29/11/2018

La ciencia explica por qué Mick Jagger tiene mujeres cada vez más jóvenes

Leé un capítulo de "Los Rolling Stones y la ciencia", de Ernesto Blanco.

Mick Jagger

¿Por qué un científico uruguayo que hizo una maestría en física de partículas y luego un doctorado en temas de biomecánica en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República aparece en Silencio? ¿Y qué tiene que ver Mick Jagger en todo esto? Sucede que Ernesto Blanco relaciona las investigaciones de sus colegas con hechos de la historia de artistas como manera de divulgar el conocimiento. Así lo hizo en Los Beatles y la ciencia (2015), y ahora reincide con Los Rolling Stones y la ciencia – ¡No es sólo rock and roll!.

En el libro, publicado en la colección Ciencia Que Ladra, dirigida por Diego Golombek, Blanco analiza temas como “el club de los 27” o los labios de Jagger, siempre con basamento científico mezclado con cultura rolinga. Por gentileza de Editorial Siglo Veintiuno, aquí se reproduce el capítulo “No siempre puedes conseguir lo que quieres”, en el que el autor se mete con las vidas amorosas de los Rolling Stones.

La vi hoy en la recepción
En su vaso había un hombre que sangraba Era una experta en el arte del engaño
Bueno, lo noté por sus manos ensangrentadas

No siempre puedes conseguir lo que quieres No siempre puedes conseguir lo que quieres No siempre puedes conseguir lo que quieres Pero si lo intentas, algunas veces
Podrías encontrarlo Consigues lo que necesitas.

“You Can’t Always Get What You Want”, Let It Bleed (1969)

Los Rolling Stones han tenido una increíble vigencia en cuanto a su carrera musical y son claros referentes para varias generaciones de músicos. Pero sus vidas amorosas, por ejemplo, también han dado mucho de qué hablar. Bill Wyman, bajista de la banda hasta comienzos de los noventa, generó un significativo escándalo mediático al casarse en 1989 con Mandy Smith, de 18 años; en ese entonces Bill tenía 52. El matrimonio duró apenas un par de años, pero el escándalo se agravó por la presunción de que la relación había comenzado varios años antes. Al respecto ha habido diversas declaraciones en un sentido y otro por parte de ambos protagonistas, incluso hasta bien entrada la década de 2010. Para darle un giro argumental aún más delirante a la historia, Stephen, el hijo de Bill, se casó a los 27 años con la madre de Mandy. ¡La suegra de Bill terminó siendo su nuera!

Sin llegar a los extremos especialmente delicados de Wyman, los otros Stones también tienen cosas para contar. Mick Jagger se casó dos veces y tuvo, además, algunas relaciones de pareja muy significativas. Su primera esposa, Bianca Pérez-Mora Macias, de origen nicaragüense, era dos años menor que Jagger y se casaron cuando él tenía 27 años. Su segunda esposa, Jerry Hall, era trece años menor que Mick y se casaron cuando él tenía 47 años. A partir de 2001, a sus 58 años, Mick comenzó una relación con la diseñadora de modas L’Wren Scott, veintiún años menor que él. Luego de la trágica muerte de L’Wren en 2014, Jagger –ya con unos 71 años– empezó una relación con la bailarina de ballet Melanie Hamrick, cuarenta y tres años menor que él. En diciembre de 2016, a sus 73, Mick fue padre por octava vez. De estos números se desprende que, al aumentar la edad de Mick, también se incrementa la diferencia con sus nuevas parejas, que son de 2, 13, 21 y 43 años. Los gustos de Mick respecto a la edad de sus parejas no cambian al mismo ritmo que su propia edad. Por otro lado parece claro que si eligiera parejas de su edad no habría tenido tantos hijos.

