10/03/2018

Leé un adelanto del libro sobre Depeche Mode

Disfrutá el Silencio.

Cecilia Salas
Depeche Mode

“Así como se considera a los Kraftwerk como los Beatles del tecno, creo que somos los Stones de esto”, dijo Dave Gahan acerca de Depeche Mode. La frase sirve para introducirse al mundo del trío que completan Martin Gore y Dave Fletcher, el mismo que trata de desentrañar -especialmente en su relación con la Argentina- el libro Depeche Mode – Música para las masas, con textos que compiló el periodista José Bellas. Acá podés leer algunos testimonios que forman parte del trabajo editado por Planeta, como previa para el show del 24 de marzo en el Estadio Único de La Plata.

Jorge Serrano (Los Auténticos Decadentes): Grabamos una versión de “Enjoy the Silence” con algunos chicos de la banda para un disco de FM 100. Yo a Depeche Mode no los había escuchado más que en la radio y sus temas conocidos, pero esa canción me parece formidable, una de las mejores letras que oí. Es muy clara, simple. Dice: “Todo lo que yo quería, todo lo que yo necesitaba, en este momento está entre mis brazos”. Una cosa hermosísima. Es tanto una canción de amor como de la idea de estar disfrutando plenamente del momento. Me gusta eso que dice, de que las palabras son violencia y pueden romper los momentos. Hoy sucede eso con la fotografía, la filmación, de que todo se registra y no se disfruta. Me parece demasiado perfecta la letra y el ambiente, el clima. Y el video de un rey de cartón sentado en una reposera diciendo “todo esto es mío”, me maravilló.

Daniel Melero: La gran clave de Depeche Mode es que han cambiado siempre, conservando una esencia que incluso no es lo más importante que tienen. Para mí no es importante lo tecno o el procedimiento mediante el cual componen, sino las melodías y la manera en que manejan el silencio. Fíjense qué sólido era el concepto inicial que siguen prosperando en buena música. De partir de una caja de ritmos y un sintetizador, a terminar en estadios que se reconocen tardíamente, es todo un viaje. Y en ese universo las letras son una gran clave. No estamos ante un grupo que escribe letras superficiales o basadas en estándares; tienen una complejidad por momentos oscura y fetichista, brillante y de redención. Cuando escuché “New Life” fue fabuloso, no tanto por inspiración sino por el aprecio que me despertaron, en el mejor sentido de la palabra, porque yo aprecio pocas cosas. Los caminos elegidos por Depeche Mode siempre han sido de belleza. Uno puede discrepar con eso, pero nunca dejan de ser profundos. Speak & Spell es un álbum muy irregular pero tiene una canción que está diciéndolo todo.

Leo García: Black Celebration es un disco que me encanta porque es perfecto. Me gustan las construcciones de los samples que tiene y el desarrollo del disco entero de punta a punta. Lo sigo escuchando toda la vida. Me lo compro en todos los formatos que van saliendo: casete, compact, vinilo. Me gusta también el documental que hay sobre ese disco en donde explican bien cómo están sampleados cada uno de los sonidos. Es una superproducción sonora y son mucho más que buenas canciones. Lo que más me interesa es cómo exploran el sonido y cómo alcanzan esa atemporalidad dark, porque no se encierran en una época determinada. Es atemporal y maravilloso. Rompían un auto o tiraban una cañita voladora para grabar ese sonido en estéreo, algo que se nota muy bien en los paneos del disco. Como ellos lo escucharon lo grabaron, y eso me parece una cosa de ultra vanguardia, porque la música se está haciendo así ahora, con los programas de computadoras. Este disco te demuestra que un artista tiene que hacer lo que más le gusta, experimentando y potenciándose al máximo. Es su disco más tecno, es pura vanguardia. Cada vez que ponés ese disco sentís que la modernidad existe. Y ser modernos es lo mejor que nos puede pasar en la vida. Es mucho más que un disco: es una especie de biblia.

Mike Amigorena (actor y músico): Si tengo que elegir algo de ellos es la canción “The Bottom Line” del disco Ultra. Ultra y Violator son los mejores discos de Depeche para mí. A “The Bottom Line” me la cantaba una ex novia y tanto me quedó en la cabeza que la hice con mi ex banda, Mox. Para mí Depeche Mode es el símbolo de un equipo con garbo, con un talento vanguardista, con elegancia. Me gusta porque tenemos casi el mismo registro vocal con Dave Gahan. Recuerdo escucharlos por primera vez en el 87 y paré la oreja por los sonidos industriales, sonidos de tenazas cayendo, de caños golpeándose. Todo ese sonido nuevo me llamó mucho la atención, y de alguna manera me influenció en lo que hago.

