” que les tiraban de todo y cantaban temas de los Ramones mientras corrían. Al otro día tuve que fumarme a los dueños de kioscos y otros locales puteándonos a todos por los destrozos.

La gira sudamericana de Ramones, que había comenzado en Chile, siguió rumbo a Brasil con recitales en San Pablo y Río de Janeiro. Este último estiró un tiempo más la racha de incidentes dentro de los shows de Ramones. Un posteo en Facebook de CJ lo explica claramente: “Fue la única vez que los Ramones cortaron una canción por un motivo ajeno a lo que sucedía en el escenario”. El video que acompaña el posteo muestra el momento en el que una bomba de gas lacrimógeno estalla casi en la primera fila de gente, al lado del escenario; el público forma un círculo gigante justo enfrente de Joey, quien siguió cantando ‘I Wanna Be Sedated’ hasta que fue evidente que no se podía continuar. La banda continuó unos segundos más hasta que la música se apagó de a poco. No quedaba nadie adentro del lugar.

Como había sucedido en 1987, los skinheads habían vuelto a meterse en el recital. Fueron ellos quienes arrojaron el gas lacrimógeno en un lugar cerrado con tres mil personas. El saldo fue de veinte heridos, dos de ellos en estado grave. El grupo neonazi esta vez se identificaba como Carecas do Brasil; doce de ellos fueron detenidos esa misma noche por la Policía. Una vez que el ambiente del lugar recuperó el oxígeno, el público que seguía en las inmediaciones del estadio fue invitado a volver. Los Ramones regresaron al escenario. “Los idiotas se fueron, vamos a hacer música”, fueron las palabras de Joey antes de seguir el recital con ‘I Wanna Live’.

La siguiente visita de Ramones a Sudamérica sería exclusivamente para dar cinco shows en Buenos Aires.

Diciembre

“Siempre pensé que iba a volver a la Argentina con los Ramones. No sé cuánto tiempo pasó. Nunca me imaginé que iba a volver con mi propia banda, pero acá estoy”, declaró Dee Dee Ramone al micrófono del Ruso Verea para el programa El especial de la casa, emitido por el canal de TV por cable Much Music. La visita del ex Ramones fue en diciembre de 1992, poco más de dos meses después de los cuatro shows del cuarteto en Obras Sanitarias.

El nuevo grupo de Dee Dee –quien ya había probado suerte con proyectos solistas y colaboraciones con Stiv Bators– eran los Chinese Dragons, integrado por pibes sub 25 que habían sido rescatados de un bar de Detroit. El objetivo de Dee Dee era volver a las raíces y formar una banda de blues y rock and roll, con el sello de Detroit característico de bandas como The Stooges o MC5.

—Ellos venían con un sonido súper Detroit —dice el Ruso Verea—. Dee Dee fue a esa ciudad en busca de ese sonido sucio y distorsionado, algo que Steve Jones también buscó por esa época con Fantasy 7. Tenía un bajista de más de dos metros que tocaba un Rickenbacker. Yo siempre lo delineaba de esta manera: para mí, esos sonidos eran para escuchar en equipos de baja calidad, con amplificadores de baja categoría y a un volumen muy alto.

Sin dudas, 1992 fue el año clave para el punk en la Argentina, principalmente para el público sediento de recitales. Además de la escena local, en cuestión de meses Buenos Aires tuvo las visitas de Mano Negra (julio); Steve Jones & Fantasy 7 (agosto); Public Image Ltd., Die Toten Hosen y Ramones (septiembre); Nirvana (octubre) y Dee Dee Ramone & The Chinese Dragons (diciembre). Todas ellas corrieron distinta suerte en cuanto a repercusión y convocatoria.

—Cuando vino Steve Jones y los Fantasy 7, éramos 200 personas y los Skid Row, que venían de llenar Obras —dice Nagy recordando esa furiosa seguidilla de visitas—. Terminaron de tocar y fueron corriendo a verlos. “¿Cómo que está tocando y no hay nadie?”, decía el bajista [Rachel Bolan] y se metió a poguear con los pibes. No sabés lo que eran los Fantasy 7. Lo que alguna vez fueron los Neurotic Outsiders [el supergrupo de Jones con miembros de Guns N’ Roses y Duran Duran] no le llegaban ni a los talones. Era caña, caña y caña. Había que estar muy atento en esa época porque esas cosas pasaban muy rápido.

La agenda de Dee Dee fue muy similar a la de sus ex compañeros: una entrevista en la radio, show en Halley, programas de TV y, por supuesto, muchos días encerrado en el Hotel Bauen.

“Me escapé del hotel y me descubrió un grupo de chicos que comenzaron a rodearme y hacerme preguntas”, dice Dee Dee en su autobiografía. “No podía creer lo amados que eran los Ramones. […] Supongo que es porque los Ramones y sus fans [argentinos] vienen de pasar las mismas situaciones”.

En el programa Heavy Rock & Pop pudieron descubrir al Ramone que les faltaba.

—Estaba re loco —recuerda Verea—. Era un personaje que estaba lleno de cosas en su cabeza y les costaba explicarlas.

—Dee Dee miraba el estudio con una mirada perdida —dice Nagy—, era un tipo que estaba muy golpeado por todo lo que había consumido en la vida y decía para sí mismo algo así como “cuánto tiempo pasó, Dee Dee, cuánta agua bajo el puente”. Me dio la impresión de que había vivido varias vidas en una sola y se notaba, estaba golpeadito. Tenía el aspecto de una persona que venía de recuperarse, estaban muy frescas sus últimas experiencias con las drogas.

El show de Dee Dee Ramone & The Chinese Dragons del viernes 11 de diciembre de 1992 corrió con la misma suerte del de la banda de Steve Jones. La expectativa no se tradujo en ventas de entradas, tal vez porque el público esperaba ver algo similar a Ramones y desconocía el sonido de la banda, que solo llegó a editar tiempo después un simple con la canción ‘What About Me’ y un cover de los New York Dolls, ‘Chatterbox’.

—Se la perdieron, la gente no entendió lo que eran —afirma Alejandro Nagy—. Lo lamento por el que los trajo, porque perdió mucha guita, la gente no fue. Yo decía al aire: “Muchachos, se lo perdieron”. No eran los Ramones pero era una banda rara, interesante y muy rocker.

La lista de temas del show de los Chinese Dragons recorrió canciones propias en las que Dee Dee y el bajista, Richie Screech, se turnaban en el micrófono; también hicieron canciones de Ramones como ‘I Don’t Wanna Walk Around with You’ y ‘I Wanna Live’. Dee Dee esta vez tocaba la guitarra y estaba a la izquierda del escenario. Una vez que el show se animó más, Dee Dee ocupó el centro de la escena agarrado solo de su micrófono, sin instrumentos, para cantar una versión de ‘Ace of Spades’, de Motörhead, donde mostró movimientos dignos de Iggy Pop.

Al finalizar el show, Dee Dee decidió patear las calles de Buenos Aires como si fueran las del Lower East Side.

—El tipo estaba bastante ido —recuerda Sergio Gramática, quien lo vio caminar sin rumbo—. Yo estaba comiendo con el sonidista y lo vi pasar por la calle; estaba mirando los edificios. Lo invité a sentarse con nosotros y no quiso. “Estoy caminando un rato, quiero conocer Buenos Aires”, nos dijo. Parecía un muñequito, estaba re loco.

Muy pronto, Dee Dee iba a conocer las calles de la ciudad mucho mejor que el resto de los Ramones.