Keith Richards ha tenido una vida menos agitada en este sentido, pero se observa un patrón similar. Sus parejas oficiales fueron Anita Pallenberg, un año mayor que él, con quien comenzó una relación en 1967 a la edad de 24 años, y Patti Hansen, trece años menor que él, con quien se casó a los 40 años (una edad y una diferencia de edades similares a las que había entre Mick y Jerry Hall). Hasta el momento Keith tuvo cinco hijos y continúa con Patti.

Otro caso llamativo es el de Ron Wood, quien tuvo varias parejas con gran diferencia de edad. Un ejemplo es el de Katia Ivanova que tenía unos 21 años (o tal vez alguno menos) al momento de conocerlo en 2008, cuando él tenía 59 años. Otro caso es el de Sally Humphreys con quien Ron se casó en 2012: ella tenía unos 34 años y él, 63; la pareja tuvo mellizos en mayo de 2016, poco antes del cumpleaños número 69 de Ron. En total tiene hasta ahora seis hijos reconocidos.

Si consideramos que la fertilidad femenina disminuye paulatinamente a partir de los 20 años, es baja a los 40 y casi nula a los 50, la elección de parejas de menor edad les ha posibilitado a nuestros protagonistas tener más hijos que si hubieran elegido mujeres de su misma edad luego de las cuatro o cinco décadas de vida. Desde un estricto punto de vista evolutivo, podemos decir que aumentaron su descendencia. Por lo tanto conductas similares podrían haber sido seleccionadas evolutivamente entre los machos de la especie humana.

Precisamente estas ideas fueron consideradas desde el punto de vista científico por varios investigadores y se realizaron estudios de las preferencias de hombres y mujeres en cuanto a la edad de sus parejas en distintos tipos de relación. Se ve entonces que los Rolling Stones no son ninguna excepción (salvo Charlie Watts, de quien hablaremos luego) y que la preferencia masculina por mujeres más jóvenes es frecuente, al menos dentro de los grupos estudiados. Esto puede deberse a que cualquier preferencia innata que lleve a un aumento en el número de descendencia debería ser favorecida por la selección natural. Parece razonable, entonces, que las preferencias masculinas estén relacionadas con la edad aparente como signo asociado con la fertilidad.

En su libro La evolución del deseo, el psicólogo evolutivo David Buss menciona algunas investigaciones al respecto. En un estudio intercultural sobre la elección de pareja que abarcó unas 37 culturas, se observó que los hombres en su segunda década prefieren parejas que en término medio tienen dos años y medio menos que ellos, casualmente una diferencia muy cercana a la que Mick tenía con su primera esposa. En casi todas esas culturas las mujeres tendían a su vez a preferir hombres de mayor edad que la suya. Por otro lado, a partir de estudios realizados en la década de 1990 sobre anuncios de citas, y a partir también del análisis de las diferencias de edad entre los integrantes de los matrimonios, se observa que los hombres, al envejecer, prefieren mujeres cada vez más jóvenes. Estos estudios se basan principalmente en datos de los Estados Unidos y Europa y muestran que los hombres de 30 años prefieren mujeres unos cinco años menores y los de 50 años, entre veinte y treinta años menores que ellos.

Pero esto no parece ser exclusivamente un fenómeno de la actual cultura global en que la publicidad alienta una valoración de la juventud femenina. Un estudio de los datos de matrimonios entre 1913 y 1939 en la Isla de Poro, situada a unos 500 km al sureste de Manila y cuyos habitantes no habían tenido prácticamente contacto con europeos y americanos en esos años, muestra algo similar. Allí los hombres jóvenes se casaban con mujeres de una edad parecida a la suya, mientras que los veteranos se casaban con mujeres mucho más jóvenes que ellos, hasta una diferencia de edad típica de más de veinte años para hombres en su sexta década de vida. Este es un argumento importante a favor de que pueda existir una base biológica en estas tendencias, aunque, por supuesto, la cultura siempre hace lo suyo.

