07/03/2019

Leé un capítulo de “El ritual de Jane’s Addiction”

Stuart Sevastos / Wikimedia Commons
Jane's Addiction

“Algún día voy a publicar mi autobiografía, y este libro me va a ayudar a refrescar la memoria”. Así de elogioso es Perry Farrell con Fabrizio Pedrotti, autor de El Ritual de Jane’s Addiction (Gourmet Musical Ediciones).

Y el cantante -y creador del Lollapalooza- no exagera. El libro propone una reconstrucción minuciosa y lograda del período en el que Jane’s Addiction grabó Ritual de lo habitual (1990), su disco más célebre y uno de los grandes hitos del rock alternativo. Sexo, drogas, muertes, peleas, demonios internos, magia negra y rock & and roll… todo es parte de la historia contenida en las páginas de El Ritual de Jane’s Addiction, que ya puede conseguirse en las librerías de todo el país.

A modo de anticipo, el capítulo titulado “Robándose las novias …o cómo una infidelidad cambia el destino de la banda”

“Todos nos cogíamos a las mujeres de los demás. No entiendo por qué tanto lío –dice Eric Avery–, solo le di un beso a Casey Niccoli en el backstage de un show. Estábamos los dos en pedo, fue en los inicios de Jane’s. Chris Brinkman –exguitarrista del grupo, ya fallecido– había estado con mi novia, y aunque eso me hizo mierda por un tiempo, pude seguir. La infidelidad era moneda corriente. No sé por qué, pero lo era”.

En una entrevista publicada en SPIN en 2003, Niccoli contó cómo fue el encuentro. “Eric y yo nos emborrachamos, y él trató de levantarme. Le devolví el beso, pero simplemente estábamos en pedo. Desde que se lo dije a Perry lo odió y no lo pudo superar”.

“Eric confesó que la amaba –respondía el cantante en el mismo artículo–. Yo no me robaría las novias de mis amigos. O sea, no se te tiene que ocurrir, ni siquiera en el ambiente del rock”.

“Por esta tensión, Perry y Eric llegaron a un punto en el que no podían estar en el mismo cuarto –dice Paul Vitagliano–. A veces los problemas en las bandas se generan por dinero, por fama, por créditos o por mujeres. Acá hubo una combinación de todo eso, con el combustible agregado de que realmente se pasaban de heroína y de otras drogas. Son asuntos que se deberían poder charlar, pero no si vivís falopeado”.

“Nuestra relación era como la Guerra Fría. Había una tensión tácita, y ambos sabíamos que si uno explotaba todo iba a volar en pedazos –contó Avery en aquella misma nota de SPIN–. Es sorprendente que nunca nos hayamos agredido físicamente, considerando cuán fuera de control estaban las cosas. Ni nos gritábamos, pero hacíamos boludeces para herir los senti­mientos del otro”.

Dave Navarro y Perry Farrell sí se iban a agarrar a trompadas, e iba a ser en el contexto menos esperado: en medio de un show.

El grupo no paraba de trabajar. Si tenían que tocar un viernes en el club Scream, de Los Ángeles, muchas veces se quedaban ensayando ahí desde el jueves a la noche. “Gran parte de Ritual se escribió de madrugada. Como los pubs abrían solo los viernes y sábados, los dueños nos dejaban practicar los días de semana –dice el baterista Stephen Perkins–. Teníamos muchos lugares para ensayar y componer. Un montón de gente nos daba su garaje, su living o su estudio. Esto fue antes de que tuviéramos el dinero de Warner, y de que nos fuéramos a un lugar propio.

Pero una vez que la compañía apareció, nuestras canciones ya estaban listas. Teníamos todo. Las letras se escribían en la casa de Perry y de Casey. Durante dos semanas, nos juntamos en el Scream desde las ocho de la noche hasta las cuatro de la mañana. Así llegamos a los arreglos finales de Then She Did… y de Three Days. Si los comparás con Mountain Song y con Had a Dad, que eran más repetitivos, te das cuenta de que antes no los trabajá­bamos tanto. Repetíamos las estructuras una vez o dos y listo. En cambio, Then She Did… Three Days tienen un montón de empeño. En Nothing’s Shocking había temas complejos, como Standing in the Shower… Thinking Ted, Just Admit It… Justamente, a esos también los compusimos de madru­gada. No era que nos juntábamos y decíamos ‘ensayemos un toque y después comamos pizza’. No, era un ambiente oscuro y desafiante, y formaba parte de nuestro sonido –agrega Stephen, por si faltaban descripciones–. Después del cuarto día de esa rutina, nuestras cabezas se sentían liberadas. Ahí alguno decía ‘escribamos una canción’ y arrancábamos con la intro de Three Days Then She Did… Como no estábamos tan hiperactivos –por ser de noche y por haber seguido una rutina–, les dábamos a los temas el tiempo necesario para que crecieran. Cuando llegaban las cinco de la mañana ya estábamos cansados de tocar fuerte. Mucha de nuestra música no solo fue compuesta en un estado oscuro y experimental de la conciencia, sino también del cuerpo. Metiéndonos en un lugar cerrado a la madrugada, con las luces apagadas y nadie alrededor, no había forma de que se interrumpiera esa química”.