Walas (Massacre): Siempre me resulta difícil definir qué es ser un artista de culto. Supongo que tiene que ver con el conservar cierta esencia underground a pesar de haber llegado a la popularidad, y manejar —a veces sin proponérselo— ciertos códigos de conducta tanto en lo artístico como en la comunicación de lo que uno hace. Definitivamente Depeche Mode, al igual que otras bandas notables como New Order, Radiohead o incluso R. E. M., responden a la definición de artistas de culto. ¿Será por esa cierta taciturnia en las letras, o por las oportunas pinceladas de oscuridad en sus semitonos, que Depeche Mode reviste con una sofisticación que no llega a identificar del todo a lo masivo y popular? Sumamente influyentes, amo la fórmula de las dos voces grabadas una octava arriba y una abajo. Y cuando me enteré de que muchas de sus primeras canciones fueron grabadas con una caja de ritmos DR55, me enamoré perdidamente porque esos son los parámetros minimalistas y de amateurismo analógico en los que me gusta moverme. “Enjoy the Silence” es uno de mis favoritos en el repertorio del pop-rock universal y no pienso morirme sin verlos en vivo otra vez.

Barbi Recanati: Cuando era chica e iba al colegio, me hacía unos compilados en casete para el camino. Me acuerdo que repetía muchas veces alguna canción del mismo lado para no tener que rebobinar para volver a escucharla una y otra vez. Una de ellas era “Condemnation”, del disco Songs of Faith and Devotion, que fue la que más me marcó en la adolescencia. Esa canción me abrió puertas a otros estilos. Yo venía muy de la movida de los 80 y este tema me metió un poco más en el dark noventoso. La voz de Dave Gahan siempre me pareció increíble. Tranquilamente podría ser una canción de soul de los 50, pero la rotura de su garganta y el sentimiento de su voz me podía de una manera que no lo hacía ninguna otra en ese momento. A partir de ahí me hice muy adicta a buscar esa personalidad en las voces: empecé a escuchar a Nick Cave o bandas como Pulp, artistas que hoy son de mis favoritos. Y “Condemnation” fue la culpable de abrirme esa gran puerta.

Patricio Sardelli (Airbag): Nadie logró la fusión entre electrónica y rock como ellos. Definitivamente son unos pioneros, y lo hicieron tan bien que a uno que no le gustan las máquinas, los sintetizadores y todas esas cosas, lo hacen sentir interesado igual. Ellos alcanzaron un nivel artístico tremendo, especialmente en los 90. Cuando Martin Gore empieza a agarrar la guitarra, la banda toma otro formato, a partir del disco Violator. Si bien antes habían hecho de todo, este es el mejor momento de la banda. A partir de ese disco la banda se pone en otro lado: hay guitarras, riffs, empieza a tomar una ruta más de rock alternativo, rock electrónico. Es la versión que más me gusta de ellos, por esa cuestión de las guitarras. “Personal Jesus” es su canción máxima. A mí me gustan las canciones que tienen guitarras y riffs que quedan y que las pueda tocar una banda en un garage. Depeche Mode marcó una diferencia en la manera de hacer este tipo de música, con esa oscuridad y esa cosa alternativa capaz de llegar a las masas. En ese sentido “Personal Jesus” es una canción que marca una era.

Clemente Cancela (Periodista, conductor): Hay pocas pasiones que guardo de la infancia. Depeche Mode me sigue gustando igual que cuando lo conocí. Fue un poquito antes de la salida de Violator, cuando ya le estaban dando manija al disco, en la época de la radio Z95, en donde podía convivir algo berreta con algo de calidad. Tengo el recuerdo muy nítido de cuando salió Violator, que estaban los videoclips que había dirigido Anton Corbijn, que ya de por sí me llamaban mucho la atención (sobre todo el de “Enjoy the Silence”, que me sigue pareciendo una joya). Para esa época también salió Counter Face, que es el disco solista de Martin Gore. A partir de ahí, con Martin Gore en particular tengo un nivel de admiración gigantesco. De hecho, con el tiempo, cuando fui incorporando otros gustos, nunca perdí ese respeto. Cuando vinieron en el 2009, el tratamiento estético –que tiene que ver con Corbijn– se notaba en escena: era absolutamente simple y a la vez contundente. Recuerdo en “Walking in My Shoes” estaba toda esa pantalla con las montañas en blanco y negro y bajaba un cuervo volando. A mí siempre me pareció muy contundente todo lo que tenían. Ahora está buenísimo volver para atrás, revisarlos, y volverse con gemas. Depeche Mode es la prueba de que una carrera no hay que pensarla a corto plazo porque si hay calidad siempre va a ser respetado, siempre va a estar bueno. El tiro tiene que durar y seguir ardiendo tiempo después. Y Depeche Mode lo hizo.