En particular, la cultura determina formas de relacionamiento entre las parejas (por ejemplo, el matrimonio, con sus reglas específicas) y también el grado de aceptación que ciertas conductas tienen en el resto de la población. Un estudio posterior realizado sobre la población de la ciudad de Groningen, en Holanda, intentó hilar más fino sobre el significado de estas preferencias masculinas. Se intentó ver si la preferencia de edad cambiaba al considerar distintas formas de relacionamiento entre los hombres y las mujeres. Estas distintas formas contemplaban tanto el matrimonio, como una relación de pareja, el enamoramiento, una aventura ocasional e incluso una fantasía sexual sin contacto real.

En el caso de las mujeres, el patrón general es muy simple: prefieren hombres de aproximadamente su misma edad o un poco mayores sin importar la edad que ellas tengan. Las mujeres de mayor edad, salvo excepciones, no muestran una preferencia marcada por hombres más jóvenes, aun si consideramos encuentros ocasionales o fantasías sexuales.

Como ya vimos, las cosas son bien distintas con los hombres: a medida que su edad aumenta, prefieren parejas cada vez más jóvenes. Pero, además, se observa que para relaciones ocasionales y fantasías los hombres prefieren mujeres aún menores que para relaciones a largo plazo. Los autores del estudio especulan con que, al pensar en relaciones duraderas, los hombres eligen mujeres más próximas a su edad no porque lo deseen, sino porque la competencia con ejemplares más jóvenes pone una restricción a su habilidad de convertir sus deseos en realidad. Como dijo el famoso doctor House, citando al no menos famoso Jagger: “No siempre puedes conseguir lo que quieres”. Esta máxima también aplica a las preferencias femeninas (en este caso de las holandesas), que no se ajustan a los deseos masculinos: ellas prefieren hombres algo mayores, aunque cercanos a su edad, y esto no cambia al envejecer.

Otro estudio más reciente que muestra cómo en la evolución no siempre puedes conseguir lo que quieres fue realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Turku, a partir del análisis de datos demográficos (registros detallados de bautismos, casamientos y fallecimientos) de los sami del norte de Finlandia entre los siglos XVII y XIX [Samuli Helle y otros (2008), “Marrying women 15 years younger maximized men’s evolutionary fitness in historical Sami”, Biology Letters, nº 4, pp. 75-77].  Ese pueblo practicaba el pastoreo de renos, la pesca y la caza para sobrevivir. No ejercían mecanismos de control de natalidad, por lo que su modo de vida se aproxima bastante a las condiciones naturales en nuestra especie hace varios miles de años. Eran monógamos en su mayoría y los pocos casos de personas que volvían a casarse a lo largo de su vida fueron excluidos del estudio (Mick, Keith y Ron quedarían fuera). El grupo de investigadores liderado por Samuli Helle se planteó analizar qué diferencia de edad entre las parejas les daba la mayor probabilidad de dejar una descendencia numerosa. Esa diferencia debería determinar las preferencias masculinas y femeninas, en caso de que estas estuvieran marcadas por los requerimientos de la evolución. En este estudio encontraron que la diferencia de edad entre parejas que maximizaba su descendencia era de unos quince años, siendo el hombre mayor que la mujer. La fecundidad predicha para las parejas con esa diferencia de edad es de alrededor de seis o siete hijos. Pero lo curioso es que pocas personas, sólo el 10% de las parejas, tenían una diferencia de edad cercana a la óptima. ¿Por qué no elegían con más frecuencia una pareja con esa diferencia de edad, si eso es lo óptimo desde el punto de vista evolutivo? Será porque no siempre puedes conseguir lo que quieres… o tal vez porque la biología no alcanza para explicar por completo este asunto.