Jane's Addiction

En 1990, Brian Virtue tenía 19 años e idolatraba a Jane’s Addiction. Hoy es un reconocido productor e ingeniero de sonido, nominado a los Grammy en múltiples ocasiones. Entre sus méritos se destacan los trabajos que hizo con Korn, Deftones, Audioslave y Thirty Seconds to Mars. Pero ese año, por casualidad, estaba empezando a dar sus primeros pasos en la grabación. Y fue a parar a Track Record, donde vio el proceso de Ritual de lo habitual por completo. Fue prácticamente un milagro, porque la banda era muy hermética.

“Desde chico, me las ingenié para juntarme con la gente que admiraba –dice Virtue–, pero no era consciente de que presenciaba el armado de uno de los discos alternativos más importantes. En general, era un buen año para la música, y al estudio llegaba un montón de material. En la sala de al lado, John Doe –del grupo X– estaba haciendo su primer álbum solista [Meet John Doe]”. Brian cuenta que Jane’s Addiction empezaba a grabar unas horas des­pués del mediodía y continuaba toda la noche. “Era la hora típica. Si arran­caban a las tres de la tarde, generalmente terminaban a las tres de la mañana. Dave Jerden no estaba siempre. Cada tanto se iba, y volvía para controlar. Ronnie Champagne sí estaba en el día a día, y su rol en el disco fue enorme. Cuando la banda dejaba el estudio, yo me quedaba charlando con él. Y desde que Jane’s Addiction abandonó Track Record hasta que el disco salió, pasó bastante”.

Champagne también grabó el bajo en Of Course, una de las canciones experimentales del álbum. Hoy, Eric Avery se arrepiente de no haber estado: “El tema no me gustaba para nada, y no podía hallarme. Me resistí, y la banda tuvo que encontrar a alguien que me reemplazara. Yo era estúpido y bastante quisquilloso. Ahora pienso que es una gran canción, así que estaba muy equivocado”.

“Fue un honor participar del tema –dice Ronnie–. Eric era un bajista de la puta madre, y cuando me preguntaron si quería hacerlo, acepté alegremente. En su momento él estaba agradecido conmigo, porque de alguna manera le hice el aguante. Toqué al servicio de la canción, de una forma minimalista y sin sonar disruptivo”.

“En efecto, había muchísima tensión entre los cuatro –relata Brian Virtue, el productor–. Farrell, por lo general, parecía bastante contento. Los primeros días, mientras yo ayudaba a Jerden y a Champagne a que armaran todo, ellos repetían: ‘Perry está muy pasado de heroína’. Recuerdo otra vez que Farrell entró y dijo irónicamente: ‘Qué día tan hermosamente fantástico para estar encerrados acá…’. Dave tenía sus altibajos, y Eric no hablaba con nadie”.

Al margen de esos vínculos disfuncionales, durante Of Course Stephen Perkins tuvo uno de los momentos más divertidos de su carrera. La canción se cataloga dentro del klezmer, un género con raíces judías. Lo irónico era que también había sido creada a partir del bajo.

“Una vez que escuchamos la mezcla notamos que había mucho espacio de sobra, y dijimos de poner un violín –explica el baterista–. Pero como tenía­mos un amor profundo por el dub y el reggae, empecé a llevar un montón de juguetes desde mi casa: un tambor parlante, platillos ice bells, cencerros chi­quitos e incluso una campana de iglesia. En realidad, arranqué grabando una pandereta, pero después terminé surtiéndome de todo lo que podía”.

Perkins fue uno de los pilares más importantes en esta canción. “Champagne y Jerden estaban ahí, y Perry iba y venía. Dave y Eric directamente no apare­cían. Así que empecé a construir mi propio paisaje sonoro, comenzando con algo simple y añadiéndole cosas. Después puse platillos china con sizzles, y les pegaba cerca con un micrófono, para que hicieran el sonido que yo quería. Si los tocaba una vez, el efecto duraba de seis a ocho compases. Así que empecé a experimentar con todas las texturas del estudio”.

En una entrevista con la revista BAM, publicada en noviembre de 1990, Farrell señalaba que esa canción era una de las favoritas de su papá. El artículo contaba: “A Perry no le molesta que su padre, un joyero de la calle 47 de Nueva York, lo llame y le pregunte por qué no canta más al estilo del ‘negro Lionel Richie’. Su papá adora el feeling de Of Course, porque le recuerda a la banda sonora de El violinista en el tejado”.

En esa nota, el periodista decía que la canción narraba “cómo el hermano mayor de Perry le hacía golpearse en la cara [sic]. Es una clara metáfora de la adicción”, se leía. En la revista también se elegía a Ritual como el “álbum más obsceno y orgulloso de eso desde Exile on Main St. Tonight’s the Night”, de los Rolling Stones y de Neil Young, respectivamente. No se equivocaban. Pero tampoco se imaginaban que las cosas se volverían más crudas.