Fabricio Oberto (Exbasquetbolista, músico) Yo tengo tres nombres. El tercero, Jesús, siempre lo relacioné con “Personal Jesus”, que es una canción que siempre escuché y que me gusta mucho, más allá de ser un clásico. De Depeche siempre me impresionó la capacidad para innovar dentro de su propia historia, más allá del contexto. Ver un show de ellos o escuchar un disco es, canción tras canción, descubrir algo nuevo. Ese modo que impusieron de llevar adelante el tecno, con los sintetizadores que comenzaron a usar y la forma en que los utilizaron, se convirtió en un sello. Es tan propio el estilo, que escuchás los primeros acordes de una canción y ya sabés que son ellos; eso es lo que los convierte en una banda tan grande. Todo lo que es la electrónica del pop y el rock inglés fue impulsado por ellos. Dentro de ese gran universo, Violator es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos. Con temas como “Personal Jesus” y “Enjoy the Silence”, parece su verdadero Grandes Éxitos.

Juan Di Natale (Periodista, conductor): Yo estuve en los dos conciertos del grupo en la Argentina. Al primero de Vélez lo transmití para Rock & Pop y fue increíble. La puesta del primer concierto, de Anton Corbjin, era muy grosa e impactante para la época. Además era el momento de Dave medio gitano, de pelo largo y muy encuerado. Fue un gran concierto, y venía además con esa especie de leyenda negra alrededor de él, que estaba enroscado con la heroína, en un momento muy oscuro. Y el otro, del club Ciudad, fue una cosa mucho más luminosa, multicolor, y de un momento mucho más afectivo y cálido de la banda con su público, como de vuelta de todo me parece, de vuelta del infierno. Si yo tuviera que destacar algo de Depeche Mode para mí es la dupla compositor-intérprete de Martin Gore y Dave Gahan. Martin Gore es un gran compositor de canciones, uno de los tocados, y logra poner canciones en Dave como si realmente las estuviera viviendo. Es una de las grandes duplas del rock. Nunca fui fan pero Depeche Mode siempre estuvo ahí, fue la banda sonora de mi vida. Y con el paso del tiempo, que uno se pone más exigente, a Depeche Mode siempre la conservé como una banda a la que respeto mucho.

Érica García: Soy fan del concepto y el sonido de Depeche, pero no de toda su obra. Por eso los abordaría por donde llegaron a mi vida: de chica los escuché en la radio y los detesté. A mí me gustaba Bowie, The Clash, canciones, guitarra, bajo, batería, sonido de banda de rock. Escuchar a Depeche me hacía verdaderamente mal a los oídos. Se ve que no estaba preparada. Hasta que un día enganché en la tele un documental de ellos tocando sus temas los dos solitos con una acústica. Eso fue un antes y un después en mi vida. El click, comprendí todo. Necesitaba que se me acercaran de esa manera tan familiar a mi oído cancionero. No se me ocurría que esos temas hipnóticos y amorfos con sonidos de hospital se podían tocar con una criolla. Desde ese momento pasaron de ser basura a Dios sin escala. Luego seguí con Violator y hasta llegué a incluir una versión de “Enjoy the Silence” en castellano en mis shows que era muy linda. Me parecen unos terroristas de la música. Rompieron todo de una forma atractiva para las masas, entrando tanto en el oído rocker, en el electro, en el que no tiene idea de nada, en el de la nena que va a bailar. Mientras grababa mi disco Amorama en Los Ángeles en el 2000 con la banda de Beck, mi baterista era Victor Indrizzo, en ese momento batero de Depeche. Se habían hecho muy amigos con Dave Gahan en la clínica de rehab y se cuidaban mucho mutuamente. Un día estábamos en el auto de Victor y justo llamó Dave. “Estoy acá con Erica, la música argentina con la que estamos grabando”, le dijo Victor. “Dave te manda saludos, ¿le querés decir algo?”. Yo, paralizada, solo atiné a decir: “Decile que hago una versión de ‘Enjoy the Silence’ en español”. Victor se lo contó y prometimos acercarle mi versión. No la grabé nunca todavía, el día que lo haga le avisaré.