Probablemente, como sugieren los autores del estudio, quienes eran considerados buenos partidos matrimoniales accedieran a la posibilidad de elegir con mayor libertad (como los Stones). También existen algunas cuestiones culturales relacionadas con prácticas matrimoniales y otras cuestiones ecológicas, como la disponibilidad de parejas de la edad adecuada, y de recursos que podrían dificultar que la gente hiciera lo que la evolución los inclinaba a querer. Podría tratarse de un ejemplo de conflicto entre el interés biológico y el cultural, algo que no debería preocupar a un Rolling Stone.

En nuestra cultura parece haber un juicio negativo respecto de relaciones con gran diferencia de edad (salvo que uno sea Ron Wood, y aun así en el barrio comentan). Un argumento posible para este prejuicio podría ser que relaciones de este tipo están destinadas al fracaso. En el caso específico de los matrimonios (relación importante entre personas, pero no la única posible) se ha explorado cómo su duración depende de la diferencia de edad de los cónyuges en el caso de parejas heterosexuales. Sin embargo, los resultados obtenidos han sido controversiales y es probable que el asunto dependa de la sociedad en que ocurre.

Un estudio bastante detallado a partir de datos de Inglaterra y Gales entre 1963 y 2005 (plena era de los Rolling Stones) muestra que puede haber cierta asociación entre el riesgo de separación y la diferencia de edad, pero que dicha correlación es pequeña. La señal estadística más clara es que puede haber una influencia negativa de la diferencia de edad [Si consideramos negativo el divorcio, lo que podría ser otro valor cultural] para quienes se casan después de los 30 y son mayores que su esposa en más de diez años. Este efecto es más marcado en quienes se casaron en las primeras décadas del estudio, fundamentalmente en los años sesenta. Tal vez esto se deba al efecto de los prejuicios sociales, que pueden haber ido cambiando con el tiempo en parte gracias a casos aceptados socialmente como el de los propios Stones.

Por último debemos decir que hay un curioso beneficio (para algunos) en este tipo de matrimonios con gran diferencia de edad y que tal vez explique, en parte, la saludable longevidad de los Rolling. Un estudio realizado por Sven Drefahl, del Instituto Max Planck de Investigaciones Demográficas en Alemania sugiere que la expectativa de vida de un hombre aumenta según la diferencia de edad con su esposa [Sven Drefahl (2010), “How does the age gap between partners affect their survival?”, Demography, vol. 47, nº 2, pp. 313-326]. Es decir que cuanto más joven sea la esposa, mayor es la probabilidad de que el hombre tenga una larga vida. El riesgo de mortalidad de un hombre casado con una mujer entre siete y nueve años menor que él es un 11% menor que el de un hombre casado con una mujer de su misma edad. Parece que tenemos una pista del secreto de la longevidad de Mick. También es posible que la tendencia estadística no sea causal y se deba a que los hombres que se casan con mujeres mucho más jóvenes ya tienen una mejor salud que se manifiesta en la posibilidad de esa elección.

Pero ¿qué pasa con las mujeres? Resulta que una mujer casada con un hombre entre siete y nueve años mayor que ella tiene un riesgo de mortalidad 20% mayor que una mujer casada con un hombre de su misma edad. Ese matrimonio con mucha diferencia de edad no parece un trato justo, al menos en lo que a expectativa de vida se refiere: el hombre la aumentará pero a expensas de la mujer. ¿Y qué pasa con las mujeres que se casan con hombres más jóvenes? En ese caso tampoco el trato es justo: estas mujeres no tienen el beneficio de una mayor sobrevida, de hecho aumenta su riesgo de mortalidad en comparación con aquellas que se casan con alguien de su misma edad (que parece lo óptimo para las mujeres desde este punto de vista). ¿Cuáles podrían ser las razones de estas diferencias?

Sven Drefahl considera que esto puede deberse a que los hombres en general tienden a estar más solos. Según este autor, los contactos sociales de los hombres son me- nos y de menor calidad que los de las mujeres. Por lo tanto, un esposo más joven no sería de tanta ayuda como una esposa joven para cuidar a su pareja y hacer actividades que contribuyan a extender la vida (salir a caminar, hacer actividad física y disfrutar la vida juntos, entre otras sugeridas en el estudio), porque las mujeres generalmente ya tienen con quién hacer esas cosas. Un hombre veterano suele depender más de una relación de pareja para tener ese apoyo.

Pero entonces ¿por qué un esposo más joven debería reducir la expectativa de vida de una mujer? Sugiere Drefahl que es posible que las parejas heterosexuales con un marido más joven sufran algún tipo de sanción social. Esas parejas pueden recibir menos apoyo social y tener una vida más estresante, que aumente el riesgo de mortalidad. En cualquier caso, antes de empezar a pensar en deshacerse de su cónyuge por miedo a que su expectativa de vida se acorte, debemos recordar que los integrantes de parejas heterosexuales casadas tienen una mayor expectativa de vida que las personas solteras en similares condiciones. Este efecto es mayor en las mujeres, lo que termina siendo una suerte de compensación por los efectos negativos que mencionamos antes. Aun así, si la juventud de la mujer es un elemento de atractivo, es de esperar que ellas intenten aparentarla. Esto es algo común en muchas especies animales en las que actúa la selección sexual a la hora de elegir pareja: ciertas características seleccionadas se ven reforzadas. “El arte del engaño”, en el que la protagonista de la canción que da nombre a este capítulo tiene mucha práctica [“She was practiced at the art of deception”], puede ser parte de la comunicación sexual en el mundo animal. Tal vez ese sea el motivo por el que se han desarrollado métodos para aparentar una edad diferente a la real. El disimular el envejecimiento de la piel con maquillaje, el uso del color rojo en los labios, y por supuesto, ciertas cirugías estéticas pueden modificar la edad percibida por otras personas. Algunos experimentos en psicología muestran que los colores claros en el pelo de una mujer hacen que la edad estimada para esa persona sea menor que si fuera oscuro. Tal vez este sea uno de los motivos de la popularidad de las rubias artificiales. Desde luego, hay una serie de construcciones culturales que pueden incidir en esto, aunque también la biología parece influir en nuestras elecciones al respecto.

En cualquier caso debemos recordar que todo lo mencionado hasta aquí son estudios estadísticos y que las preferencias de hombres y mujeres pueden ser muy variadas y por su- puesto no se limitan al matrimonio ni a la heterosexualidad. No vale la pena preocuparse si no se luce lo suficientemente joven o viejo, siempre puede haber alguien que prefiera algo diferente. Esa es la esencia de la diversidad biológica y cultural. En ese sentido Charlie Watts es un ejemplo muy ilustrativo, una interesante excepción que muestra el valor de la individualidad: el baterista de los Stones se casó a los 23 años, en los inicios del éxito de la banda, con Shirley Ann Shepherd, una mujer tres años mayor que él, con la que tuvo una única hija. Y siguen juntos.

Ciertamente en la evolución “you can’t always get what you want”; estamos hechos para el intento, no para el éxito. Nuestros deseos han sido moldeados durante milenios para empujarnos en la dirección que maximiza nuestras probabilidades de sobrevivir y dejar descendencia, pero no para lograr la victoria absoluta. Los deseos son un motor que nunca se apaga. Lo que queremos siempre le queda grande a nuestra realidad. Pero como sugiere la canción, si se intenta lo suficiente, tal vez por fin consigamos lo que necesitamos en la vida y en la evolución. Tal vez una excepción puedan ser personas en posiciones socialmente privilegiadas como los Rolling Stones, que terminan logrando lo que quieren en aspectos como la selección de pareja. Pero aun ellos dicen que eso no siempre se consigue. Y la letra de “Satisfaction” sugiere que conformar los deseos puede ser muy difícil, incluso para Mick, Keith y sus compañeros. El dolor y la insatisfacción parecen ser la contracara de la búsqueda de la realización de los deseos.