Martín Ciccioli (Periodista, conductor): Soy clase 72, por ende la euforia Depeche Mode me agarró cuando estaba en la adolescencia, en las discotecas, con el disco 101 y Music for the Masses, que los ponían siempre. Yo ya tenía mi amor por la música, al margen de la discoteca, pero por si fuera poco, en la discoteca era lo que más me gustaba. Depeche Mode era bailable pero melancólico. “Just Can’t Get Enough” y “Everything Counts” fueron los temas que pegaron más fuerte de movida en las discotecas. El primer casete que tuve fue Música para las masas, así, traducido, y lo gasté. Me hice tan fanático que incluso siendo un pendejo me compré el vinilo doble en vivo importado, pero al poco tiempo lo perdí en una fiesta canchereando y fue un drama. Después, en el 90, cuando dejé la secundaria, sacaron Violator, que es un disco que los instala definitivamente, con gemas como “Personal Jesus” y “Enjoy the silence”. Era ir a bailar y esperar el momento de “Enjoy the Silence” porque nunca te cansabas. Era el “Billie Jean” de la gente con ganas de bailar pero no tan alegre. La adolescencia puede ser una etapa de fiesta o de melancolía, y yo estaba más en esa parte, por eso siempre mi amor por Depeche Mode.

Norberto “Ruso” Verea (Periodista, conductor): Nunca fui un gran fan de Depeche Mode, pero hay una anécdota que sirve para dimensionar su impacto en tantas direcciones. Yo había viajado a México para ver los shows de Metallica antes de que viniese por primera vez a la Argentina en el año 93. Metallica tocaba en un estadio cerrado para 25 mil personas. Era ese show con el nido de serpientes adelante del escenario, con Lars Ullrich tocando con dos baterías, con una parafernalia descomunal. Era todavía la presentación del Álbum Negro, a dos años de su lanzamiento. En todo ese contexto, Metallica viene a la Argentina, toca dos días en Vélez y fue toda una gran locura a su alrededor. Yo estaba en pleno apogeo con Heavy Rock & Pop y nos invitaron después del último concierto al Sheraton, donde iba a haber una fiesta privada. Locura: una fiesta privada con los Metallica. Llegamos al hotel, subimos y pudimos entrar. Al rato cayeron ellos, saludaron, y cada uno siguió en su historia. El tema es que la gran mayoría de la noche sonó música chill out, muy específica, muy buena; no música pelotuda, pasatista, de sala de espera de odontólogo. Y entre las muchas cosas que más sonaron, ahí estaba Depeche Mode, que se repetía y repetía. La banda más grande del mundo elegía a Depeche para celebrar en su fiesta.

Diego Poso (Gerente de programación de La 100 FM): Recuerdo que en 1982 un conocido noruego me obsequió un casete: en él había temas de Soft Cell, OMD, The Human League, New Order y “Leave in Silence” de Depeche. Ese TDK lleno de canciones difíciles de entender para mis catorce años se convirtió en parte fundamental en mi vida. Algunos años después recuerdo comprar el vinilo de Some Great Reward. Pasé horas admirando su arte de tapa y escuchándolo. Viví paso a paso la carrera de Depeche Mode. Su oscura emoción bailable en algunos casos y su vuelo de ángeles negros en nuestro cielo. Desde el día uno sucumbí ante esa ambivalencia filosa y tecnológica, pero con tendencia a la profunda melancolía e introspección: ir de “Master And Servant” o “People Are People” a “Somebody” o “Blasphemous Rumours” sin cinturón de seguridad. Los años me hicieron amar aún más su lado más oscuro. Y si bien festejo todas sus aristas, el tiempo me dejó de ese lado. Estos años de banda decididamente oscura y profunda nos dicen que han sabido desafiarlo todo. Hacer del caos un paraíso. Tuve la fortuna de verlos por aquí y por allá. Alguna vez viajé catorce horas para verlos en uno de los estadios más emblemáticos del mundo. Al aterrizar el periódico anunciaba la cancelación del show. Me quedé los días que tenía previsto pero la sensación de frustración era aún mayor que la contundente belleza de la ciudad. Sentí que la salud de Dave nos ganaba a todos. Algunos años después volví a la misma ciudad, aunque a otro estadio. Los había visto ya varias veces, pero en su casa pasaba algo que me es difícil de explicar. Pedí que el orgullo argento no me traicione y acepté con hidalguía que eran enormes profetas en su tierra. Al dejar la arena, me llevé la sensación de haber vivido una noche histórica. Una de esas que se guardan para siempre en este corazón melómano.